Basado en la serie “Seis mitzvot constantes”, del Rav Nóaj Weinberg


La Torá enumera 613 mitzvot, 613 formas diferentes de desarrollar la espiritualidad y conectarse con Dios. La mayoría de estas mitzvot están limitadas por el tiempo, la persona o la oportunidad. Por ejemplo, comer matzá sólo tiene aplicación durante Pésaj (1). El brit milá sólo se aplica a un bebé varón. Lo mismo ocurre con la mayoría de las mitzvot.

Sin embargo, hay seis mitzvot especiales que cumplimos en todo momento y bajo cualquier circunstancia (2).

1) Saber que hay un Dios

2) No creer en otros dioses

3) Saber Dios es uno

4) Amar a Dios

5) Temer a Dios

6) No desviarse detrás del corazón y de los ojos

Más que el cumplimiento de cierta acción, estas mitzvot son “un estado del ser”, una realidad de vivir con la existencia de Dios. El grado en el cual una persona cumple estas mitzvot determina la cercanía de su relación con Dios.

1) Saber que hay un Dios

El primero de los Diez Mandamientos declara: “Yo soy Hashem tu Dios, quien te sacó de Egipto” (3). Esta es la mitzvá de “saber que hay un Dios”. Tener conciencia de la realidad de Dios es la base del judaísmo (4).

La lógica subyacente a este mandamiento puede ser difícil de entender. Alguien que ya cumple los mandamientos de Dios, obviamente cree en Su existencia. Entonces, ¿qué necesidad hay de ordenar este mandamiento? Y si alguien no sabe que Dios existe, ¡probablemente tampoco aceptará este mandamiento!

¿Para quién es exactamente esta mitzvá?

La Torá nos dice que nuestra creencia en Dios no debe basarse solamente en la fe, sino en la investigación y el entendimiento (5). Para reforzar la fe uno debe investigar, estudiar y analizar la evidencia filosófica (6) de Dios como Creador, Sustentador y Supervisor del universo.

Más allá del entendimiento intelectual de que Dios está en control de todo, también debemos saberlo en nuestro corazón. Como afirma el versículo: “Deberás saber hoy y llevarlo a tu corazón que Hashem es Dios” (7).

Este entendimiento emocional es más profundo, porque afecta los actos de la persona. Un niño puede saltar del borde de una plataforma hacia los brazos de su padre con completa confianza de que su padre lo atrapará. Ese es el nivel de confianza y conciencia que debemos tener de Dios.

Una manera de desarrollar la confianza en Dios es valorar cuánto Él nos ama (8). Lo más cercano con lo cual podemos compararlo es el amor que un padre tiene por un hijo. Sin embargo, nuestro Padre Celestial tiene un amor que excede todo el amor de este mundo.

Confiar en Dios significa entender que Dios sabe qué es bueno para nosotros, y que todo lo que ocurre es para bien. Al ver cuánto Él ya ha hecho por nosotros, sabemos que Él provee a todas nuestras necesidades, como dicen los versículos: “Abre tu boca y Yo la llenaré” (9) y “Tú abres Tu mano y satisfaces el deseo de todo ser vivo” (10).

2) No creer en otros dioses

La segunda de las seis mitzvot constantes (y el segundo de los Diez Mandamientos) nos ordena que no debemos creer en otros dioses, es decir, adscribir poder a ninguna otra cosa fuera de Dios (11). En las sociedades antiguas (y en algunas sociedades modernas) esta prohibición se manifiesta a través de la idolatría. Asimismo, aceptar a cualquier ser como un "mediador" entre Dios y el hombre, es negar la esencia misma del judaísmo (12).

La Torá (13) dice: “No tendrás dioses extraños dentro de ti”. ¿Qué clase de dioses extraños se encuentran dentro del ser humano?

El Talmud (14) identifica a estos dioses extraños como el Ietzer hará, la inclinación humana hacia el mal que nos distrae de la realidad Divina.

Hoy en día, no es raro creer que el dinero, la fama o una computadora rápida es la fuente de la felicidad y del éxito. De esta forma, se niega a Dios como el único poder del universo y es una forma de idolatría.

