Lectura requerida: Levítico capítulo 19.

Introducción

En Levítico 19:2 se le ordena a Moshé: “Háblale a toda la congregación de Israel y ordénales que sean santos; dado que Yo, Dios, también soy santo”. Esta reunión fue un evento inusual y nos impulsa a hacernos varias preguntas:

  • ¿Por qué el mandamiento de “ser santo” requiere que toda la nación se reúna para oírlo?
  • Los mandamientos que siguen tratan mayoritariamente sobre relaciones interpersonales. ¿Por qué son sagrados estos mandamientos? ¿Acaso la santidad no se relaciona más con temas como el servicio del Templo?
  • ¿En qué consiste exactamente este mandamiento de “ser santo”? ¿Acaso se espera que seamos santos como Dios, lo cual es aparentemente imposible?

Reunidos

Los comentaristas ofrecen tres hermosas explicaciones sobre por qué esta “sagrada mitzvá” debía ser enseñada mientras todo el pueblo judío estaba reunido.

  1. Rashi explica: Dado que las principales enseñanzas de la Torá están encapsuladas en este versículo y dado que aplica a todos sin ninguna excepción, esta sección le fue dicha a toda la nación. Necesitamos entender que la santidad no sólo aplica a individuos especiales que están en un nivel alto, sino que también aplica al judío más simple. Todos tenemos que aspirar a la santidad y todos podemos llegar a ella. Esto sigue el principio general de que Dios sólo ordena lo que somos capaces de cumplir (1). El fracaso viene a causa de que subestimamos nuestras capacidades.

  1. Esta sección fue enseñada cuando todo el pueblo estaba reunido para enseñarnos que un judío sólo puede alcanzar la verdadera santidad si se conecta con el pueblo judío.

No es necesario que te separes de la sociedad y te vayas a meditar a un bosque para volverte una persona santa. Estas mitzvot no son para los ángeles. Son principalmente mandamientos interpersonales, como honrar a los padres, alimentar a los pobres, no matar y no odiar en tu corazón. Contribuir a la sociedad es una obligación personal. Toda persona debería aspirar a elevarse a sí misma y, al mismo tiempo, a toda la comunidad. Esa es la razón por la que el mandamiento de ser sagrados, kedoshim tiú, está escrito en plural.

  1. Demos un paso atrás y hagamos una pregunta más fundamental aún: ¿Cómo puede ser que un ser humano alcance la santidad? ¿Acaso no está reservada para los ángeles?

El Ramjal explica en su obra clásica sobre ética judía, Mesilat Iesharim (2): La santidad es un nivel muy alto al que no podemos llegar por nuestra cuenta. Comenzamos a hacer un esfuerzo, y luego Dios nos la da como un regalo. Sólo puedes avanzar un poquito, y luego Dios hace el resto.

Por lo tanto, esas mitzvot deben serles enseñadas a toda la comunidad. Un individuo no merece los regalos más elevados de Dios, pero la unión del pueblo judío lleva a un nivel de gratificación. Esta idea es indicada en el preludio a los Diez Mandamientos: “Serán para Mí un reino de sacerdotes y una nación sagrada” (Éxodo 19:6).

La definición de “santo”

Los dos comentaristas clásicos de la Torá, Rashi y Rambán (Najmánides), ofrecen una diferencia de opinión respecto a qué significa ser santo.

Rashi dice que para ser santo hay que alejarse de las cosas prohibidas. Esto no sólo se logra distanciándose de esas acciones, sino también construyendo cercos para no acercarse demasiado a los peligros espirituales. Una persona que respeta estos cercos está camino a la santidad. Por otro lado, violar los límites constituye lo opuesto a la santidad.

Un ejemplo es la idea de ijud, la prohibición judía de recluirse en un área privada con ciertos miembros del género opuesto. ¿Cuántas veces no hemos escuchado sobre una persona que, por ejemplo, se quedó trabajando hasta tarde en un proyecto con un colega (del sexo opuesto) y terminó envuelto en una situación problemática que terminó amenazando con destruir su matrimonio? Esa es la razón por la que los sabios instituyeron las leyes de ijud, un cerco para evitar situaciones de esa naturaleza (3).

Rambán no concuerda y dice que la clave de la santidad es separarse incluso de las actividades que técnicamente están permitidas. Por ejemplo, a pesar de que no hay ninguna ley de la Torá que prohíba beber vino, una persona puede sobrepasarse y convertirse en lo que el Rambán describe como un “villano con el permiso de la Torá”. De la misma forma, una persona que come exclusivamente alimentos casher podría ser desagradable ante los ojos de la Torá si come como un glotón. La definición de santidad, dice Rambán, es mantener la moderación incluso en las cosas que están permitidas.

Ambos enfoques son correctos. Por un lado, una persona debe tener un respeto saludable por lo prohibido: así como uno construiría un cerco para mantener alejado un peligro físico (como un pozo), también se deber respetar la severidad de las prohibiciones de la Torá construyendo cercos. Además, al moderar nuestra interacción con lo material aumentamos nuestra sensibilidad y nos comportamos de una manera que nos asemeja a Dios. De esta forma, todas nuestras acciones tienen una refinada faceta de santidad.

¿Cuánta santidad?

¿Cuánta santidad debería aspirar tener una persona?

En realidad, el mandamiento de ser santos no es algo cuantificable, y en cierto aspecto es incluso más difícil que un mandamiento que se encuentra bien delineado. Porque después de todo, ¿cómo podemos medir si estamos viviendo a la altura del “estándar de santidad”?

