Estamos a punto de comenzar a hablar sobre un terrible período de la historia judía que estuvo marcado por una constante e implacable persecución cristiana.

Durante este período:

  • Los judíos fueron expulsados de Inglaterra (1290).
  • Los judíos fueron expulsados de Francia (1306 y 1394).
  • Los judíos fueron expulsados de Hungría (1349 y 1360).
  • Los judíos fueron expulsados de los Estados Alemanes (1348 y 1498).
  • Los judíos fueron expulsados de Austria (1421).
  • Los judíos fueron expulsados de Lituania (1445 y 1495).
  • Los judíos fueron expulsados de España (1492).
  • Los judíos fueron expulsados de Portugal (1497).

Y esa es sólo una lista parcial.

(Generalmente los judíos eran expulsados y luego, cuando en su ausencia se notaba que había ocurrido un importante declive económico, eran admitidos nuevamente sólo para volver a ser expulsados posteriormente. Era la clásica filosofía de ‘no puedo vivir ni contigo ni sin ti’).

La historia de estas persecuciones comienza en realidad alrededor del año 1000. Pareciera que las personas se ponen muy nerviosas con las fechas significativas, en especial los cristianos, cuyo Libro de las revelaciones predice que al final de un milenio el Satán será liberado de prisión y causará estragos en el mundo.

La aproximación del fin del milenio llevó a un resurgimiento religioso en el mundo cristiano al cual los historiadores llaman ‘Nueva devoción’. La ‘Nueva devoción’ se enfocó especialmente en la historicidad de Jesús. Enfocarse en la vida de Jesús significaba enfocarse también en su muerte y, a pesar de que el Nuevo testamento dice que fueron los romanos quienes mataron a Jesús, los judíos fueron culpados de ello por haber querido que él muriera.

Por lo tanto, en aquella época se popularizó velozmente la idea de ver a los judíos como los “asesinos de Jesús”, la cual había surgido inicialmente en el siglo IV.

Pero eso no es suficiente para explicar la vehemencia de las persecuciones cristianas; para entenderlas por completo tenemos que mirar otras razones aún más complejas que esta.

Teología de reemplazo

Para comenzar, la existencia misma de los judíos era irritante para muchos cristianos. La razón era la siguiente:

La teología cristiana acepta la Biblia hebrea. No discute con las declaraciones que hay en ella sobre que los judíos son un pueblo especial que fue elegido por Dios para recibir la Torá y traer santidad al mundo. Sin embargo, la teología cristiana dice que los judíos fallaron en su misión, razón por la cual Dios envió a su hijo (Jesús) para enderezar las cosas, pero los judíos se negaron a reconocerlo como "Dios".

Como resultado, Dios abandonó a los judíos y los reemplazó con el “nuevo pueblo elegido”: los cristianos (por eso el segmento cristiano de la Biblia es llamado Nuevo testamento, lo cual significa ‘Nueva escritura sagrada’).

De acuerdo a esta línea de pensamiento, ya no había un propósito para los judíos en el mundo. Podían desaparecer, tal como lo hicieron otros pueblos más poderosos que ellos. El problema es que ya habían pasado 1000 años desde la muerte de Jesús y los judíos seguían estando en todos lados.

La teología cristiana tenía que ofrecer alguna clase de respuesta ante este problema, y lo hizo. Aparentemente, los judíos habían sido destinados por Dios a vagar por la tierra como un pueblo testigo, teste veritatis en latín. El propósito de un pueblo testigo es sobrevivir durante la historia para dar testimonio en el final de los días de que Jesús es el Mesías cuando este reaparezca para la denominada “Segunda venida”.

Pero las explicaciones de la teología cristiana no pudieron quitar la dolorosa marca que representaba la fuerte y próspera presencia de los judíos. En el centro del asunto estaba la visión que tenía el cristianismo sobre el judaísmo, el cual era visto como un rival compitiendo por el alma de la humanidad.

La hostilidad que los cristianos sentían hacia los judíos se puede ver claramente en los escritos de los primeros padres de la Iglesia Cristiana (ver por ejemplo el libro What Did They Think of the Jews? (¿Qué pensaban de los judíos?), escrito por Allan Gould, pp. 24-25).