Otra forma de transgredir esta mitzvá es ignorar el rol de Dios en nuestros logros y en cambio tomarnos todo el crédito para nosotros mismos. Como dice el versículo: “No sea que comas y te sacies (…) la plata y el oro aumenten para ti y todo lo que poseas se incremente; y entonces se ensoberbezca tu corazón y olvides a Dios (…) y digas ‘Mi fuerza y el poder de mi mano han hecho para mí toda esta riqueza’” (15).

Por supuesto, para lograr resultados la persona debe invertir esfuerzo. Pero los materiales, las circunstancias y el resultado final son provistos por Dios. Como dice el versículo: “Recuerda a Hashem tu Dios, pues Él es el que te da el poder para hacer riquezas” (16).

La pregunta es: ¿Cuánto esfuerzo debemos hacer y cuánto debemos confiar en que Dios haga que sea posible? La cantidad exacta de esfuerzo varía de acuerdo con el nivel de confianza en Dios de cada individuo.

3) Saber que Dios es uno

Todos conocen el Shemá, la declaración judía de la unidad de Dios: “Oye Israel, Hashem es nuestro Dios, Hashem es uno” (17). Este versículo se encuentra escrito dentro de los tefilín, en la mezuzá y se recita tres veces por día.

Una de las mayores contribuciones de los judíos al mundo fue la idea del monoteísmo. La diferencia entre un solo Dios y muchas deidades no es simplemente un tema de cantidades. Un único Dios implica una verdad absoluta, y un sistema de justicia y moralidad. Asimismo, “Dios es uno” significa que Él no cambia. Él creó el tiempo y no está sujeto al mismo (18).

Maimónides escribió que la mayor sabiduría que puede alcanzar un ser humano es comprender la unidad de Dios. Esta mitzvá incluye rechazar cualquier noción de pluralidad o partes de Dios. Por lo tanto, el concepto de una trinidad es antitético al judaísmo (19).

¿Qué ocurre con el rol del mal en el mundo? En el pensamiento judío, el mal no es una fuerza independiente. Todos los desafíos son diseñados solamente para sacar a la luz lo mejor de ti. Algo “malo” es una oportunidad para tomar la decisión correcta y acercarnos más a Dios. Y Dios nunca nos da un desafío que sea demasiado difícil de superar (20).

En el servicio de la tarde de Shabat decimos: “Tú eres uno y Tu Nombre es uno, y quién es como Tu pueblo Israel”. Esta plegaria habla del idílico fin de los días, cuando el pueblo judío esté unido en armonía y toda la humanidad reconozca que todo viene de Dios.

4) Amar a Dios

La Torá dice: “Amarás a Hashem tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todos tus bienes” (21).

El amor es el placer emocional de percibir las virtudes del otro. Maimónides escribe: “Una persona sólo puede amar de acuerdo con el grado en que conoce el objeto de su amor. Si lo conoce un poco, puede amarlo un poco. Si lo conoce mucho, puede amarlo mucho” (22).

En un aspecto, la mitzvá de “amar a Dios” es sencilla, porque todo lo relativo a Dios es virtuoso (23). Sin embargo, el desafío es desarrollar los medios a través de los cuales “conocer” a Dios.

Una manera de estar en mayor contacto con Dios es estudiar las maravillas de la naturaleza. Maimónides escribe: “Cuando una analiza los maravillosos actos de la creación Divina, y ve en ellos un genio que no tiene comparación, entonces de forma automática amará, alabará, glorificará y deseará profundamente conocer la grandeza de Dios” (24).

Todavía más, cuando una persona considera todo el bien que Dios hace constantemente para ella, de forma natural sentirá que lo dominan sentimientos de amor (25).Dios creó el universo sólo para nuestro beneficio (26). Él te dio cada fuerza y cada capacidad. Él te ayuda a encontrar un trabajo, a encontrar esposa, a construir un hogar. Él te mantiene respirando (27) y te da la vida misma.

Los Sabios instituyeron las bendiciones para ayudarnos a cumplir este propósito (28). Alabamos a Dios al comer, al cumplir mitzvot y cuando experimentamos eventos del ciclo de vida.

