La biblioteca estaba en absoluto silencio. En el rincón, un lector aburrido bostezaba. Cualquier visitante que se atreviera a toser recibiría una mirada severa del bibliotecario. Todo el ambiente era sumamente frío.

¿Esto te recuerda a las bibliotecas universitarias que conoces? Quizás describe a la mayoría. Ahora, contrástalo con lo que ocurre en un beit midrash, una sala de estudio de Torá.

El gran cuarto está repleto de ruido y emoción; muchos estudian en pareja. Cada miembro de la pareja expresa su opinión, esforzándose para discernir la verdad entre las palabras del Talmud. Se escucha un grito por encima del murmullo regular: un estudiante trata de convencer a su pareja de estudio sobre una perspectiva particular de la ley. Su pareja lo debate y ambos se enredan en una dura batalla intelectual. La emoción en el aire es abrumadora y contagiosa.

¿Qué tiene tan atractivo el estudio de la Torá, para que tantos judíos quieran dedicarle los mejores años de su vida?

El estudio de Torá no es sólo una disciplina, sino un estilo de vida. En su esencia está el deseo del ser humano de relacionarse con el Creador. El Zóhar enseña que Dios observó la Torá como un plano antes de crear el universo.1 La Torá sirve como un medio para que la humanidad se conecte con el Creador, y para que comience a comprender el objetivo del universo. Todo el que haya ejercitado su energía mental en el estudio de la Torá sabe que es algo muy especial. Es la sensación de nutrir al alma.

En un nivel más básico, el estudio de Torá le da a la persona conocimiento respecto a cómo practicar el judaísmo y cumplir las mitzvot. La Torá es el libro de instrucciones para la vida. Nunca le darías a alguien un equipo complejo sin acompañarlo con un manual de instrucciones. Por lo tanto, no tiene que llamarnos la atención que cuando Dios nos dio la vida, el regalo más complejo (y maravilloso) que existe, también nos haya dado un libro de instrucciones: la Torá.

Además, hay otro beneficio observable que surge del estudio de la Torá: la claridad mental que genera el estudio de los antiguos diálogos talmúdicos. Después de un tiempo, uno comienza a entender los asuntos mundanos y los dilemas personales a través de una lente diferente. Es casi como si el estudio de Torá sirviera como un haz de luz que aclara la confusión del mundo actual. Sorprendentemente, esta claridad se obtiene incluso si uno estudia tecnicismos legales que sólo parecen relevantes para las antiguas sociedades babilonias. En el mundo actual, muchos estudios de abogacía alientan a sus jóvenes abogados a ausentarse durante un tiempo para estudiar Talmud, ya que la experiencia demuestra que eso agudiza los poderes analíticos de la mente.

Por todo esto, el pueblo judío es llamado el "Pueblo del Libro", y el estudio de la Torá se considera nuestra "obsesión nacional".2

¿Qué es lo que abarca la Torá?

Cuando Moshé subió al Monte Sinaí, Dios le enseñó tanto la Torá Escrita como la Ley Oral. Dios le dictó la Torá a Moshé, quien terminó de escribir los Cinco Libros antes de morir. Moshé le entregó una copia a cada una de las 12 tribus y puso otra en el Arca del Testimonio. De esta forma, nunca podría cuestionarse la legitimidad del texto de la Torá. Más tarde, los profetas escribieron libros adicionales para completar la Biblia.

Ver una página de la Biblia hebrea.

La Ley Oral era un cuerpo de material que Dios le entregó a Moshé con la instrucción de no escribirla. Esta información debía ser transmitida de generación a generación en su forma oral. Al ser transmitida de un mentor a un alumno, conservaba su vitalidad y elasticidad. No hay nada tan obsoleto como antiguos documentos legales juntando polvo en un estante. Cuando los valores judíos se transmiten oralmente, continúan siendo relevantes para toda sociedad, en cualquier lugar y en todo momento.