En los escritos de Juan Crisóstomo, el Patriarca de Constantinopla, vemos lo siguiente:

Los judíos son los menos valiosos de los hombres; son lascivos, avaros, rapaces, son pérfidos asesinos de cristianos, adoran al diablo, su religión es una enfermedad… Los judíos son los odiosos asesinos de Cristo y por matar a Dios no hay expiación, no hay indulgencia, no hay perdón; los cristianos nunca cesarán la venganza. Los judíos deberán vivir en servidumbre para siempre. Es imperativo para todo cristiano odiar a los judíos.

En los escritos de Gregorio de Nisa obtenemos más de lo mismo:

Asesinos del Señor, asesinos de los profetas, adversarios de Dios, aborrecedores de Dios, hombres que muestran desprecio por la ley, enemigos de la gracia, enemigos de la fe del padre, abogados del diablo, manada de víboras, mentirosos, mofadores, hombres cuyas mentes están en la oscuridad, fermento de los fariseos, asamblea de demonios, pecadores, hombres malvados, apedreadores y aborrecedores de los rectos.

En algunos lugares, calumnias como estas incitaron a la gente a la violencia.

(Por ejemplo, en la Parte 45 vimos cómo las muchedumbres de cruzados devastaron la población judía de Europa, matando entre el 30% y el 50% de los judíos que vivían allí. Unos 10.000 judíos, de una población estimada entre 20.000 y 30.000, fueron asesinados en el año 1095 cuando ocurrió la primera Cruzada).

En otros lugares, tales calumnias generaron otras formas de persecución.

Prestamistas

Si uno hubiera sido un cristiano común y corriente que escuchaba a los padres de la Iglesia hablar sobre los judíos, uno habría podido concluir perfectamente que ellos no tenían un lugar decente en la sociedad.

Y efectivamente esa es la conclusión a la que llegó la gente con el paso del tiempo.

Alrededor del año 1000 vemos el ascenso de las comunidades de comercio cristiano, de las cuales fueron mordazmente excluidos los judíos. Ya no podía haber orfebres ni sopladores de vidrio judíos. A los judíos también se les prohibió poseer tierra, trabajar para el estado y ser doctores y abogados.

Los judíos fueron forzados a usar una ‘prenda distintiva’, ya fuera una insignia, una señal o un sombrero ridículo que los diferenciara. Esto no era sólo para diferenciarlos, sino también para humillarlos.

Luego, a partir del año 1123, cuando los obispos de la Iglesia llevaron a cabo una serie de reuniones llamadas ‘Los consejos de Letrán’ para decidir la política de la Iglesia, a los judíos se les asignó una nueva función en la sociedad cristiana.

Junto con un decreto de que los sacerdotes debían ser célibes, los obispos decidieron que a los cristianos no se les permitiría prestarse dinero (lo cual se originaba en un malentendido del mandamiento bíblico que prohíbe que una persona le cobre interés a su hermano cuando le hace un préstamo).

En lo concerniente a los judíos, los obispos promulgaron una doctrina que decretaba que ellos serían sirvientes de los cristianos y posteriormente les asignaron la degradante tarea de prestar dinero, llamada usura, con la cual los cristianos tenían prohibido ensuciar sus manos.

Los obispos no eran estúpidos. Sabían que para tener actividades bancarias debes cobrar interés y que hace falta tener actividades bancarias para tener desarrollo económico, ya que sin ellas no hay crecimiento y la economía se estanca. Alguien tenía que prestar dinero; ese alguien, decidieron los obispos, serían los judíos.

Luego se les prohibió a los judíos vivir en muchas ciudades de Europa a menos que proveyeran una cierta cantidad de prestamistas.

Sin embargo, prestar dinero era un trabajo muy precario pues generaba mucha hostilidad. Después de todo, ¿a quién le gusta devolver préstamos?

¿Y qué ocurría si el noble o el obispo local decidían no devolver el dinero? Acusaban al judío de haber hecho algo terrible, como haber matado un bebé cristiano. De esa forma podían renegar de sus préstamos, confiscar toda propiedad judía y luego expulsar o incluso matar a los judíos.

Esto se repitió una y otra vez.

Hay quienes han declarado que fue la práctica judía de prestar dinero lo que engendró tales respuestas y que en realidad ellos mismos fueron los responsables de una gran parte del antisemitismo. Pero eso es un absoluto mito. En ese entonces, los judíos cobraban un promedio de entre el 33% y el 43% por sus préstamos. Aunque para los estándares de hoy en día esa tasa parecería alta, debes tener en cuenta que los lombardos, los banqueros cristianos italianos que vivían bajo la protección del Vaticano, cobraban tasas de hasta un 250%. Vemos por lo tanto que la práctica lombarda de prestar dinero era mucho peor y, sin embargo, nadie comenzó a perseguir a sus banqueros (1).

