Pregunta

¿En el judaísmo existe algo así como el "mal de ojo"? En el último tiempo, mi familia sufrió una racha de mala suerte y me pregunto si puede haber alguna clase de maleficio sobre la familia y si hay algo que se pueda hacer al respecto.

Respuesta del Rabino de Aish

En el judaísmo, el "mal de ojo" se conoce como 'áin hará'. Es una fuerza real, mencionada en muchas ocasiones en el Talmud y en las obras de Cábala (por ejemplo, en Talmud Brajot 20a, 55b).

La idea detrás del 'áin hará' es bastante simple. Si hacemos alarde de nuestras bendiciones y atraemos atención indebida, generamos celos y envidia. Atraer esa atención negativa también despierta y llama la atención de la 'Corte Celestial', lo que provoca que nuestro juicio sea reevaluado: ¿Realmente merecemos esa bendición que generó malos sentimientos en los demás?

Por lo tanto, de acuerdo con el judaísmo, el mal de ojo no es una fuerza fantasmagórica y confusa que ataca a quienes menos lo esperan. Por el contrario, se trata de un fenómeno lógico que en gran medida es el resultado de nuestro propio comportamiento indiscreto.

El Talmud (Brajot 20b) resalta que quien no anhela lo que tienen los demás, es menos susceptible al mal de ojo. Él mismo no mira con envidia las bendiciones de los demás y en consecuencia las miradas celosas de los otros no lo afectan. Así fue como Iosef, que se rehusó a la tentación de la esposa de su amo y no deseó lo que no le pertenecía, se volvió inmune a los efectos del mal de ojo, al igual que sus descendientes para toda la eternidad.

De todos modos, cuando las cosas no marchan bien, nuestro enfoque no es culpar a las fuerzas invisibles del mal de ojo, aunque por supuesto siempre debemos cuidarnos y evitar alardear sobre nuestras bendiciones. En cambio, debemos entender que es una señal de Dios para ayudarnos a mejorar nuestros caminos. El Talmud dice que cuando una persona tiene un sufrimiento, debe analizar sus acciones (Brajot 5a). Cuando las cosas salen mal, nuestra primera reacción debería ser dirigirnos a Dios e intentar entender Su mensaje, y por supuesto rezar para que nos dé claridad. Antes de culpar por nuestros problemas a fuerzas misteriosas, debemos mirar al Cielo y pedir ayuda.

Sin embargo, hay casos extremos en los que una persona siente que todo le sale mal, completamente fuera de límites y proporciones, y quiere asegurarse que no sufre por causa del mal de ojo. En Jerusalem hay mujeres que se especializan en quitar el mal de ojo (con una tarifa, por supuesto).

De nuevo, sólo recomendaría esta opción como un último recurso.