En la Biblia, Iaakov era una persona sumamente rica. Sin embargo, él puso su vida en peligro al cruzar solo el río Iabok para recuperar unas pequeñas vasijas que había olvidado (1). ¿Por qué alguien que tenía tantas riquezas se preocuparía por algo pequeño?

Todavía más, en muchos lugares en las plegarias judías (por ejemplo, la bendición del nuevo mes), le pedimos a Dios que nos provea posesiones materiales y riqueza. Si la Torá es una guía espiritual, ¿Por qué son tan importantes los aspectos materiales?

La respuesta a estas preguntas es que los bienes materiales son un medio, no un fin en sí mismos (2). Para facilitar nuestro crecimiento espiritual, Dios nos otorga diversos recursos, tales como dinero, bienes raíces, etc. Si nosotros comprendemos que cualquier recurso material debe ser utilizado en el proceso de acercarse a Dios, entonces seremos cuidadosos de no malgastar nuestros recursos.

Esfuerzo vs. Predestinado

Los filósofos judíos enfrentan un enigma peculiar. Por un lado, Dios provee sus necesidades a toda la humanidad. De hecho, el Talmud enseña que los ingresos de la persona para todo el año se determinan en Rosh Hashaná (3). En otras palabras, no podemos incrementar nuestras ganancias y beneficios más allá de lo que fue decretado y predestinado.

Por otro lado, la Torá nos alienta a buscar una fuente de manutención razonable haciendo el esfuerzo necesario; a pesar de que no es nuestro esfuerzo lo que nos dará dividendos. Por lo tanto, sin importar cuánto la persona se esfuerce, debe creer firmemente que Dios controla sus finanzas. Esta búsqueda forma parte del proceso de crecimiento espiritual (4).

Ahora podemos entender por qué es fútil dedicarse a cualquier actividad comercial prohibida. Si todas nuestras ganancias vienen de Dios, Él por cierto no nos dará más si hacemos trampa o nos aprovechamos de otros. Incluso en una sociedad en la cual muchos se dedican a prácticas comerciales indebidas, debemos controlar nuestra inclinación a hacerlo. Cuando vivimos de acuerdo con los principios judíos, sin duda hallamos gracia a los ojos de Dios (5).

Todavía más, de acuerdo con las fuentes místicas, todo el que gana dinero por medios corruptos deberá reencarnar de alguna forma para devolver esos fondos de los cuales se apropió de forma indebida (6).

¿De quién es el dinero?

Tal como los recursos materiales son parte de nuestra misión en el servicio a Dios, así también está prohibido desear los bienes de otra persona (7). Asimismo, no se puede presionar a otra persona para que te venda algo que posee (8), incluso si se le ofrece un precio alto. Incluso está prohibido pensar cómo adquirir la propiedad de otra persona bajo presión (9).

Itzjak colecciona estampillas raras. Hay una estampilla muy valiosa que trató de conseguir durante muchos años. Finalmente supo que había un coleccionista que tenía esa estampilla. Pero esta persona no tiene el mínimo interés en vender la estampilla. Itzjak no tiene permitido hacerle una oferta que “no podrá rehusar”. Ni siquiera tiene permitido pensar cómo presionarlo para que la venda. Itzjak debe aprender a estar satisfecho y feliz con las oportunidades que se le presentan en el camino.

La letra de la ley

Las leches financieras judías difieren significantemente de la ley secular. La ley civil está diseñada para proteger los derechos de las personas y evitar que otros infrinjan esos derechos. Pero la ley judía, que nos enseña cómo comportarnos de una forma similar a Dios, contiene una dimensión completamente diferente.

En consecuencia, hay dos niveles en los asuntos comerciales. Está lo que es estrictamente “la letra de la ley”, es decir, aquello que se puede obligar a cumplir en una corte de ley judía. Pero hay otra dimensión, llamada lifnim mishurat hadin (literalmente: más allá de la letra de la ley). Esto se refiere a situaciones en las cuales las leyes básicas se inclinan a tu favor, pero de todas formas lo correcto es ceder a la otra parte; es decir: ir más allá de la letra de la ley (10).

Dado que toda la riqueza viene de Dios, no podemos perder nada si nos comportamos con los demás de la forma debida en asuntos económicos, incluso si no es algo que la ley requiere técnicamente. De hecho, el Talmud dice que Jerusalem en parte fue destruida porque los judíos observaban las leyes técnicas, pero no iban más allá de la letra de la ley (11).

Tengamos en cuenta que nadie desea que Dios lo juzgue en un nivel técnico. Esperamos que Él manifieste misericordia y nos dé un margen más allá de la letra escrita (12). Existe un principio general que dice que de la misma manera que tú te relacionas con los demás, Dios se relaciona contigo. Por lo tanto, una buena forma de obtener misericordia Divina es ir más allá de la letra de la ley al relacionarnos con los demás.

