Introducción

Algunos piensan erróneamente que la base del judaísmo son los rituales religiosos: la plegaria, kashrut, Shabat. Si bien estas cosas son vitales, el comportamiento de la persona con los demás ocupa quizás un lugar aún más importante (1).

Cuando el Talmud habla sobre las características judías, no lo hace en términos de la observancia ritual, sino que adopta un criterio humano: “Las personas (judías) poseen tres características: son misericordiosas, modestas y hacen actos de bondad” (2). Maimónides incluso llega a declarar que la crueldad es una razón para sospechar sobre el linaje judío de la persona (3).

Consideremos la confesión de “Al jet” que ocupa un lugar principal en el servicio de Iom Kipur. Esta confesión consiste primordialmente en transgresiones éticas-morales: falta de honestidad, engaño, calumnia y falta de bondad, y no transgresiones rituales.

Al enfatizar la prioridad Divina sobre los valores, el Talmud nos enseña que la primera pregunta que se le formulará a la persona cuando se presente para su juicio final es: “¿Fuiste honesto en tus negocios?” (4).

Una persona religiosa que es honesta en sus negocios y habla de forma placentera a los demás, los inspirará a profundizar su propio respecto y compromiso con la Torá (5). Esta es una gran santificación del Nombre Divino. En cambio, cuando una persona religiosa se comporta de forma poco honorable, eso se considera una profanación del Nombre Divino (Jilul Hashem), una transgresión de terrible magnitud espiritual (6).

Es interesante que los mayores enemigos de los judíos han reconocido que la ética es parte de nuestro legado. Adolf Hitler odiaba el mensaje judío de ayudar a los necesitados porque el mismo contradecía por completo lo que él deseaba que fuera el mundo. Como dijo Hitler:

“La Providencia ha ordenado que yo sea el mayor liberador de la humanidad. Estoy liberando al hombre de los límites de una inteligencia que se ha apoderado del poder, de la suciedad y la degradación de la automortificación, de una visión falsa llamada consciencia y moralidad… La consciencia es un invento judío; es un defecto al igual que la circuncisión” (7).

Ahora examinaremos algunas formas de maximizar nuestro comportamiento ético. Porque como dijo el Rey Salomón: “Debes hallar favor y entendimiento en los ojos de Dios y de la humanidad” (8).

Amor al prójimo

El Talmud cuenta que un no judío le dijo al gran sabio Hilel que estaba dispuesto a convertirse si le enseñaba toda la Torá mientras estaba parado sobre un solo pie. Hilel aceptó este extrañó pedido y le dijo: “No le hagas a tu amigo aquello que detestas que te hagan. Esa es toda la Torá, el resto es comentario. Ahora ve y estúdiala” (9).

Dios nos ordena: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (10). Pero esta parece ser una demanda absurda. ¿Acaso alguien realmente puede amar a los demás tanto como se ama a sí mismo? ¿Algo así es posible?

Todavía más, el Talmud dice que si viajas por el desierto y sólo hay agua para que sobreviva una persona, debes beberla tú y no darle de beber a otro (11). La Torá no espera que antepongamos la supervivencia de otro antes que la propia. De hecho, por lo general está prohibido hacerlo (12). Por lo tanto, debe haber otra forma de entender la mitzvá de “ama a tu prójimo como a ti mismo”.

El verdadero significado de “ama a tu prójimo como a ti mismo” es ir más allá de tu mentalidad personal y apreciar de dónde vienen los demás. Entender las necesidades y las sensibilidades de personas con historias diferentes a las propias, y reconocer que en tal caso también tú hubieses tenido esas necesidades. Todos tomamos nuestras dificultades muy en serio. “Ama a tu prójimo como a ti mismo” nos ordena que debemos empatizar objetivamente con la situación de la otra persona, como si estuviéramos en el mismo bote (13).

El truco es equilibrar esta obligación con nuestras propias necesidades importantes.

Considera este ejemplo: Dos personas se sientan a comer y hay tres porciones de pan. Cada una toma una porción y queda otra sobre la mesa. ¿Quién la recibe?

