El gran imperio de Alejandro Magno no sobrevivió más allá de su muerte —en el año 323 AEC— y terminó fragmentándose en tres grandes bloques, los cuales se encontraban centralizados en Grecia, Egipto y Siria, y eran controlados por sus antiguos generales. Estos tres imperios más pequeños eran conocidos como:

  • Seléucidas, o Sirio Griegos.

  • Ptolomeos, o Egipcio Griegos.

  • Macedonios, o griegos propiamente tales, incluyendo las ciudades-estado independientes de Atenas, Esparta, etc.

En un principio Israel cayó bajo el dominio de los ptolomeos de Egipto, que por lo general eran abiertos y liberales ya que mantenían el espíritu de su capital Alejandría, que era el centro cultural mundial.

Pero esto cambió en el año 198 AEC, después de la Batalla de Panio (o Banias-Tel Dan, en el norte de Israel), luego de la cual los seléucidas, que eran liderados por el Rey Antíoco III, les quitaron a los ptolomeos el control sobre Israel.

Sin embargo, en ese entonces la situación era sumamente inestable ya que el siguiente rey seléucida, Antíoco IV Epífanes, se encontraba bajo mucha presión al tener que contener a los ptolomeos y al tener que, además, preocuparse por el ascendiente poder de Roma.

Entonces, decidió que el punto más débil en su defensa era Israel, la cual estaba rodeada por (1) Egipto y por el Mar Mediterráneo (por donde podían llegar los romanos), y lo que encontraba más preocupante era que la mayoría de los judíos no habían adoptado la cultura griega; por lo tanto, se propuso remediar dicha situación.

Cuando los mundos colisionan

Unos años antes, cuando los griegos —que habían conquistado todo el mundo conocido— conocieron a los judíos, quedaron sorprendidos; nunca antes se habían encontrado con un pueblo como ese. Por el lado positivo, los aspectos intelectual, espiritual y legal del judaísmo eran absolutamente únicos, y los filósofos griegos indudablemente los consideraban fascinantes.

Los judíos eran demasiado diferentes a todos los demás pueblos con los que se habían encontrado anteriormente. Eran los únicos monoteístas del mundo y tenían una perspectiva completamente diferente a la de los demás: que todo lo que existe ha sido creado y es sustentado por un Dios infinito, invisible y que se preocupa de la gente. Esta idea —particularmente que este Ser perfecto se ocupe de las vidas de seres mortales e imperfectos— les resultaba completamente incomprensible a los griegos. El historiador griego Hecateo (360-290 AEC) describe el monoteísmo del Templo judío en Jerusalem:

Allí no hay ninguna imagen, estatua ni votivo; no hay nada plantado, no hay un bosque ni nada por el estilo. Los sacerdotes permanecen tanto de día como de noche, desarrollando ciertos ritos de purificación, y no beben ni siquiera una gota de vino mientras están en el templo.

Además de eso, los griegos no podían entender la perspectiva judía sobre la Torá. Era un libro antiguo, que los judíos afirmaban haber recibido de Dios, y que contenía extrañas enseñanzas para llevar una vida de paz, hermandad, responsabilidad social y respeto por la vida, los cuales eran valores muy lejanos a los ideales griegos.

En conclusión, los griegos no sabían qué hacer con los judíos.

Los judíos también estaban confundidos. Los griegos eran personas que valoraban la educación y las búsquedas intelectuales, algo que los judíos también valoraban y admiraban. Los griegos hablaban un lenguaje hermoso, que los judíos apreciaban mucho (El Talmud dice que el griego antiguo es el lenguaje más hermoso del mundo, y es el único lenguaje —además del hebreo— en el cual se puede escribir un rollo de Torá casher) (2).

De hecho, la Torá fue rápidamente traducida al griego (en el tercer siglo AEC) por Ptolomeo III, la cual fue la primera traducción de este tipo en la historia judía. Esta traducción fue llamada la "Septuaginta", por los 70 rabinos que la hicieron.

Ocurrió que el Rey Ptolomeo reunió setenta y dos sabios y los ubicó en setenta y dos casas, sin decirles por qué los había llevado. Fue a cada uno de ellos y les dijo: "Traduce para mí [a griego] la Torá de tu maestro Moisés" (3).

(Esta traducción es considerada un desastre nacional para el pueblo judío. En manos del mundo no judío, la entonces accesible Torá Hebrea sería usada a menudo en contra de los judíos y sería intencionadamente mal traducida. La mayoría de las biblias cristianas de hoy en día derivan de la traducción griega, la cual luego fue traducida al latín —el lenguaje del Imperio Romano— y de allí a otros idiomas. Puedes imaginar la cantidad de interpretaciones, errores y traducciones mal intencionadas que han sido hechas en el camino (4)).