Nota: Esta clase presentará los principios generales de las leyes financieras judías y no la plétora de detalles que existen en cada caso. Asimismo, esta guía discute la obligación técnica y, como hemos dicho, en muchos casos lo adecuado es ir más allá de la letra de la ley. En las situaciones de la vida real, es importante consultar con un Rabino para obtener un dictamen práctico.

Comprar y vender

Está prohibido darle a un vendedor la impresión de que estás interesado en comprar algo si no tienes interés en hacerlo (13). Eso eleva en falso sus esperanzas de hacer una venta. Si no tienes interés en comprar algo, puedes decir: “Hoy sólo estoy mirando”.

Al comprar algo, es importante saber en qué momento el producto se considera propiedad del comprador. La ley judía acepta cualquier forma de adquisición que es aceptada convencionalmente en el lugar como la concreción de una transacción. La forma de adquisición más común es cuando el comprador levanta el objeto y lo mueve en su dirección. En algunas situaciones, por ejemplo en el intercambio de diamantes, un apretón de manos puede ser suficiente para completar una adquisición (14).

Si una persona paga (en parte o por completo) por un producto, pero todavía no hizo una adquisición formal, el ítem sigue perteneciendo al dueño original. Sin embargo, está prohibido que ninguna parte reniegue del acuerdo (15).

Si se efectúa un acuerdo verbal para comprar o vender algo, aunque la venta no tiene efecto hasta que se lleva a cabo la adquisición, de todas maneras el acuerdo debe mantenerse (16).

David acepta venderle a Shaúl su casa por determinado precio, pero todavía no escribieron nada concreto. Poco tiempo después, otro posible comprador le ofrece a David más dinero. La casa sigue perteneciendo a David, pero él debe mantener su palabra y venderla a Shaúl por el precio que habían acordado (17).

Si un vendedor por error le da a un cliente menos cambio del que debía, es responsabilidad del vendedor contactarse con el cliente para corregir el error (18).

Si el comprador descubre que el producto que compró es defectuoso, tiene el derecho de exigir que le devuelvan el dinero o que le cambien el producto (19). No importa si el vendedor tenía conciencia del defecto (20). En la ley judía esto es así incluso si el ítem fue utilizado muchos años antes de descubrir la imperfección. Sin embargo, si el comprador siguió usando el ítem después de descubrir el defecto, pierde su derecho a cualquier reclamo (21).

Si surge una duda respecto a si el defecto ocurrió antes o después de que el comprador tomara posesión, el cliente es el encargado de llevar las pruebas (22).

Por supuesto, si el comprador sabía en el momento de la compra que el objeto era defectuoso, no puede devolverlo (23). Asimismo, si él no examinó el producto pero le hubiera resultado muy sencillo hacerlo, ha perdido su derecho a devolución(24). (A menos que le hayan dicho específicamente que los ítems no estaban dañados) (25).

A veces es difícil determinar si una pequeña imperfección es suficientemente significativa como para considerar que un ítem es “defectuoso”. Por ejemplo, ¿cómo consideraríamos una pequeña raspadura en un gran mueble? Esta clase de asuntos se resuelven basados en los estándares de la sociedad. En otras palabras, si el público en general considera que eso es un defecto, entonces el vendedor debe cambiar el objeto o devolver el dinero (26).

¿Qué ocurre cuando un producto no es defectuoso pero no cumple exactamente con las especificaciones que el comprador pensó que estaba adquiriendo? Si la diferencia es significativa, la compra queda anulada (27). Por ejemplo, si alguien ordena una prenda de cierta medida y recibe una medida diferente, puede exigir un cambio o que le devuelvan el dinero (28).

Competencia y publicidad

La Torá aboga por el libre comercio. Está permitido abrir un comercio que compita con una empresa que ya existe, siempre y cuando el nuevo empresario viva en el barrio en el cual abre su negocio (29). De hecho, incluso está permitido mudarse a otro barrio para abrir allí un comercio similar a uno que ya existe en la zona (30).

Durante más de 25 años Shmuel tuvo una tienda de cebo cerca de la Bahía. Los pescadores conocían su negocio y se ganaba confortablemente la vida. Una mañana, le llamó la atención que al lado de su local abriera un nuevo comercio llamado “Aliento cebado”. Entró sorprendido y descubrió que vendían los mismos productos y a los mismos precios. Si el dueño del nuevo comercio vive en el barrio, Shmuel no tiene un caso legal en su contra.

Si el dueño del nuevo comercio vive en otra área, el comercio de todas maneras puede abrirse si en definitiva provee un beneficio a los residentes locales. Por ejemplo, si el nuevo comercio ofrece precios más bajos o mejores productos o servicios, tiene permitido abrir en un lugar donde ya existe un comercio similar (31).

