Queridas Rosie y Sherry:

Si “amor en el matrimonio” significa entregarte completamente a tu esposo sin esperar nada a cambio, entonces, ¿cómo puedes protegerte de un esposo perezoso y egoísta? ¡Terminarás haciendo todo el trabajo de la casa! ¿Cuándo dices “suficiente”?

Shirley

Querida Shirley:

 La declaración “amor en el matrimonio significa entregarte completamente a tu esposo sin esperar nada a cambio” es una frase de doble sentido y muy fácil de malinterpretar.

Toda persona tiene derecho a esperar ciertas cosas de la otra persona con quien quiere construir una vida, como la manera en la que hará del matrimonio una prioridad, estando ahí para compartir experiencias de vida, cuidando y dando apoyo emocional, compartiendo finanzas y otras responsabilidades, y de algún modo haciendo su mejor esfuerzo para ayudar al funcionamiento del hogar y al crecimiento y al florecimiento de la relación.

Por supuesto, ésto no significa que cada vez que hacemos algo por nuestro esposo, tenemos derecho a esperar algo a cambio. En todo matrimonio hay momentos en los que un miembro puede parecer estar empujando más que el otro, como cuando el otro cónyuge está preocupado con un asunto importante o problemático, pero en el curso de la mayoría de los matrimonios la carga oscila de un lado a otro entre los socios y se termina balanceando de una manera u otra.

Incluso, cada uno de nosotros tiene diferentes habilidades y fortalezas, y no es práctico esperar siempre que ambos cónyuges hagan una contribución equitativa de tiempo y esfuerzo. Lo importante es que cada miembro de la pareja haga su mejor esfuerzo para beneficiar al matrimonio y a la familia.

Algunas personas tienen la tendencia de “llevar la cuenta” de las contribuciones que cada cónyuge hace en la vida familiar. Una persona puede hacer esto porque tiene una concepción irrealista de lo que el matrimonio es o de cómo deben ser divididas las responsabilidades. O tal vez no pueden entender o apreciar las contribuciones que su cónyuge puede estar haciendo por sus vidas.

No importa la razón, “llevar la cuenta” es una práctica insana e improductiva que conduce al deterioro del matrimonio. Esto afianza a menudo la creencia incorrecta de que la otra persona se está aprovechando.

Si uno de ustedes ha empezado a “llevar la cuenta”, nosotras recomendamos que hagan una pausa y reevalúen sus expectativas del matrimonio en general, y de la relación específicamente, y discutan la mejor forma en que cada uno puede contribuir para lograr una vida hogareña y para reforzar la relación. Si no puedes hacer esto por tu cuenta, probablemente puedes beneficiarte con la guía de un consejero matrimonial entrenado quien puede ayudar para esta reevaluación.

Quisiéramos desviarnos del tema un poquito y hablar sobre las expectativas que muchos de nosotros tenemos cuando nos casamos. Un gran porcentaje de recién casados no tiene idea de lo que implica compartir la vida con alguien más. Estamos felizmente inconscientes de que prontamente chocaremos con cuestiones tan simples como nuestros hábitos personales, como por ejemplo ¿cómo un búho nocturno y un pájaro madrugador ajustan sus agendas el uno al otro?, o ¿cómo pasar de la comida rápida a sentarse juntos a cenar? ¿Cómo hacemos la transición de manejar nuestras responsabilidades personales y llenar nuestro tiempo libre como nos plazca, a coordinar todo esto con la persona con quien compartiremos el resto de nuestra vida?

Esta transición no es fácil, y es especialmente difícil cuando una pareja con expectativas inmensamente diferentes todavía no ha logrado reconciliarlas. Con frecuencia esa es la raíz de los problemas como el que describes en tu carta. Ésto generalmente no surge porque uno de los cónyuges es “perezoso y egoísta”, sino porque esposo y esposa tienen diferentes expectativas acerca de la limpieza e higiene, y de cómo distribuir proporcional y responsablemente las tareas, los trabajos de oficina, los quehaceres cotidianos y qué tan a menudo deben ser hechos.

Más aún, alguien a quien le importa más tener hechas ciertas cosas en la casa puede tomar mayores responsabilidades que el otro, y después estar resentido por esta desproporción. Ésto puede pasar cuando, por ejemplo, un hombre que espera que su apartamento esté en perfecto orden se casa con una mujer a la que no le molesta que haya una moderada cantidad de desorden. Él puede resentirse por el hecho de que él es siempre el que tiene que tirar los periódicos viejos y enderezar las cosas torcidas.

Si cualquiera de esas situaciones lleva a uno de los cónyuges a sentirse resentido o sobrecargado, es un buen momento para entablar el tipo de discusión y resolución que hemos mencionado antes. Cada uno necesita entender el punto de vista del otro y llegar a un acuerdo acerca de los requisitos del cuidado de la casa y la división de las responsabilidades, incluso se habla de tareas que ninguno de ellos quiere hacer pero igualmente deben ser hechas.

Esperamos que esto haya sido de ayuda, y te deseamos el mejor de los resultados.

Rosie y Sherry.