La respuesta es como dijimos antes: este mandamiento le fue dado a toda la congragación. Si al ser santo mejoras tu conexión con la comunidad, entonces tu comportamiento es correcto. Si tu santidad genera una separación entre ti y quienes te rodean, es incorrecto. Nuestras acciones, siempre y cuando estén dentro de los confines de la ley judía, siempre deberían ser medidas de qué es lo que trae el mayor kidush Hashem, santificación del nombre de Dios.

Esta idea es ilustrada por el Arca sagrada, la cual contenía las Tablas de los Diez Mandamientos. Esta Arca era una caja cuadrada de madera bañada en oro puro tanto por dentro como por fuera (4). Pero si el arca estaba cubierta con oro tanto por dentro como por fuera, ¿por qué su carcasa debía ser de madera? ¿No era mejor hacerla simplemente de una pieza sólida de oro? Los comentaristas explican que, si hubiese sido de oro puro, habría sido demasiado pesada para que la cargaran. De esto aprendemos que una persona no debería adherirse a un estándar de santidad que pudiera tener un efecto negativo para la comunidad.

Una extensión de esto es la idea de que al realizar una acción —ya sea mundana o una mitzvá— deberíamos tener la intención de hacerla en una manera sagrada. El propósito de este mundo es apegarnos a Dios, no disfrutar de placeres físicos. Por tanto, incluso cuando realizo una mitzvá que incluye placer físico —como Shabat o las relaciones maritales—, si bien debemos disfrutar, nunca debemos perder de vista el hecho de que Dios está inseparablemente unido a esa mitzvá.

Si una persona decide dedicar su existencia a un propósito más elevado que ella misma, entonces lo que hace por sí misma es sagrado. De esa forma puede maximizar el poder de aquellos placeres físicos.

Tiempo futuro

Hay otra pregunta que debemos hacernos: ¿Por qué este mandamiento está expresado en tiempo futuro (kedoshim tiú) en lugar de estar expresado en tiempo presente como la mayoría de los otros mandamientos?

De aquí aprendemos que esta mitzvá no tiene límites. Cada nivel de santidad al que lleguemos es sólo un escalón para llegar al nivel inmediatamente superior. Nunca deberíamos estar complacidos pensando que alcanzamos la perfección en el presente. La santidad de Dios no tiene límites, y dado que fuimos creados a Su imagen, debemos emular dicha santidad (5).

Una persona puede, por ejemplo, comer casher en su hogar pero no ser estricta en restaurantes. Si bien comer casher en el hogar es un gran compromiso cuya importancia no puede ser minimizada, la pregunta es: ¿reconoce la persona que su compromiso es sólo una etapa que debe llevarlo hacia un compromiso mayor, o ve este compromiso como un destino, un punto en el que “me siento cómodo donde estoy y no siento la necesidad de crecer más”?

Esta discrepancia en el entendimiento representa una diferencia clave entre el judaísmo de Torá y otras corrientes de pensamiento judío. ¿Estamos esforzándonos constantemente para cumplir todas las 613 mitzvot en la forma ideal o hemos establecido un límite, un nivel cómodo, más allá del cual no sentimos necesidad de llegar?

Idea central

Nota que el capítulo 19 de Levítico contiene muchos mandamientos relacionados con las relaciones interpersonales, como amar a tu prójimo, no vengarse, etc. La santidad no sólo existe entre Dios y yo.

Esta idea es ilustrada por la famosa Guemará (6) que relata sobre alguien que quería convertirse al judaísmo y pidió que le enseñaran toda la Torá mientras se paraba sobre un solo pie. En otras palabras, quería saber la idea central que encapsulaba a toda la Torá. El gran sabio Hilel le respondió: “No le hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti”.

Otra forma de entender por qué el mandamiento de “ser santo” está escrito en tiempo futuro es que no se trata simplemente de un mandamiento, sino que también es una promesa de que, a pesar de las dificultades y los vaivenes, seremos sagrados. El pueblo judío tiene una santidad eterna que siempre está presente, incluso si no siempre se ve expresada en el exterior.

Esto explica el fenómeno de personas que parecen estar completamente desconectadas de la nación judía y, de repente, encuentran su “camino de vuelta a casa”. La judería soviética es un clásico ejemplo. Estaban asimilados y desconectados por completo, habían sido atrapados detrás de una cortina de hierro durante dos generaciones sin tener educación ni liderazgo judío. El despertar de la Guerra de los Seis Días provocó un despertar espontáneo de la identidad judía con gran alegría, que comenzó el movimiento de los refuseniks, estereotipados por Natan Sharansky, y finalmente la gran inmigración de judíos rusos a Israel y su reconexión al pueblo judío.

Esta es también la chispa individual de cada judío, más conocida como “píntele yid”, que explica la popularidad del movimiento de baalei teshuvá. Miríadas de judíos asimilados han vuelto a la observancia de Torá, algo imposible de explicar racionalmente.

Al ser residente de Jerusalem, a menudo visito el Kótel, en donde todo el tiempo se me acerca gente haciendo preguntas profundas. Ellos dicen: “Algo en mi interior hace que aquí me sienta conectado”.

En la reunión ocurrida hace miles de años, le fue dicho a cada alma judía: “Serán santos”. Hay una chispa de santidad en todo judío, e incluso si no la vemos, allí está, durmiente, esperando ser encendida para transformarse en una llama.


Notas:

  1. Midrash Tanjumá (Vezot HaBrajá 4).

  2. Capítulo 26.

  3. Talmud – Kidushín 80b. Estas leyes tienen muchos detalles, ver Even HaÉzer cap. 22.

  4. Éxodo 25:11.

  5. Deuteronomio 28:9.

  6. Shabat 31.