Tanto la Torá Escrita como la Ley Oral contienen brillantes sistemas para conservar su precisión e impedir cualquier corrupción. Para ampliar sobre este tema, puedes leer este excelente artículo:

La Torá Oral se mantuvo en su forma exclusivamente oral hasta el primer siglo EC. En ese momento, Rabí Iehudá Hanasí comprendió que la transmisión oral estaba en peligro debido a las persecuciones y la incapacidad de los Sabios de dedicarse de forma ininterrumpida a sus enseñanzas. Con gran coraje, él reunió a todos los eruditos de la época y compiló un bosquejo escrito de la Torá Oral, conocido como la Mishná. Esta obra comprende seis órdenes que tratan sobre todas las áreas de la ley de la Torá. En los siglos siguientes, se compiló el Talmud para comentar y desarrollar la Mishná.

El estudio del Talmud pasó a ser central en todo estudio de la ley judía y de los valores de la Torá. Miles de obras rabínicas se escribieron en base al Talmud. Por lo tanto, el Talmud y sus comentarios conforman una cadena que cubre un milenio de vida judía, sustentando y construyendo a nuestro pueblo tanto en los buenos tiempos como en los más difíciles.

Ver una página del Talmud.

La mitzvá de estudiar Torá

Cada judío debe estudiar Torá a diario.3 No importa cuán ocupada esté una persona, ella debe dedicar algo de tiempo a esta actividad tan importante.4

Todo hombre judío tiene la responsabilidad de saber toda la Torá Escrita y la Ley Oral.5 Además, es responsable de utilizar todo su tiempo libre para tratar de entender la voluntad de Dios.6 La esencia del judaísmo es el crecimiento personal y la adquisición de sabiduría. La Torá es nuestro medio para lograr este noble objetivo.

La obligación de estudiar Torá no se limita a las leyes prácticas, sino que incluye también las secciones que no se relacionan directamente con el mundo actual, e incluso las de naturaleza completamente teorética, porque son expresiones de la voluntad de Dios.

La obligación de una mujer de estudiar Torá se limita a las partes prácticas y pertinentes de la Torá.7 Esta provisión le permite a la mujer utilizar sus propias habilidades en la aplicación de la Torá, y también le deja tiempo libre para expresar su rol natural como mujer (para ampliar sobre este tema, ver Las mujeres y las mitzvot).

Todo padre está obligado a enseñarle Torá a su hijo.8 Si no puede hacerlo él mismo, debe contratar a otros para que lo hagan.9 Además, cada comunidad judía está obligada a asegurar que haya instituciones adecuadas para enseñarles Torá a los niños.10

Sustentar el estudio de la Torá

¿Qué ocurre con la persona que tiene un tiempo limitado para invertir en el estudio de Torá?

Los Sabios nos cuentan que dos de las tribus, Isajar y Zevulún, compartían una sociedad singular. Los miembros de una tribu se dedicaban constantemente al estudio de la Torá, mientras que los de la otra tribu sustentaban económicamente a sus primos estudiosos. Ellos compartían la recompensa por el estudio de la Torá en partes iguales, porque los eruditos no hubieran podido estudiar sin el apoyo de sus benefactores.11 Al sustentar a los estudiosos y a las instituciones de estudio de Torá, cada uno puede volverse un socio en la manutención de este pilar central de la vida judía.

Hay una mitzvá especial de venerar a los eruditos de Torá. Esto lo cumplimos atendiendo a sus necesidades y alivianando su carga financiera. Al hacerlo, demostramos nuestro respeto a la Torá misma. De hecho, esta es la forma en que cumplimos la mitzvá de apegarnos a Dios.12

Condiciones para el estudio

La Torá es la palabra de Dios y su estudio requiere que se valore su gravedad. Esto no excluye el uso del humor. Por el contrario, hubo grandes eruditos de Torá comenzaban sus clases con bromas para capturar la atención de los presentes.13 Sin embargo, al estudiar Torá, no hay lugar para la frivolidad.14

Además, la honestidad intelectual es crítica para tener éxito en la Torá. Uno de los aspectos más cruciales del estudio de Torá es que desafía nuestras asunciones. No permitas que tus ideas preconcebidas te cieguen. Abre tu mente a ideas y perspectivas nuevas. Cuando algo no tenga sentido, enfréntalo. Formula preguntas. En el mundo de Torá, la única pregunta tonta es la que no se hace.

