El reino del sur de Israel —llamado Yehudá— duró casi 134 años más que el reino del norte. Esto se debió en gran medida a que no era tan inestable ni estaba tan corrompido por la idolatría.

En el norte había un rey cada un promedio de doce años, mientras que en el sur el reinado promedio duraba alrededor del doble.

A diferencia de los reyes del reino del norte, algunos de los reyes del reino del sur eran muy rectos. Y si hubo un rey que se destacó del resto fue Jizkiahu (que, a propósito, se casó con la hija del profeta Yeshayahu). Fue el decimocuarto rey después del Rey David, y reinó desde el año 590 hasta el 561 AEC. El Tanaj dice sobre él:

Él hizo lo recto ante los ojos de Hashem, como todo lo que había hecho David su padre… Él confió en Hashem, Dios de Israel. Después de él no hubo otro como él entre todos los reyes de Yehudá, ni tampoco entre los que estuvieron antes que él. (Reyes 2 18:3-5).

Eso sí que es una alabanza.

Fue durante el gobierno de Jizkiahu que el reino del norte fue destruido por los asirios y que las diez tribus fueron exiliadas, por lo que Jizkiahu fortificó Jerusalem anticipando la invasión asiria a Israel. Y parte de su trabajo puede ser visto hoy en día.

Fortificación de Jerusalem

En la época de Jizkiahu, la ciudad de Jerusalem ya no estaba confinada a la "ciudad de David" original. Una considerable cantidad de la población vivía en un vecindario nuevo, al oeste del Monte del Templo. Pero esta parte de la ciudad era vulnerable, por lo que Jizkiahu la circundó con un muro, el cual ha sido excavado por los arqueólogos y actualmente puede ser visto, se le conoce como el “Muro Ancho”.

Otra cosa que hizo Jizkiahu fue ampliar el sistema de aprovisionamiento de agua de la ciudad (que, como vimos en la parte 18, depende del manantial Guijón, el cual se encuentra fuera de las paredes de la ciudad). Para hacerlo, Jizkiahu organizó dos equipos de excavadores para que realizasen un túnel desde Guijón hasta una reserva dentro de la ciudad. Un equipo comenzó de un lado, el otro del otro, y se encontraron en algún punto intermedio. Considerando la limitada tecnología de la época, el túnel que cavaron es un asombroso trabajo de 533 metros de largo.

Actualmente puedes ir al barrio árabe de Silwan, ubicado justo afuera de las paredes de la Ciudad Vieja de Jerusalem, y caminar por este túnel (el agua ahora sólo llega a las rodillas), y puedes ver las marcas de las herramientas de los antiguos excavadores. También puedes ver el lugar en que se unen los dos grupos de marcas. En ese lugar había una placa antigua, pero desafortunadamente fue quitada por los otomanos cuando conquistaron Israel y ahora está en un museo en Estambul, Turquía.

La ciudad logró ser fortificada justo a tiempo antes de que los asirios, liderados por Sanjerib, pusiesen a la ciudad en estado de sitio. Esto ocurrió en el año 547 AEC.

Mencionamos antes (en la parte 21) que muchos de los tesoros del Medio Oriente están actualmente en el Museo Británico de Londres. Uno de esos ítems es un prisma de arcilla de seis lados que describe la campaña militar de Sanjerib. Una inscripción en la tableta lee: "Jizkiahu, rey de Yehudá, yo encierro a Jerusalem como un pájaro en una jaula". Es notorio que la descripción de la caída de Jerusalem está ausente, lo cual se debe a que ésta efectivamente no cayó.

El Tanaj nos cuenta lo que pasó.

El poderoso ejército asirio asedió la ciudad y las cosas se veían bastante mal, pero el profeta Yeshayahu le aseguró al pueblo que la ciudad no caería. Fiel a la predicción de Yeshayahu, una plaga golpeó el campo asirio y su ejército fue diezmado de un día a otro.

Sanjerib empacó y volvió a su hogar en Asiria, donde posteriormente fue asesinado por sus hijos.

Se puede entender que Sanjerib, el violento emperador de Asiria, tuviese hijos malvados. Pero desafortunadamente, el buen rey Jizkiahu no tuvo mucha mejor suerte respecto a sus descendientes.

Mala semilla

Menashé, el hijo de Jizkiahu, asumió el trono después de la muerte de su padre. Menashé tenía tanto de malvado como su padre tenía de bueno. Sobre él cuenta el Tanaj:

Hizo lo malo ante los ojos de Hashem… erigió altares al Báal… Hizo pasar a su hijo por fuego, practicó la astrología y leyó presagios, practicó la nigromancia y conjuró espíritus. Aumentó en hacer el mal ante los ojos de Hashem, para provocar su enojo" (Reyes 2, 21:2-6).