Sin embargo, era inevitable que la Torá Hebrea fuera traducida al griego, ya que el griego se había convertido en el lenguaje intelectual del mundo mediterráneo antiguo; era tan común como lo es el inglés hoy en día. Y los judíos, que en su mayoría hablaban arameo gracias a su exilio babilonio, también habían aprendido griego (en ese entonces el hebreo era principalmente un lenguaje de plegaria y estudio, pero no era el lenguaje que se hablaba en la calle, ni siquiera en Israel).

Pero a pesar de esta apreciación mutua —que, a propósito, atrajo a muchos judíos—, la cultura dominante no pudo tolerar durante mucho tiempo las grandes diferencias que existían entre ellos.

Judíos vs. Judíos

La historia de Januca suele ser descrita como una lucha por la liberación nacional —la revuelta judía en contra de la ocupación griega de Israel—, pero en realidad fue mucho más complicada que eso. El conflicto real no era físico, sino intelectual. Januca fue, en esencia, una guerra ideológica-espiritual entre el paganismo y el judaísmo. Y tampoco fue una lucha exclusivamente entre griegos y judíos, sino que fue, en primer lugar, una guerra civil dentro del judaísmo. El ímpetu inicial para que los griegos atacaran a los judíos provino de una cierta facción disidente que había dentro del pueblo judío: los judíos helenizados.

Estos eran judíos que habían sido atraídos por la cultura griega, la cual era la cultura principal del mundo antiguo.

Vemos que este es un patrón común dentro de la historia judía: aparece una cultura mundial que es iluminada, progresista y que está cambiando al mundo, y consecuentemente, algunos de los judíos de clase alta se adhieren a ella. ¿Por qué? Porque son ricos, sofisticados y tienen mucho tiempo libre. Luego, le dicen al resto del pueblo judío: "Seamos modernos; olvidemos esta antigüedad del judaísmo" (Vemos que este patrón se repitió posteriormente en España, Alemania y actualmente en Estados Unidos e Israel).

En ese entonces, había un pequeño pero muy elocuente y poderoso grupo de judíos que se habían alineado con las autoridades griegas y se habían helenizado. Ellos hacían todo lo que hacían los griegos.

Enviaban a sus hijos al gimnasio y les revertían la circuncisión —lo cual era una operación muy dolorosa— porque habían muchas actividades griegas que eran hechas al desnudo y, si eran circuncisos, entonces los griegos los considerarían como mutilados.

Y para empeorar las cosas, no sólo había desunión entre los judíos helenizados y los de la corriente principal, sino que también existía desunión entre dos distintas facciones de los judíos religiosos.

Ésta comenzó en el tercer siglo AEC, cuando dos estudiantes llamados Tzadok y Baitos comenzaron a predicar una nueva forma de judaísmo que no creía en la divinidad de la Torá Oral. Era indudable que los griegos habían tenido un rol importante en la creación de este primer quiebre en la corriente principal del judaísmo. Sus seguidores eran llamados Saduceos y Baitoseos, aunque fueron los saduceos quienes lograron quedar en la historia. Los judíos de la corriente principal, que seguían a los rabinos y respetaban la ley oral como siempre, eran irónicamente llamados "Fariseos", que significa "separatistas", para distinguirlos de los demás.

Dado que los saduceos no creían que la Torá Oral viniese de Dios, sostenían que sólo estaban obligados a respetar las leyes de la Torá Escrita, las cuales leían literalmente (esta negación de la Torá Oral se repetirá posteriormente en la historia judía con la facción caraíta en Babilonia). Pero hay muchísimas leyes en la Torá Escrita que son inentendibles sin la Torá Oral. ¿Cuál era su respuesta? Es personal, cada uno puede decidir lo que significa y actuar en consecuencia.

Naturalmente, los saduceos encontraron aliados entre los judíos helenizados, como explica Rav Berel Wein:

Los saduceos siempre fueron más aceptables para los judíos helenistas que los rabinos. La alianza de los helenistas y los saduceos en contra del judaísmo tradicional garantizó un tumulto constante en la vida judía durante todo el tiempo del Segundo Templo e incluso después (Ecos de Gloria, p. 38).

(En entregas futuras hablaremos sobre los saduceos con más detalle, cuando lleguemos al Impero Romano y su dominio sobre los judíos.)

