Lectura requerida: Éxodo, capítulos 7-12

Introducción

Las Diez Plagas son probablemente la faceta más reconocible del Éxodo. ¿Por qué hubo plagas? El entendimiento simple es que fueron necesarias para convencer a los egipcios de liberar a los judíos. Sin embargo, si ese era el único propósito, entonces con una sola gran calamidad hubiera alcanzado. Por lo tanto, obviamente tiene que haber una lección que aprender de la progresión de las plagas. Y esta lección tiene un mensaje doble, tanto para los egipcios como para los judíos en su calidad de observadores.

  • ¿Cuál es la lección para los egipcios?
  • ¿Cuál es la lección para los judíos?
  • ¿Cuál es la lección que requiere que hayan sido específicamente diez plagas?
  • ¿Cuál es el aspecto único que tienen estas diez plagas?

Trayendo monoteísmo al mundo

Para poder responder estas preguntas, primero necesitamos clarificar el sistema de creencia que tenía el mundo en ese entonces.

La moralidad monoteísta fue presentada al mundo por Abraham y sus descendientes. Abraham trató de diseminar este concepto en el mundo, pero durante este período histórico la civilización estaba inundada de ídolos, con Egipto en el centro de la escena. Por lo tanto, cuando los judíos descendieron al exilio egipcio, se vieron rodeados por aquella cultura idólatra.

En un mundo idólatra, cada fuerza de la naturaleza tiene su propio dios, y cada dios es una fuerza independiente y diferente. Los dioses discuten y luchan, y el hombre queda abandonado a merced de los caprichos y celos de estos ruines personajes. Por lo tanto, no hay un sentido de justicia o piedad, pues cada dios tiene su propia agenda. La idea de un Dios único que controla todas las fuerzas de la naturaleza al mismo tiempo el cual se relaciona con el hombre en un balance de justicia y misericordia no era muy popular en la sociedad egipcia.

La enseñanza para los egipcios fue conocer a Dios. La Torá repite cinco veces que las plagas eran para que los egipcios supieran que Dios es el amo de todo el universo (1).

Lección para los judíos

El profeta Isaías dijo: “Dios golpeó duramente a los egipcios, una plaga y una cura” (2). En otras palabras, para los egipcios las plagas fueron un castigo, mientras que para los judíos fueron una cura. ¿Qué enfermedad espiritual tenían los judíos que necesitaba una cura?

La enfermedad era la asimilación. No era una asimilación cultural, sino que se trataba de la lenta desconexión de los ideales de Abraham. Los judíos de ese entonces, si bien continuaban siendo distinguibles como nación (es decir, no se habían casado con los egipcios), de todas formas habían comenzado a adorar ídolos. Para corregir este problema no era suficiente con demostrar el dominio de Dios en un sentido general, sino que había que mostrarlo de manera detallada y específica. Las Diez Plagas, en su progresión correcta, muestran el poderío de Dios sobre todos los aspectos de la naturaleza.

Pero, ¿por qué necesitamos que las plagan sean diez y que sean específicamente esas para poder curar al pueblo judío de su práctica de idolatría?

Desde la creación hasta la revelación

El Talmud (3) nos enseña una serie de ocasiones en las que encontramos el número diez:

  • Diez enunciados de Dios para crear el mundo.
  • Diez generaciones desde Adam hasta Nóaj.
  • Diez generaciones desde Nóaj hasta a Abraham.
  • Diez plagas.
  • Diez Mandamientos.

De acuerdo al pensamiento cabalista, el número diez es representado por las Diez Sefirot (4). Las sefirot son las diez emanaciones de la presencia de Dios en este mundo. El Talmud profundiza sobre esta idea.

¿Por qué fue el mundo creado con diez enunciados en lugar de ser creado con sólo uno? Para castigar a los transgresores y recompensar a los rectos.

¿Cuál es la conexión entre el número de enunciados y la idea de recompensa y castigo?

Si Dios hubiera creado al mundo con un enunciado, entonces Su conexión con el mundo hubiera sido tan clara y directa que no hubiera dejado lugar para nuestro libre albedrío. En un mundo que está conectado tan directamente con Dios no hay lugar para elecciones. Y por cuanto que el objetivo de la creación es permitirle al hombre elegir servir a Dios, es necesario que existan velos que cubran Su presencia y le permitan al hombre elegir si creer en Dios o no.