Menashé era tan malo que incluso hizo que el profeta Yeshayahu —su propio abuelo— fuese asesinado. La culpa de la caída final de Jerusalem se le adjudica, en gran parte, al malvado comportamiento de Menashé.

Por cuanto que Menashé, rey de Yehudá, ha cometido estas abominaciones… e hizo incluso pecar a Yehudá con sus ídolos… limpiaré a Jerusalem al igual que uno limpia un plato de manera exhaustiva, y luego lo vuelve cara abajo (Reyes 2, 21:11-14).

No es por tanto ninguna sorpresa que el reino sufriese un decline espiritual durante su gobierno.

El rey siguiente, Amón, era tan malo como Menashé. Pero luego vino Ioshiyahu, quien realmente amaba a Dios y quien llevó a cabo una ola de impresionantes reformas religiosas. Desafortunadamente cuando murió esas reformas murieron con él y el declive espiritual continuó.

(Hay una tradición que dice que Ioshiahu anticipó esto y sabía que el reino del sur pronto sería invadido y caería al igual que el del norte, por lo que decidió esconder el Arca del Pacto para que no cayese en manos enemigas. En entregas futuras discutiremos dónde puede estar hoy). (1)

Mientras tanto, el imperio asirio —que había sido una gran amenaza para Israel— fue invadido por una nueva potencia mundial, llamada Babilonia. Y fueron los babilonios quienes invadieron a continuación Israel.

Los babilonios

Los babilonios marcharon hacia Yehudá como parte de su campaña de conquista del ex imperio asirio. Esto ocurrió en el año 434 AEC (u once años antes de la destrucción del Templo).

El objetivo babilonio era imponer su reinado y convertir a lo que quedaba de Israel en una colonia. En esto fueron muy exitosos: saquearon Jerusalem y se llevaron en cautiverio a 10.000 de los mejores y más brillantes judíos. También removieron al rey, Iehoiakim, y lo llevaron a Babilonia.

En su momento, el exilio de estas 10.000 personas pareció un desastre terrible. Pero resultó no serlo tanto; de hecho, como veremos más adelante, resultó ser una bendición camuflada.

Los babilonios designaron su propio rey fantoche de entre los judíos: Sedequías. Esto resultó ser un gran error porque, si bien Sedequías era un gobernante débil, también era sumamente ambicioso y eventualmente decidió rebelarse en contra de sus señores feudales babilonios. Apenas lo hizo, Nabucodonosor, el emperador Babilonio, ordeno que Jerusalem fuese sitiada.

No te equivoques. Esto no ocurrió porque los judíos se rebelaron en contra de Babilonia; ocurrió porque Israel se rebeló en contra de Dios. Cuando los judíos tienen una buena relación con Dios —como en los días del rey Jizkiahu— son invencibles. En ocasiones ni siquiera necesitan pelear, como cuando Dios envía una plaga para eliminar a sus enemigos. Pero si traicionan a Dios, no importa cuán poderoso sea el ejército israelí, no resistirán ante el enemigo.

Pero como siempre, Dios les dio a los judíos mucho tiempo para enmendar sus caminos mientras los babilonios realizaban el sitio de Jerusalem. El profeta Jeremías le pidió a todos que se arrepintiesen, pero su mensaje —que repitió incansablemente durante 40 años— fue desatendido. En vez de eso, ¡fue golpeado y arrojado a la prisión!

Años antes, Jeremías había escrito el Libro de las Lamentaciones, el cual predijo con gran detalle la destrucción del Templo de Jerusalem, pero el rey en ese momento (Iehoiakim) había impedido que el rollo fuera leído en público. (2)

Hoy leemos el Libro de las Lamentaciones todos los años en el 9 de av, el horrible día en que estas predicciones se hicieron realidad.

Esta es la fecha judía que continúa existiendo infamemente. El 9 de av (Tishá B’Av) es el día catastrófico en la historia judía en el cual los espías enviados por Moshé espiaron la tierra de Israel y volvieron aconsejándoles a los israelitas no entrar, causando que Dios destinase a esa generación a 40 años de vagar por el desierto. En ese mismo día fue destruido el Primer Templo por los babilonios, y el Segundo Templo a manos de los romanos. En esa misma fecha, los judíos de España recibieron un ultimátum por la Inquisición —váyanse, conviértanse o mueran, y también comenzó la Primera Guerra Mundial— el preludio del Holocausto. Esas son algunas de entre muchas otras calamidades que le ocurrieron al pueblo judío el 9 de Av.