Dado que la Torá es sagrada, no se la puede estudiar en presencia de algo sucio o si hay mal olor15 Obviamente está prohibido estudiar Torá en el baño.16 De hecho, incluso si una persona siente la necesidad de ir al baño, es inapropiado que estudie.17 Tampoco se debe estudiar Torá en presencia de personas que no están vestidas de forma recatada.18

Para ayudarnos a apreciar lo especial que es el estudio de Torá, recitamos dos bendiciones.19 Estas bendiciones las decimos cuando nos despertamos a la mañana, y continúan en efecto hasta que nos vamos a dormir en la noche.20 Esto se debe a que un judío considera que todo su día es parte de una experiencia de crecimiento en Torá. Cuando come, duerme o hace negocios, todo es parte del proceso de crecimiento. Por eso se dice una sola serie de bendiciones cada día.

Incluso si uno duerme una siesta liviana durante el curso del día, no se recitan nuevas bendiciones.21 Sin embargo, de acuerdo con muchas opiniones, ir a dormir en una cama durante el día se considera una interrupción que obliga a recitar nuevas bendiciones.22

Hacer un sium

Ninguna satisfacción se equipara a la del estudio de Torá y, al terminar una porción de la Torá, se siente un placer especial. Por eso, es una mitzvá realizar un sium (comida de celebración) para celebrar la finalización del estudio de una obra de Torá.23

Se puede hacer un sium por completar una obra bíblica24 o un tratado de la Mishná o del Talmud al cual uno se estudió intensamente durante un período extenso de tiempo (a diferencia de una lectura casual).25 En el sium se recita un texto especial, llamado Hadrán, que agradece la oportunidad especial de estudiar Torá y reza para tener más oportunidades similares.

Lo ideal es que en el sium participen por lo menos diez hombres adultos, para poder decir un Kadish especial.26 Esta celebración se considera tan importante que incluso durante los días en que está prohibido comer carne como señal de duelo por la pérdida del Templo,27, en un sium está permitido comer carne.28

La costumbre es que al terminar un libro de la Torá, de inmediato se empiece a estudiar otro, para no dormirnos en los laureles y dejar de esforzarnos para continuar creciendo.29 Además eso demuestra el cariño que sentimos por la Torá al manifestar que nunca nos saciamos de ella. La misma idea se pone en práctica cada año en Simjat Torá, cuando completamos el libro de Deuteronomio e inmediatamente comenzamos a leer Génesis.

En 1923, Rav Meir Shapiro de Lublín (Polonia), inició un programa de estudio diario de Talmud llamado Daf iomí. En la actualidad, decenas de miles de judíos estudian "la hoja diaria", y cada siete años y medio se realiza un sium del Talmud con grandes celebraciones en Jerusalem y en muchos otros lugares del mundo.


Notas:

  1. Zóhar (Trumá 161a)

  2. Más información sobre este tema se puede encontrar en Mishné Torá, de Maimónides, y en Torá Study: A Survey of Classic Sources on Timely Issues del Dr. Leo Levi (Feldheim Publishers).

  3. Rambam (Talmud Torá 1:8)

  4. Rambam (Talmud Torá 1:9)

  5. Shulján Aruj HaRav (Hiljot Talmud Torá)

  6. Rambam (Talmud Torá 4:13)

  7. Ramó Ioré Deá 246:6

  8. Rambam (Talmud Torá 1:1)

  9. Rambam (Talmud Torá 1:3)

  10. Rambam (Talmud Torá 2:1)

  11. Ioré Deá 266:1

  12. Rambam (Talmud Torá 6:1-2)

  13. TalmudShabat 30b, Pesajim 117a

  14. Ibíd.

  15. RamóIoré Deá 246:26

  16. Oraj Jaim 85:2

  17. RamóOraj Jaim 92:1

  18. Mishná Brurá 75:29

  19. Oraj Jaim 47:5

  20. Oraj Jaim 47:10

  21. Oraj Jaim 47:11

  22. Oraj Jaim 47:10-13, con Mishná Brurá 23, 25, 27

  23. RamóIoré Deá 246:26

  24. Shut Igrot Moshé (Oraj Jaim 1:157)

  25. Dáat Torá (Oraj Jaim 551:10); Ialkut Iosef (Vol. V, pág. 569)

  26. Ioré Deá 246:26 con Shaj 27

  27. Ver Leyes de la vida cotidiana – Tishá beav y las Tres semanas

  28. RamóOraj Jaim 551:10

  29. Maharshó (Avodá Zará 19a)