La respuesta no es simplemente “dividirla”. El concepto de “ama a tu prójimo como a ti mismo” dice que se debe ser lo más objetivo posible. Hay muchos factores a considerar: ¿Quién tiene más hambre? ¿El metabolismo de cuál de los dos requiere más comida? ¿Quién es más probable que tenga la oportunidad de volver a comer pronto?

Como puedes ver, cada situación requiere mucho pensamiento y sensibilidad respecto a las necesidades de los demás, sin perder de vistas nuestras propias necesidades.

Prestar atención a las necesidades

Cuentan que dos campesinos borrachos estaban conversando una noche. Uno dijo:

—Amigo, ¿tú me quieres?

—Seguro que te quiero —le respondió el otro.

—Entonces dime qué es lo que me falta en la vida.

—¿Cómo puedo saberlo? —le dijo su amigo.

—Si no sabes qué es lo que me falta en la vida, entonces no me amas de verdad —le dijo el primer borracho (14).

“Amar a tu prójimo como a ti mismo” es empatizar con las necesidades del otro.

¿Pero qué ocurre cuando no sentimos esa empatía? ¿Cómo desarrollamos esas sensibilidades? El antídoto es darle al otro. Mientras más nos esforzamos por hacer bondad para los demás, más desarrollamos la empatía (15).

Rav Zelig Pliskin, en su libro “Ama a tu prójimo”, enumera 41 formas de cumplir la mitzvá. El tema subyacente es efectuar un esfuerzo proactivo para encontrar personas que tengan necesidades y ayudarlas (16):

  • Visitar al enfermo (17).

  • Consolar a los deudos (18).

  • Enterrar al muerto (19).

  • Dar ánimo a alguien que está triste o solitario.

  • Proteger a otros de un daño (20).

  • Trabajar no sólo para obtener una ganancia, sino para ayudar a los demás

  • Mostrar preocupación por las necesidades económicas de otras personas (21).

  • Elogiar de forma significativa a los demás

  • Sentir alegría por la buena fortuna de otras personas

  • Compartir buenas noticias

  • Recibir huéspedes (22).

  • Contribuir a la alegría de los que se casan (23).

Si eres agraviado

¿Qué ocurre si un pariente hace un comentario sarcástico, si un vecino es particularmente molesto o si un socio se aprovecha de ti? ¿Simplemente debes ofrecer la otra mejilla y permitir que se aprovechen de ti?

Ese no es el enfoque judío. La Torá provee soluciones prácticas para los problemas interpersonales y no espera que simplemente toleremos cuando nos lastiman (24). Si eres capaz de ignorar el comentario, ese es el enfoque ideal. Pero si no es posible, está prohibido guardar dentro de tu corazón sentimientos negativos (25).

Si alguien nos menosprecia, debemos acercarnos sin buscar una confrontación, y nunca delante de otras personas (26). Esto obtendrá resultados sorprendentemente positivos. A menudo, el acto ofensivo fue el resultado de un malentendido, o el ofensor estaba pasando una situación particularmente difícil. Al acercarnos de una manera pacífica podemos lograr reparar la relación. Si guardas en tu interior el enojo, eso puede provocar tensión en la relación o, todavía peor, en algún momento probablemente llegarás a estallar.

En el caso de una disputa económica, no guardes resentimiento y no le grites a la otra parte. Trata de negociar y llegar a un compromiso. Si no lo pueden resolver pacíficamente entre ustedes, busquen la mediación de un beit din (una corte rabínica). Este es el camino de la Torá para resolver los conflictos.

¿A quién debemos amar?

La mitzvá de amar al prójimo se aplica a toda la humanidad (27). Un judío tiene una responsabilidad especial de amar a otros judíos (28).

Además, es especialmente importante amar a los conversos sinceros al judaísmo (29). Los conversos son particularmente amados ante los ojos de Dios (30), y debemos ser cuidadosos de no herirlos ni ofenderlos de ninguna manera (31).

La Torá también requiere ser especialmente sensibles con las necesidades de las viudas y de los huérfanos (32). Ellos sufrieron una tragedia y tienden a ser particularmente sensibles. Se les debe hablar gentilmente y tener mucho cuidado de no lastimarlos (33).