El sitio a Jerusalem

El sitio duró dos años. Hay clara evidencia arqueológica de este evento, la cual puedes ver por ti mismo en la Ciudad Vieja de Jerusalem.

Cerca del “Muro Ancho” de Jizkiahu puedes visitar el Museo Torre Israelí. Está a unos 20 metros bajo tierra, y allí puedes ver los restos de una puerta de tres metros en el muro defensivo norte de la ciudad (los arqueólogos la llaman la "Puerta E"). En este lugar, los arqueólogos que excavaron a principios de la década del 70 encontraron evidencia clara del sitio babilonio.

Entre las cosas que encontraron estaban las puntas de flecha de los israelitas y de los babilonios. ¿Cómo supieron? Porque las puntas de flecha tenían nombres grabados, ya que en los tiempos antiguos eran muy valiosas. También encontraron una capa de tierra carbonizada, atestiguando la quema de la ciudad, tal cual es relatado en el Libro de Reyes (ver Reyes 2, 25:9). Otra evidencia fascinante fue encontrada en el área "G" de la Ciudad de David, incluyendo un sello inscrito con el nombre de Guemaria hijo de Shafán, un escriba mencionado en el libro de Jeremías (ver Jeremías 36:10).

Después de dos años de sitio, los judíos no pudieron resistir más. Habían sido obligados a pasar hambre hasta la sumisión.

La lengua del infante, por la sed, se pega a su paladar; los niños piden pan y nadie se los da. Los que solían comer manjares delicados vagan desolados por las calles. Los que fueron criados en ropas color carmesí se revuelcan en basura… Su apariencia se ha vuelto más negra que el hollín, no son reconocidos en las calles, su piel se ha marchitado sobre sus huesos, se tornó tan seca como la madera… Las manos de las mujeres compasivas han hervido a sus propios hijos; se convirtieron en su comida cuando la hija de mi pueblo fue destruida… (Lamentaciones 4:4-5, 8-10).

El día 9 de tevet, los babilonios traspasaron las paredes de la ciudad. Entraron a montones y realizaron un asesinato masivo. Un mes después, el Monte del Templo cayó en sus manos.

Durante el caos, Sedequías trató de huir al Mar Muerto a través de un túnel secreto que llevaba hacia afuera de Jerusalem. Pero fue atrapado de una manera muy interesante.

De acuerdo a un Midrash citado por Rashi, Nebuzardan, el capitán del ejército de Nabucodonosor, estaba en las afueras de Jerusalem cazando mientras sus hombres saqueaban la ciudad. En un momento vio un venado y trató de seguirlo; el venado pasó casualmente por sobre el túnel (ésta, por supuesto, es la forma de Dios de asegurar que Sedequías no escapase del castigo). Cuando Sedequías salió del túnel vio al venado, detrás del cual estaba parado Nebuzardan. Así es como fue atrapado.

Sedequías encontró un final horrible, al igual que el resto de los israelitas, como relata el Tanaj:

Y ellos… sacaron los ojos de Sedequías, lo ataron con cadenas de bronce y lo llevaron a Babilonia. Y en el quinto mes, en el séptimo día del mes, que es el decimonoveno año del Rey Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino Nebuzardan, jefe de los guardias (reales) siervo del rey de Babilonia, a Jerusalem. Quemó la casa de Hashem, la casa del rey, todas las casas de Jerusalem y toda casa de hombre grande quemó con fuego (Reyes 2, 25:7-9).

Con la destrucción del Templo —el 9 de Av del año 422 AEC— la conexión especial que el pueblo judío tenía con Dios fue cercenada. Al igual que con la caída de Israel en el norte, la causa superficial de la destrucción de Jerusalem fue una revuelta, esta vez contra Babilonia, pero la Torá deja en claro que la causa real fue el comportamiento inmoral de los judíos. (3)

Fue entonces que todo se derrumbó. Además de la horrenda destrucción física, hubo también una enorme caída espiritual y moral del pueblo judío.

Pese a que antes los babilonios habían estado satisfechos convirtiendo a Israel en una colonia, esta vez su castigo fue mucho peor. Decidieron aplicar la política asiria del exilio y expulsar a todos los judíos de la Tierra Prometida.


1) Ver: Talmud, Iomá 52b, para una descripción de Ioshiahu escondiendo el Arca. 
2) Jeremías 36.
3) Ver: Talmud Iomá 9b.