Así es como el historiador Josefo explicó las creencias de los judíos en esa época:

Los Fariseos [que son considerados más habilidosos en la explicación exacta de sus leyes y son la escuela principal] adjudican todo al destino y a Dios, y sin embargo sostienen que hacer lo que es correcto o lo contrario está principalmente en manos de los hombres, a pesar de que el destino coopera en toda acción. Dicen que todas las almas son eternas, pero que sólo las almas de los hombres buenos pasan a otros cuerpos, mientras que las almas de los hombres malvados son sujetas a castigo eterno.

Los saduceos son quienes forman el segundo grupo y excluyen al destino por completo, suponiendo que Dios no está interesado en si hacemos o no hacemos acciones de mal. Dicen que decidir hacer lo bueno y lo malo depende del hombre y que es una decisión de cada persona, la cual puede actuar como se le antoje. También excluyen la creencia en la inmortalidad del alma y el castigo y recompensa del mundo venidero.

Más aún, los fariseos son amigos entre sí y cultivan relaciones armoniosas con la comunidad, pero el comportamiento de los saduceos entre sí es un poco grosero, y su conversación con los de su propio grupo es barbárica, como si no se conocieran (5).

Puedes ver cómo los saduceos estaban influenciados por el pensamiento griego. Ellos fueron parte de la razón por la que la posición de Sumo Sacerdote y el servicio del Templo se volvieron tan corruptos (ya que muchos de la clase sacerdotal, una clase alta en ese tiempo, se hicieron saduceos). Y es por esto que el Talmud dice que tantos Sumo Sacerdotes murieron durante el servicio de Iom Kipur.

Helenización forzada

No pasó mucho tiempo hasta que los judíos helenizados llevaron a los griegos al conflicto, consiguiendo el apoyo del rey seléucida. Antíoco IV Epífanes dio, entre los años 169 y 167 AEC, claros pasos para intentar helenizar a los judíos de Israel mediante el intentar destruir el judaísmo. El Libro de los Macabeos llama a este período un "reino de terror" y describe sus comienzos de esta forma:

No poco después de esto, el rey envió un senador ateniense para obligar a los judíos a abandonar las leyes de sus padres y dejar de vivir de acuerdo a las leyes de Dios, y también a contaminar el templo de Jerusalem y llamarle el templo del Olimpo Zeus… (6).

Una de las primeras cosas que hizo Antíoco fue tomar el control del Templo mediante el influenciar la posición de Sumo Sacerdote. Quitó al Sumo Sacerdote que estaba vigente y lo reemplazó por un judío a quien tenía comprado. Desde este momento en adelante, el sacerdocio se convirtió en una institución sumamente corrupta.

Aquí comenzamos a ver un patrón que habría de evolucionar durante la historia judía futura, en el que todas las instituciones fundamentales se corromperían: la monarquía, el sacerdocio, el servicio del Templo. Lo único que quedaría relativamente intacto es el Sanhedrín, la Corte Suprema Judía, y sus rabinos, quienes eventualmente escribirían el Talmud como veremos más adelante.

Después de instalar a su propio Sumo Sacerdote, Antíoco trató de anular el calendario judío.

Antíoco creía entender muy bien a los judíos. Para él, estas personas estaban obsesionadas con el tiempo, ya que intentaban santificarlo; parecía ser por lo tanto que si destruía el tiempo, entonces destruiría la capacidad de los judíos de practicar el judaísmo. Por lo tanto, Antíoco prohibió la observancia de Shabat, la observancia de la Luna Nueva (Rosh Jódesh) y la observancia de las festividades de Pésaj, Shavuot, Rosh Hashaná, Yom Kipur y Sucot.

Luego prohibió respetar las leyes de cashrut y estudiar Torá. Los rollos de Torá eran incendiados en público y se sacrificaban cerdos sobre los libros sagrados judíos para profanarlos. De hecho, Antíoco parecía estar obsesionado con los cerdos, ya que sabía que este animal les resultaba particularmente repugnante a los judíos; incluso obligó al Sumo Sacerdote a instaurar sacrificios de cerdos y a que permitiese que se hiciera idolatría a una gran cantidad de dioses griegos en el Templo Sagrado en Jerusalem (Ver Macabeos 1, 1:41-64).

Por último, Antíoco prohibió la circuncisión. Para los judíos, esa es la señal física y tangible de su pacto con Dios. Y era justamente lo que los griegos —quienes idolatraban la perfección del cuerpo humano— encontraban más aborrecible. Para ellos, la circuncisión era una mutilación.