En general, la Torá espera que seamos especialmente sensibles con aquellos más necesitados (34). Debemos relacionarnos con ellos tal como desearíamos que nos trataran a nosotros si estuviésemos en esa situación.

¡No provoques dolor!

La Torá prohíbe causar dolor innecesario a los demás (35). Esto está prohibido incluso si se trata de un dolor menor y si fue causado sin intención. Cualquier comentario doloroso es una transgresión de este mandamiento. Por ejemplo, uno no puede recordarle a la persona sus malos actos del pasado (36) o señalarle sus defectos (37). También es incorrecto llamar a alguien con un apodo denigrante (38), incluso si la persona no se opone.

Como consecuencia de esta idea de no dañar a los demás, no se puede entrar a un negocio y fingir estar interesado en comprar un objeto que estás seguro que no vas a comprar (39). Hacer esto es similar a “robarle al otro los pensamientos”, porque despierta falsas expectativas en el vendedor. (Obviamente que si sinceramente estas interesado en un objeto, no estás obligado a comprarlo).

Avergonzar a alguien se considera un crimen terrible, similar al asesinato (40). Los Sabios enseñan que alguien que provoca una vergüenza innecesaria a otro pierde su porción en el Mundo Venidero (41). La gravedad de avergonzar a alguien se profundiza cuando se lo hace en presencia de otras personas (42).

El marido debe ser sumamente cuidadoso de no provocar dolor a su esposa (43), y en especial de no hacerla llorar (44).

Está prohibido vengarse o guardar resentimiento (45).

Marcos está construyendo unos estantes y le pidió prestado el destornillador eléctrico a su vecino Samuel. Samuel le dijo que “no”. A la semana siguiente, Samuel le pidió a Marcos que le prestara la escalera. Marcos recordó que Samuel no le quiso prestar el destornillador. Si por esa razón Marcos se niega a prestársela, está transgrediendo la prohibición de vengarse.

Ahora cambiemos un poco el escenario:

Samuel le pide a Marcos que le preste la escalera y Marcos, al recordar que Samuel no le quiso prestar el destornillador eléctrico una semana antes, le dice: “Seguro, te voy a prestar la escalera porque no soy tan avaro como tú”. De esta forma transgrede la prohibición de “guardar resentimiento”

Juzgar Favorablemente (46)

Recuerda la última vez que te acusaron falsamente. ¿Cómo te sentiste? La Torá no nos permite acusar a otros basándonos en evidencia circunstancial. De hecho, quien acusa en falso a otro de un crimen a veces puede ser sujeto a castigo corporal (47). Si erróneamente culpaste a alguien, debes pedirle perdón y darle una bendición significativa (48).

No sólo está prohibido acusar en falso, sino que ni siquiera se le puede atribuir mentalmente la culpa a una persona inocente (49). Esto no significa que debemos ser ingenuos y asumir que todos tienen buenas intenciones al actuar. Por el contrario, la Torá quiere que seamos realistas al evaluar a los demás. Pero debemos buscar circunstancias mitigantes y no saltar a adoptar conclusiones negativas (50).

¿Hasta qué grado tenemos que esforzarnos para juzgar favorablemente? Eso depende del estatus ético y moral del supuesto transgresor (51).

Por ejemplo, si ves que un judío observante entra a un restaurante no kasher, no asumas que es un hipócrita. Es posible que necesite usar el baño o el teléfono. Por otro lado, si ves a un judío abrir una hamburguesa con queso y comerla, no necesitas asumir nada diferente a lo que parece. En ambos casos, podemos concluir la posibilidad más realista.

De todas formas, incluso bajo las más extenuantes circunstancias, es mejor tender hacia el enfoque que sugiere lo mejor de las personas (52).

Un reproche amable

Si vemos que otro comete un error o se aleja del camino, tenemos la obligación de tratar de ayudarlo a corregir su transgresión (53). Por supuesto, esto se debe hacer en privado y con palabras amables (54). Sólo se puede reprochar a otra persona si lo que nos motiva a hacerlo es su propio beneficio (55). Si sabemos que nuestras palabras caerán en oídos sordos, entonces tenemos la misma obligación de no decir nada (56).