Las persecuciones en contra de los judíos, por otro lado, no tenían límites.

Libelo de sangre

Es casi imposible explicar las acusaciones que se proclamaron en contra de los judíos durante esta época. Los judíos no sólo fueron perseguidos por ser los “asesinos de Cristo”, sino que también por ser “asesinos de bebés”.

La primera acusación de este tipo, más conocida como ‘libelo de sangre’, apareció en el año 1144 en Norwich, Inglaterra. Allí los judíos fueron acusados de secuestrar un bebé cristiano y de drenar su sangre. La acusación se volvió tan popular que se esparció con gran rapidez y en varias formas por todo Europa, llegando luego a otras partes del mundo.

La más famosa de todas las leyendas de los libelos de sangre es la del asesinato ritual del niño Hugo de la ciudad de Lincoln, Inglaterra, en 1255. La historia fue inmortalizada en una balada muy conocida en Inglaterra y Escocia que es la número 155 en el cancionero de baladas inglesas y escocesas compilado por Francis James Child en el siglo XIX. El cuento más famoso de asesinato ritual es el Cuento de la priora, que se encuentra en la obra clásica del siglo XIV de ficción inglesa titulada Canterbury Tales (Los cuentos de Canterbury). Una parte del cuento dice así (2):

“Desde ese momento en adelante los judíos conspiraron para perseguir a aquel inocente niño por todo el planeta. En un callejón encontraron y contrataron a un asesino que poseía ese lugar secreto y, mientras el niño pasaba con su feliz caminar, este maldito judío lo agarró y lo sostuvo, cortó su garganta y lo arrojó a una fosa”.

Ahora, de acuerdo a la opinión cristiana, ¿por qué los judíos necesitaban sangre? Esta es una pregunta de opción múltiple:

  1. Los judíos sufrían hemorroides como castigo por haber matado a Jesús; tomar sangre era la mejor cura para las hemorroides en esa época.

  2. Todos los hombres judíos menstruaban, por lo que necesitaban una transfusión mensual.

  3. Al ser circuncidados, el proceso quirúrgico hacía que los hombres judíos perdieran tanta sangre que necesitaban tomar sangre de bebés cristianos.

  4. La sangre era el ingrediente principal de la matzá y, por lo tanto, antes de Pésaj los judíos necesitaban una gran cantidad.

  5. Todas las anteriores.

¿Cuál crees que es la respuesta correcta? Sorprendentemente es la 5: todas las anteriores.

Esta es una lección muy importante sobre antisemitismo: puedes decir lo que quieras en contra de los judíos y la gente lo creerá.

Es irónico que precisamente los judíos, quienes tienen prohibido por la ley judía consumir cualquier tipo de sangre (la carne kosher es lavada y salada cuidadosamente para eliminar todo rastro de sangre) hayan sido el pueblo que fue acusado de “beber sangre”.

Los libelos de sangre tienen incluso menos sentido si consideras que en el siglo XIII la Iglesia adoptó la doctrina de la transubstanciación. Esta es una idea mística que sostiene que mientras el sacerdote dice misa sobre la hostia y el vino, esos objetos cambian místicamente y se convierten en la sangre y el cuerpo de Jesús. Se supone que los cristianos que consumen la hostia y beben el vino están comiendo la carne de Jesús y bebiendo su sangre desde una perspectiva mística (3).

Es irónico que el mundo cristiano, el cual tenía el ritual de “beber la sangre de Jesús”, acusara a los judíos —quienes tienen prohibido beber sangre— de este horrible y ficticio crimen.

Pero luego las acusaciones se volvieron aún peores.

Comenzando en Suiza y Alemania en el siglo XIII, los judíos fueron acusados de secuestrar hostias de comunión de las iglesias. Pero, según la opinión cristiana, ¿por qué los judíos harían esto?

Para torturarlas.

Los documentos medievales cuentan historias que describen como un judío (generalmente llamado Abraham) roba una hostia de una iglesia, le clava un cuchillo y la sangre comienza a chorrear. Luego la corta en pedacitos y la envía a diferentes judíos para que también la torturen.