Asimismo, en un nivel nacional, valoramos que Dios hizo a los judíos el pueblo eterno y nos dio a cada uno de nosotros esta valiosa herencia.

Otra forma de amar a Dios es a través del estudio de la Torá (29). La Torá es el Manual de Dios para la humanidad, la máxima fuente de sabiduría. Mientras más uno estudia la Torá y cumple las mitzvot, más llega a apreciar la perfección, consistencia y armonía del sistema de Dios (30).

Amar a Dios es una mitzvá constante, porque uno debe estar constantemente ocupado buscando la cercanía a Dios. Maimónides compara esto con el intenso anhelo que un hombre siente por una mujer (31). Debemos estar tan involucrados en el deseo de apegarnos a Dios que no quede lugar para ninguna otra cosa. Y debemos estar dispuestos a sacrificar todo por Dios (32). Esto no significa que debamos negar nuestro amor por la familia, por las cosas bellas, etc. Pero tenemos que tomar esos deseos, construir sobre ellos y volver a conectarlos con la Fuente máxima.

5) Temor a Dios

La Torá nos dice que constantemente debemos sentir temor a Dios (33).

Imagina que hay cámaras ocultas monitoreando tu progreso a lo largo de la vida. Serás responsable por cada acto y por cada elección. ¿Estás aprovechando las oportunidades de la vida o las estás desperdiciando? Con Dios, todo queda grabado y, tarde o temprano, tendrás que responder por tus actos. Esto sirve para evitar caer en errores no pensados (34).

El temor a menudo es malentendido como una emoción completamente negativa. Pero en verdad el temor sólo es negativo cuando una persona trata de atemorizar y controlar a otra. Sin embargo, temer a la realidad (la posibilidad de perderse oportunidades) es un gran motivador para llevarnos a donde deseamos llegar. A menudo decimos: “Quiero ser bueno, pero no quiero hacer el esfuerzo”. El temor te motiva a hacer lo necesario.

Cuando una persona muere y va al cielo, el juicio no es arbitrario ni impuesto de forma externa. Por el contrario, cada decisión y cada pensamiento, todos los buenos actos y todas las cosas vergonzosas que hemos hecho en privado son revisados sin adornos (35).Por eso, el Mundo Venidero es llamado Olam HaEmet, el Mundo de la Verdad, porque allí se ven claramente nuestras fuerzas, nuestros defectos y el verdadero propósito de la vida (36).

Camina teniendo constantemente esta consciencia. Esto puede motivarte a llegar a la grandeza.

6) No desviarse detrás del corazón y de los ojos

Nuestro mundo está repleto de estímulos sensoriales: televisor, radio, carteles de anuncios, Internet, todo diseñado expertamente para despertar nuestros instintos viscerales.

Sin embargo, la Torá nos dice: “No debes desviarte detrás de tu corazón ni detrás de tus ojos” (37). La idea judía es seguir la lógica, no los antojos. Y precisamente debido a que la atracción de los sentidos es tan fuerte, enfrentamos constantemente el desafío de fortalecernos a nosotros mismos y no desviarnos (38).

Si leemos con atención el versículo, veremos que en hebreo dice: “No debes desviarte detrás de tus corazones”, en plural. En el pensamiento judío, los seres humanos tienen dos “corazones”. Nuestra alma Divina, el Ietzer Hatov, quiere que hagamos todas las cosas correctas: amar a la humanidad, buscar la justicia, ser altruistas, sensibles, honorables y responsables. Quiere que crezcamos, tengamos logros y desarrollemos nuestro potencial. En definitiva, busca emular y conectarse con la fuente infinita y eterna, con Dios.

Sin embargo, los seres humanos también tenemos un cuerpo, un “alma animal” a la cual nos referimos como el Ietzer Hará. Él busca la satisfacción inmediata, escaparse a un mundo de confort. El cuerpo quiere comer, dormir, placeres. Su destino es la tumba.

En cada momento de decisión, la persona debe preguntarse: ¿Qué desea mi alma y qué desea mi cuerpo?