Quien tiene la capacidad de influir sobre los demás y no lo hace, comparte la responsabilidad por los errores de los demás (57). Asimismo, quien influye de forma positiva sobre los demás, comparte el mérito de sus mitzvot (58).


Notas:

(1) Las mitzvot entre el hombre y Dios son llamadas “bein adam laMakom” y las mitzvot que rigen las relaciones entre las personas son llamadas “bein adam lejaveró”.

(2) Ievamot 79a

(3) Isurei Biá 19:17

(4) Shabat 31a

(5) Talmud – Ioma 86a

(6) Talmud – Ioma 86a

(7) Hitler me dijo, por Herman Rauschning

(8) Proverbios 3:4

(9) Talmud – Shabat 31a

(10) Levítico 19:18

(11) Baba Metzía 62a

(12) Ver Rambam (Iesodei HaTorá 5:4)

(13) Oído del Rab Itzjak Berkowits

(14) Historia de Rav Moshé Leib de Sassov

(15) Jazón Ish (Kovetz Igrot 1:123)

(16) Ver Shaarei Teshuvá 4:11

(17) Talmud – Shabat 127b con Rashi

(18) Rambam (Avel 14:7)

(19) Génesis 47:29 con Rashi

(20) Talmud – Baba Kama 30a

(21) Rambam (Deot 6:3)

(22) Rambam (Avel 14:1)

(23) Talmud – Avot 1:2 con Bartenura

(24) Sin embargo, está prohibido vengarse. (Rambam – Deot 7:7)

(25) Rambam (Deot 6:6-7)

(26) Rambam (Deot 6:6-7)

(27) Sefer HaBrit 2:13:5, Tosefet Braja (Kedoshim 19:18); Torá Shlemá (miluim a la parashat Itró 20). Esto es también lo que implica el Menorá HaMaor (Vol. 4, pág. 305b) y Rav Jaim Vital en Shaarei Kedushá (pág. 504 en la ed. Kushta). Algunas autoridades limitan la obligación técnica a amar solamente a otros judíos. Ver Rambam (Deot 6:3 y Avel 14:1) y Iad Ramá (Sanhedrìn 56a)

(28) Mesilat Iesharim (cap. 19)

(29) Deuteronomio 10:19; Rambam (Deot 6:4)

(30) Deuteronomio 10:18

(31) Éxodo 22:20, 23:9

(32) Éxodo 22:21, Rambam (Deot 6:10)

(33) Rambam (Deot 6:10)

(34) Rashi (Éxodo 22:21)

(35) Levítico 25:17 – Onaat Devarim (lit.: lastimar con palabras)

(36) Joshen Mishpat 228:4

(37) Rambam (Deot 6:3)

(38) Joshen Mishpat 228:5

(39) Joshen Mishpat 228:4

(40) Shaarei Teshuvá 3:139

(41) Talmud – Baba Metzía 59a

(42) Tamud – Baba Metzía 58b, Kol Bo 66 (s.v. Veal asher)

(43) Joshen Mishpat 228:3

(44) Talmud – Baba Metzía 59a

(45) Levítico 19:18; Talmud – Ioma 23a

(46) Una fascinante colección de historias verdaderas que demuestran la importancia de juzgar a los demás favorablemente es el libro El otro lado de la historia por Yehudis Samet

(47) Talmud – Shabat 87a; Ioma 19b

(48) Talmud – Brajot 31b

(49) Talmud – Shavuot 30a

(50) Levítico 19:15

(51) Jafetz Jaim

(52) Oído del Rav Itzjak Berkowitz

(53) Levítico 19:17

(54) Rashi (Levítico 19:17); Rambam Deot 6:7

(55) Jafetz Jaim 1:10:2 con Beer Maim Jaim

(56) Proverbios 9:8; Talmud – Ievamot 65b

(57) Talmud – Sanhedrín 27b

(58) Talmud – Avot 5:18