Estas historias serían divertidas si no fuese porque miles de judíos fueron asesinados por causa de ellas. Por ejemplo, toda la comunidad judía de Berlitz, cerca de Berlín en Alemania, fue quemada viva en base a la acusación de torturar a una hostia.

(Para leer más sobre este tema ver el libro The Devil and the Jew (El demonio y el judío), de Yehoshúa Trachtenburg, o el libro Why the Jews? (¿Por qué los judíos?), de Dennis Prager y Joseph Telushkin).

Impuestos a los judíos

Durante este período histórico los judíos fueron físicamente marginados, golpeados, quemados y violados. También fueron marginados económicamente, desvalijados, robados y afligidos con impuestos terriblemente abusivos. Los judíos eran una buena fuente de ingresos para la corona, pues eran cargados con impuestos especiales llamados ‘impuestos a los judíos’.

Veremos más adelante que en Alemania fueron forzados 38 impuestos sobre los judíos. Había un impuesto por nacer, uno por morir, uno por usar una kipá, uno por casarse, uno por ser circuncidado, uno por comprar velas de Shabat, uno por eximirse del ejército alemán en el que, de todos modos, no podían servir por ser judíos.

Y lo que ocurría finalmente era que, una vez que los judíos ya no tenían dinero, eran expulsados. En 1182 el Rey Felipe II de Francia expulsó a los judíos de Francia y confiscó todas sus propiedades. El atractivo de la futura ganancia por el impuesto judío le hizo repensar su política e invitó a los judíos a volver a Francia en 1198.

Esto mismo ocurrió en Inglaterra, en donde una gran carga impositiva sobre la población judía —aproximadamente unas 5.000 personas—, le proveía a la corona casi el 20% de todo su ingreso.

En 1290, en el 9 de av (que es el mismo día en que fue destruido en dos ocasiones el Templo de Jerusalem y que por lo tanto es el peor día de la historia judía), despojados de su riqueza por una devastadora carga impositiva, los judíos fueron expulsados de Inglaterra y no se les permitió volver durante casi cuatro siglos. El Rey Eduardo I declaró que todas las deudas con los judíos serían canceladas y que el capital (pero no el interés) se le debería pagar directamente a él. Como declara el Edicto de Expulsión:

“...entonces nosotros, en respuesta a sus crímenes y por el honor del Crucificado, los hemos desterrado de nuestras tierras por traidores. Nosotros… por medio de la presente, declaramos completamente nulas e inválidas todas las penalidades, usuras y cualquier otra deuda… que pudiese ser reclamada a favor de la judería… cuyo monto deberá ser pagado en cambio a nosotros en el momento que a ustedes les parezca conveniente” (4).

Otros países no tardarían en seguir este ejemplo, pero primero vendrían más cambios en relación a las persecuciones que sufrirían los judíos.


Notas:

(1) A pesar de la prohibición de la Iglesia sobre el involucramiento cristiano en la usura, los cristianos e incluso algunos miembros del clero continuaron con la práctica a lo largo de Europa. Para una descripción más detallada de los préstamos judíos y gentiles ver el libro Economic History of the Jews (Historia económica de los judíos), de Salo Baron y Arcadius Kahan (Keter Publishing, 197, pp.43-47).

(2) Alan Dundes, The Blood Libel - A Case in Anti-Semitic Folklore (El libelo de sangre: Un caso en el folklor antisemita), University of Wisconsin Press, 1991, p.41.

(3) "...el cuerpo y sangre [de Cristo] se encuentran realmente contenidos en el sacramento del Altar en las especies de pan y vino, transubstanciados por el poder divino: el pan en su cuerpo y el vino en su sangre". Texto extraído de la decisión del Cuarto Concilio de Letrán, según como es citado en: Bernard Lohse, A Short History of Christian Doctrine - From the Frst Century to the Present (Una breve historia de la doctrina cristiana: Desde el primer siglo al presente), Fortress Press, 1966, p.153.

(4) Edicto de expulsión del Rey Eduardo I según es citado en: Alexis P. Rubin ed., Scattered Among the Nations - Documents Affecting Jewish History, 49 to 1975 (Dispersos entre las naciones: Documentos que afectaron la historia judía entre los años 49 y 1975), Jason Aronson Inc. 1995, pp.76-77.