Por lo tanto, en lugar de una creación directa, hay una serie de diez emanaciones que crean una distancia y enmascaran la presencia de Dios. Al igual que la distancia entre la Tierra y el Sol mantiene un balance exacto entre la calidez necesaria para sustentar la vida, pero sin estar tan cerca como para incinerarla, asimismo la presencia de Dios también está balanceada en el mundo. Dios está lo suficientemente cerca como para que quienes lo buscan lo encuentren, pero lo suficientemente lejos para que quienes eligen ignorarlo puedan hacerlo.

El número diez da el balance exacto que se necesita.

Diez generaciones

Es axiomático que las acciones de una persona no sólo son personales, sino que impactan en el balance del mundo (6). Las acciones positivas revelan más de la presencia de Dios, mientras que las negativas la ocultan. Cuando pecaron las diez generaciones desde Adam a Nóaj, el balance entre la revelación y la distancia de Dios se dañó de manera irreversible; incluso si se hubiera intentado mejorar la situación, el camino hacia la revelación de la presencia de Dios estaba bloqueado. Eso hizo necesario un nuevo comienzo: el gran Diluvio borró el pasado para recrear el balance a partir de cero.

Después del Diluvio, Nóaj comenzó a reconstruir el mundo. Sin embargo, las diez generaciones desde Nóaj a Abraham volvieron a fallar, causando la misma falta de equilibrio. En ese momento, el mundo debería haber sufrido otro ciclo de destrucción y reconstrucción, pero gracias a su claridad y determinación espiritual, Abraham restituyó el balance. Además, Abraham comenzó el proceso de crear un núcleo estable de humanidad —el pueblo judío—, cuya misión nacional sería ver siempre la mano de Dios.

Cuando los judíos descendieron a Egipto y comenzaron a adorar ídolos, el proceso de desequilibrio volvió a activarse. Ese especial grupo de líderes estaba comenzando a perder su misión. Para reconectar al pueblo judío con Dios se requería de una revelación sobre cómo es que el mundo físico refleja los Diez Enunciados de la creación. Las Diez Plagas revelaron esta verdad y lograron hacer que los judíos redescubrieran esas ideas.

Las diez fuerzas de la naturaleza

Para entender esta idea a cabalidad, examinemos la correlación que hay entre los Diez Enunciados de la creación y las Diez Plagas. El orden entre las plagas y la creación es inverso: dado que la creación pasó de tener la conexión a Dios más cercana posible a la más lejana, las plagas debían ir en la dirección opuesta para poder reconectarnos.

PLAGAS

CREACIÓN

1. Sangre

10. Sustento

2. Ranas

9. Hombre

3. Piojos

8. Animales

4. Bestias salvajes

7. Aves, peces e insectos

5. Plaga

6. Sol y luna

6. Ampollas

5. Vegetación

7. Granizo

4. Continentes

8. Langostas

3. Creación del Cielo

9. Oscuridad

2. Luz

10. Muerte de los primogénitos

1. En el comienzo

Mostrar la correlación exacta entre estos diez elementos va más allá del alcance de este artículo (7), pero aquí hay algunos ejemplos:

  • La penúltima plaga fue oscuridad. El equivalente a esto fue la creación de la luz.

  • La última plaga fue la muerte de los primogénitos. Fue una plaga única, en la que Dios no sólo mostró control sobre la "naturaleza" sino que distinguió sobrenaturalmente quién era primogénito. Esto fue un reconocimiento de que Dios creó el comienzo, asociándose a las primeras palabras de la Torá: En el comienzo.

Por lo tanto, las diez plagas no sólo tuvieron la función de castigar a los egipcios, sino también de clarificarle al mundo en general —y al pueblo judío en particular— la conexión que hay entre Dios y Su mundo. De hecho, este sigue siendo nuestro desafío en la actualidad: usar la manifestación de la mano de Dios a través de la historia y la naturaleza para quitar las capas de ocultamiento y aumentar la consciencia de Dios.


Notas:

1. Éxodo 8:6, 8:18, 9:29, 11:7, 11:9.

2. Isaías 19:22.

3. Avot, capítulo 5.

4. Séfer Ietzirá 1:14.

5. Avot 5:1.

6. Talmud – Kidushín 39b; Maimónides (Teshuvá 3:4).

7. Ver Midrash – Pesikta Rabati 21; Maharal de Praga en Nétzaj Israel capítulo 57.