Mi abuela Nona falleció hace algo más de 5 años, de hecho, falleció justo una semana antes de mi casamiento. Durante la shivá (semana de duelo) un tema recurrente dentro de las cenas familiares después del rezo acostumbrado era si debía o no aplazarse mi boda o bien si la familia cercana debía o no asistir. Las opiniones, algunas favorables y otras en contra se encontraron con, nada más ni nada menos, que mi tía Sara, la heredera natural del "trono" vacío con la muerte de mi abuela (la mayor de 9 hermanos). Mi tía Sara, que no tiene problemas en decir las cosas por su nombre, alzó su voz y dijo "lo que la Chelita habría dicho es que el casamiento no se cambia por ningún motivo y que todos tienen que ir a la ceremonia". En ese instante, como si hubiese sido un mensaje recibido por Moshé directamente de Dios en el Monte Sinai, la discusión terminó y el veredicto fue acatado.

En la ceremonia, si bien todos muy felices con la boda, había un ambiente algo enrarecido, algo faltaba. El Rabino que nos casó hizo bien en mencionar el recuerdo de mi Nona, no sólo una matriarca dentro de la familia, sino una personalidad comunitaria. Su mención me llevó a recuerdos de infancia, de momentos compartidos, de alegrías vividas, viajes, en fin, toda una vida de convivencia.

Con los meses cada vez más iba recordando mensajes, enseñanzas, cómo comportarse en el matrimonio, cómo ayudar a la comunidad que ella tanto quería, cómo estar siempre preocupada de las relaciones dentro de la familia. Que los hermanos no se pelearan, que hubiera unión y respeto, que nadie, por motivo alguno llegara a transgredir las costumbres familiares ni las leyes del judaísmo, que si bien poco estudiadas, estaban siempre a pedir de boca con su explicación "es Din de la ley", es decir, esto es ley absoluta y no hay nada más que explicar ni entender.

En fin, viendo en retrospectiva, me impresiona como tantas de esas mismas actitudes y formas se encuentran presentes en mi diario vivir, en la forma de interactuar con otros y en la forma de vivir intensamente cada minuto posible.

Hace algo más de 10 días falleció nuestro Rosh Ieshivá, Rab Noaj Weinberg zt''l y me trajo a la memoria muchas sensaciones y recuerdos del fallecimiento de mi abuela. Si bien la interacción con mi abuela fue muchísimo mayor que la que llegué a tener con el Rosh Ieshivá, definitivamente del Rosh Ieshivá aprendí también muchísimas cosas gracias a sus clases, discursos, artículos y de ver cómo interactuaba con el mundo.

El Rab Weinberg nos entregó a mí y a mi familia la llave para descubrir lo hermoso del judaísmo y lo cerca que estábamos de él, sin siquiera darnos cuenta. Nos mostró la relevancia de un judaísmo de 3,300 años para nosotros jóvenes del siglo XXI. Nos dio los empujoncitos para continuar avanzando en nuestro judaísmo y nos enseñó la importancia de sentirnos y hacernos responsables por nuestros hermanos judíos en todo el mundo.

Me ha impresionado mucho escuchar los discursos de muchos rabinos en todo el mundo contando sus propias experiencias y aprendizajes del Rosh Ieshivá, pero quizás uno de los más llamativos que escuché fue aquel que mostraba como el Rosh Ieshivá, en su afán de ayudar a resolver los problemas que aquejan al pueblo judío empezó por acercar a aquellos que se estaban asimilando, luego entendió que Internet sería la herramienta del futuro y creó aish.com, luego comenzó una ola de antisemitismo en las universidades de Estados Unidos y creó Aish Campus con su respectivo Hasbara Fellowships para educar a los jóvenes judíos en el conflicto Israelí-Palestino, luego vino la difamación de los medios contra Israel y el Rosh Ieshivá creó Honestreporting.com y lo utilizó para combatir la difamación y a Ahmadinejad. Incluso en sus últimas horas de vida una de sus más grandes preocupaciones era cómo recaudar fondos para construir edificios baratos en Jerusalem para que parejas jóvenes pudieran vivir allí sin tener que pagar fortunas.

Definitivamente el Rosh Ieshivá fue uno de los líderes más completos que ha tenido el pueblo judío en las últimas generaciones y definitivamente mi Nona ha sido una de las mujeres más completas e impresionantes que he visto en mi vida. Ambos me han dejado a mí y a todos aquellos que los conocieron grandes enseñanzas de cómo vivir y cómo ser felices a través de nuestro judaísmo. Que tengamos todos la bendición de escuchar sus enseñanzas e implementarlas en nuestras vidas para que su memoria siga viviendo a través nuestro y de nuestros hijos.