La Sra. Robinson estaba furiosa. Ella le gritó al dueño de la tintorería “El pavo real”: “¡Esta es la segunda vez que pierden mis prendas, y la ropa que devuelven tiene más manchas que antes de traerla!”. El dueño de la tintorería se encogió de hombros. Todos tienen quejas contra su comercio, pero no hay otra tintorería en el pueblo.

Un día, el dueño de la tintorería se sorprende al ver que en la otra esquina abrió una nueva tintorería. La tintorería “A su servicio” pertenecía a un empresario de otro pueblo que deseaba abrir una nueva sucursal. El servicio era superior y los precios más accesibles. La tintorería “El pavo real” tuvo que cerrar, sin poder reclamar nada al nuevo negocio.

Algunas formas aceptables de competencia comercial son:

  • Poner precios más bajos que la competencia (32).

  • Ofrecer regalos especiales a los nuevos clientes (33).

  • Realizar una campaña publicitaria agresiva (positiva) (34).

“Publicidad positiva” significa que está permitido señalar las ventajas de tu producto, pero no lo negativo de los competidores, incluso si es verdad (35).

Algunas afirmaciones aceptables (si son verdaderas) son:

  • “Mis materiales son los mejores que hay disponibles”.

  • “Nuestros precios son menores que los de otros vendedores”.

Algunas afirmaciones no están permitidas, incluso si son verdaderas:

  • “Ellos usan material inferior”.

  • “Ellos cobran de más” (36).

Precio excesivo y precio bajo

Si un comprador ofrece por un ítem un precio que es significativamente superior al precio del mercado, el vendedor debe informarle que es así (37). Si de todas maneras él está dispuesto a pagar ese precio, la venta está permitida.

Asimismo, si un vendedor ofrece a la venta un ítem por un valor significativamente menor a su valor, el posible comprador debe asegurarse de que el vendedor sabe que es así (38).

Brian quería comprar un auto usado. Un aviso en la sección de clasificados del periódico local lo llevó hasta la casa de Sara. Aparentemente, el esposo de Sara había fallecido hace poco tiempo y ella quería vender el auto porque ella no conducía. Brian se sorprendió del precio que ella pedía, significativamente menor que el precio del mercado. Él debe informarle a Sara que es así (393939)

Respecto a los precios: está prohibido cobrar más por bienes o servicios simplemente porque el comprador los precisa desesperadamente (40). De hecho, tal transacción puede ser anulada a posteriori a pesar de que ambas partes hayan estado de acuerdo al efectuarla (41).


Notas:

(1) Talmud – Julín 91a

(2) Derej Hashem 1:4:4

(3) Beitzá 16a

(4) Mijtav MeEliahu (volumen I, pág. 195)

(5) Ver Haemek Davar (Deuteronomio 5:17)

(6) El Jafetz Jaim en Sefer Sefat Tamim (capítulos 3-4)

(7) Deuteronomio 5:18; Joshen Mishpat 359:10

(8) Joshen Mishpat 359:11

(9) Ibíd.

(10) Rashi (Deuteronomio 6:18)

(11) Baba Metzía 30b

(12) Ver Talmud – Avodá Zará 4b

(13) Joshen Mishpat 228:4

(14) Joshen Mishpat 201:2

(15) Joshen Mishpat 204:4

(16) Joshen Mishpat 204:7

(17) Basado en el Ramó – Joshen Mishpat 204:10. Hay otros factores que pueden llegar a afectar esta halajá.

(18) Wagschal (pág.15)

(19) Joshen Mishpat 232:3

(20) Pitjei Joshen 4:12:3

(21) Joshen Mishpat 232:3

(22) Joshen Mishpat 224:1

(23) Ver Joshen Mishpat 232:9-10

(24) Sma 232:10

(25) Mishpatei HaLevi 2:1:6

(26) Joshen Mishpat 232:6

(27) Joshen Mishpat 232:3

(28) Kneset HaGuedolá (Hagohat HaTur 332:12)

(29) Joshen Mishpat 156:5

(30) Ramó – Joshen Mishpat 156:7

(31) Ramó – Joshen Mishpat 156:7

(32) Joshen Mishpat 228:18. Sin embargo, algunas autoridades prohíben bajar los precios de tal forma que obliguen a la competencia a cerrar su negocio

(33) Ibíd.

(34) Mesilat Iesharim (cap. 11)

(35) Joshen Mishpat 228:6

(36) Wagschal pág. 26

(37) Aruj HaShulján 227:1

(38) Ibíd.

(39) Joshen Mishpat 227:24

(40) Joshen Mishpat 227:7

(41) Ibíd.