Pregunta

Disculpe mi ignorancia, me gustaría saber por qué el pueblo judío no alienta activamente al resto de la sociedad para que se convierta al judaísmo y, de esa forma, difundir el conocimiento de Dios y la sabiduría de la Torá al resto de la humanidad

Si la Torá se compartiera con la mayor parte de la sociedad en vez de "guardarla" para las personas que tuvieron la fortuna de nacer judías, ¿no se alcanzarían mejor las aspiraciones judías de traer paz, armonía, amor, entendimiento y perfección espiritual al mundo?

Respuesta del Rabino de Aish

Sería discriminatorio que el judaísmo hiciera proselitismo y tratara de convertir a los no judíos. Eso implicaría que todo el mundo debe ser judío para tener una relación con Dios, para ser parte de la visión de la Torá de reparar el mundo e "ir al cielo". Pero no es así.

La idea de exigir que todo el mundo se convierta probablemente la tomaste del ideal cristiano. Por ejemplo, un grupo bautista de Florida invirtió más de un millón de dólares para distribuir un video titulado "Jesús" a cada hogar de Palm Beach. No es coincidencia que el 60% de esos hogares eran judíos.

La idea judía es que la Torá de Moshé es una verdad para toda la humanidad, tanto para los judíos como para los no judíos. La Torá (como explica el Talmud, Sanedrín 58b) presenta siete mitzvot que tienen que cumplir los no judíos. Esas siete leyes son los pilares de la civilización humana y se las conoce como las Siete Leyes de Nóaj, porque todos los humanos descendemos de Nóaj. Estas leyes son:

1) No asesinar.
2) No robar.
3) No hacer idolatría.
4) No cometer inmoralidad sexual.
5) No comer un miembro de un animal antes de que muera.
6) No maldecir a Dios.
7) Establecer cortes de justicia y juzgar a los criminales.

Maimónides explica que todo ser humano que observe fielmente estas leyes se gana un lugar en el cielo. Como ves, la Torá es para toda la humanidad, sin necesidad de conversión.

Asimismo, cuando el Rey Shlomó construyó el Templo de Jerusalem, le pidió específicamente a Dios que escuchara la plegaria de los no judíos que llegaran al Templo (Reyes I 8:41-43). El Templo era el centro universal de la espiritualidad, al que el profeta Isaías se refirió como una "Casa para todas las naciones". Durante la semana de Sucot, se sacrificaban en el Templo 70 toros, correspondientes a cada una de las 70 naciones del mundo. De hecho, el Talmud dice que si los romanos hubieran entendido cuánto se beneficiaban con el Templo, nunca lo habrían destruido.

Por supuesto, todo el que quiera asumir un nivel adicional de responsabilidad se puede convertir al judaísmo. Sin embargo, eso no es un requisito para tener una relación con Dios y disfrutar de una recompensa eterna.