Pero los judíos se resistieron, por lo que Antíoco y sus secuaces intentaron salirse con la suya de una manera muy cruda y cruel. Rav Berel Wein relata esto gráficamente en su libro “Ecos de Gloria”:

Asesinaban a las mujeres que permitían que sus hijos fueran circuncidados y ataban a sus hijos alrededor de sus cuellos. Acosaban, cazaban y asesinaban a los eruditos de Israel. Torturaban hasta la muerte a los judíos que se rehusaban a comer cerdo o a sacrificar cerdos… Incluso la aldea más pequeña de Judea sufría la opresión de los helenistas. Irguieron altares para Zeus y otras deidades en todas las localidades, y forzaron a los judíos de cada aldea a participar en los servicios de ofrendas (p. 63).

Este tipo de persecución religiosa era, hasta ese momento, desconocida para la historia humana. Nadie en el mundo antiguo le había declarado la guerra a la religión de otro pueblo hasta ese entonces, ya que la actitud del politeísmo era: "Yo idolatro a tu dios, tú idolatras al mío; cuanto más dioses, mejor".

(Más adelante veremos cómo se fundieron las mitologías griega y romana y Zeus se convirtió en Júpiter, etc. Era la máxima expresión de pluralismo: toda religión era tan buena como la otra).

En el mundo politeísta nadie moría por su religión. Nadie, excepto los judíos.

Los judíos sostenían que sí hay cosas en esta vida por las que vale la pena morir, cosas que son más importantes que la vida misma; ellos estaban dispuestos a dar su vida por el judaísmo. No porque Dios necesitara que murieran por Él, sino porque la ideología de la Torá es algo a lo que la humanidad está destinada. Los judíos, que deben ser "la luz para las naciones", no podían abandonar su misión ni siquiera cuando sus vidas estaban en peligro.

En las primeras etapas del conflicto, muchos judíos eligieron el camino de la "resistencia pasiva": ignoraron las restricciones griegas y continuaron el estudio Torá y la circuncisión de sus recién nacidos. Esta forma de resistencia muy a menudo probó ser fatal, ya que muchos judíos fueron martirizados por su lealtad al judaísmo. La resistencia a las persecuciones griegas también podía tomar una forma más activa, como luchar en contra de este tipo de tiranía, y efectivamente eso fue lo que hicieron. Sin embargo, lo más terrible de esta pelea era que los judíos que estaban defendiendo al judaísmo debían luchar tanto contra los griegos como contra algunos de sus hermanos judíos que se habían convertido al helenismo.

Al final, la corrupción del Templo, la helenización forzada y la persecución se volvieron demasiado pesadas para los judíos observantes de la corriente principal. Cuando finalmente se rebelaron en contra de los griegos, también lo hicieron en contra de los judíos que colaboraban con ellos.

La revuelta de los Macabeos —que celebramos hoy en día como Januca— es tanto la historia de una guerra civil entre judíos como la historia de una guerra en contra de Grecia. No fue una guerra por la liberación nacional, ni tampoco fue una lucha por la libertad física, sino que fue una batalla de dos formas diferentes de ver el mundo.


1) Lawrence H. Schiffman, Text and Tradition ? A Source Reader for the Study of the Second Temple and Rabbinic Judaism (Texto y Tradición –Una Fuente de Lectura para el Estudio del Segundo Templo y del Judaísmo Rabínico). New Jersey: Ktav Publishing House. 1998. 142. Hecateo es citado por el gran historiador judío del siglo 1 EC, Josefo, en su libro Contra Apion. Lo que más le sorprendió a Hecateo fue la absoluta falta de imágenes e ídolos, tan ubicuos en todo templo pagano de la antigüedad. 

2) Ver Talmud ?Meguilá 9a? Rabí Shimón ben Gamliel dijo: "Los sabios no permitieron que ni siquiera las escritura sagradas fueran escritas en ningún otro lenguaje fuera del griego". Es importante mencionar que el Talmud se refiere al griego original antiguo, no al dialecto griego común —koiné— del mundo helenista ni al griego moderno de hoy en día.

3) Talmud ? Meguilá 9b.

4) Las traducciones con errores intencionados eran hechas usualmente por los eruditos cristianos con el objetivo de modificar el texto para probar la teología cristiana. El ejemplo clásico es en Isaías 7:14, en donde la palabra hebrea alma —que significa “mujer joven, soltera"— es intencionalmente mal traducida como "virgen" (en hebreo la palabra es betulá) para apoyar el concepto cristiano del parto por una virgen.

5) Josefo, Guerra Judía II 119-166.

6) Macabeos II 6:1.