Considera la metáfora de un auto y un conductor. Tienes que mantener tu auto en buenas condiciones mecánicas y debes ponerle nafta de buena calidad. Si abusas de tu auto, no te llevará a dónde quieres ir. Pero, por supuesto, que el auto no es más importante que el conductor. Alguien que descuida a su familia y en cambio pasa horas puliendo su auto, tiene un problema en sus prioridades.

Así también ocurre con el cuerpo y el alma. Hay que mantener al cuerpo sintiéndose bien para que el alma pueda enfrentar los mayores desafíos de la vida. Pero no se debe ser indulgente en los placeres físicos por sí mismos. Hay que controlar la cantidad y usarlos en el momento correcto y por la razón adecuada. Volverse dueño de lo material y no a la inversa. De esta forma el placer físico se vuelve un escalón para llegar a placeres más elevados.

Cuando nos dedicamos a hacer cualquier actividad física (comer, trabajar, entretenimiento), debemos preguntarnos a nosotros mismos: ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Cuál es el objetivo? ¿Esto me acercará o me alejará de Dios?

Esta mitzvá incluye el requerimiento de evitar aquellos pensamientos que puedan alejar a la persona de Dios (39). Trata de mantenerte alejado de material de lectura (40) y de situaciones sociales (41) que puedan dañarte espiritualmente.

La clave es evitar las tentaciones. Si estuvieras haciendo dieta, no tendrías en tu casa una torta de chocolate. De la misma manera, si deseas que tus ojos y tu mente permanezcan donde pertenecen, en primer lugar debes evitar situaciones comprometidas.


Notas:

(1) Oraj Jaim 18:1

(2) Biur Halajá 1:1, basado en la introducción del Sefer HaJinuj

(3) Éxodo 20:2

(4) Rambam (Iesodei HaTorá 1:6)

(5) El Kuzari 5:21; Radak (Isaías 40:26); Sefer Jasidim 14

(6) Moré Nevujim 3:51; Jovot HaLevavot 1:30

(7) Deuteronomio 4:39; plegaria Alenu

(8) Jovot HaLevavot 4:2 (Shaar HaBitajón)

(9) Salmos 81:11

(10) Salmos 145:16

(11) Éxodo 20:3; Rambam (Iesodei HaTorá 1:6)

(12) Rambam (Iesodei HaTorá 1:6, Avodá Zará 1:1). Manual de pensamiento judío (Volumen I, 1:14-15)

(13) Éxodo 20:2, con Ibn Ezra y Rambán; Sefer HaJinuj 26

(14) Shabat 105b

(15) Deuteronomio 8:12-17

(16) Deuteronomio 8:18

(17) Deuteronomio 6:4

(18) Malaji 3:6; Rambam (Iesodei HaTorá 1:10-11)

(19) Emunot VeDeot 2:5-7; Moré Nevujim 1:50

(20) Rashi, Salmos 147:17; cf. Mijtav MeEliahu (vol, 3, pág. 293)

(21) Deuteronomio 6:5

(22) Rambam (Teshuvá 10:6)

(23) Salmos 145:17

(24) Rambam (Iesodei HaTorá 2:2)

(25) Reshit Jojmá (Shaar HaAhavá 9 82c); Sefer Jasidim 31

(26) Derej Hashem 1:2:1

(27) Devarim Rabá 2:26

(28) Sefer HaJinuj 430

(29) Rashi (Deuteronomio 6:6); Reshit Jojmá (Shaar HaTeshuvá 6c 123c)

(30) Cf. Rambam (Iesodei HaTorá 2:2)

(31) Rambam (Teshuvá 10:3)

(32) Brajot 61b; Sefer Jasidim 14

(33) Deuteronomio 10:20

(34) Rambam (Avot 1:3); Tosfot (Sotá 22b)

(35) Talmud – Kidushin 39b; Avot 2:1

(36) Talmud – Pesajim 50 a; Baba Batra 10b

(37) Números 15:39

(38) Sefer HaJinuj 387

(39) Rambam (Avodá Zará 2:3)

(40) Rambam (Avodá Zará 2:3)

(41) Talmud – Avot 1:7