¿Cómo sabemos que la persona con la que estamos saliendo es nuestro bashert, la otra mitad de nuestra alma?

Si nos formulamos esta pregunta, es probable que ya conocemos bien a nuestro compañero y que tenemos sentimientos hacia él. Probablemente nos sentimos atraídos y en ciertos momentos lo admiramos. Es probable que disfrutamos al estar juntos incluso cuando no tenemos muchas cosas para conversar. Cuando hablamos de un futuro juntos, probablemente compartimos ciertos sueños y objetivos. Sin embargo, incluso después de sentir que compartimos intereses y nos complementamos mutuamente, a veces seguimos preguntándonos: ¿Cómo sé que esta es la persona correcta?

Un criterio a tener en cuenta al considerar esta pregunta es el de la devoción. La devoción tiene menos que ver con las características específicas de mi pareja y más con la dinámica que creamos en nuestra relación. A menudo, la devoción mutua crece gradualmente a medida que se desarrolla la relación. El deseo de dedicarme a mi pareja y la sensación de que ella se dedica a mí puede ser uno de los indicadores más importantes respecto a que has encontrado a tu bashert. La devoción se expresa a través de la confianza y la responsabilidad.

La devoción a través de la confianza

¿Mi pareja confía en mí? ¿Siento que puedo confiar en mi pareja en temas que son importantes y sensibles?

Confiar en nuestra pareja es abrir nuestro corazón. Cuando realmente confiamos en nuestra pareja, nos volvemos vulnerables.

Confiar en nuestra pareja es abrir nuestro corazón. Cuando realmente confiamos en nuestra pareja, nos volvemos vulnerables. Esta apertura depende de que nuestra pareja merezca nuestra confianza. Mientras más sentimos que nuestra pareja tiene en cuenta nuestras necesidades y lo que es mejor para nosotros, más sentimos que podemos ceder al control y relajarnos, dejar que las cosas ocurran y aflojarnos.

La devoción a través de la responsabilidad

¿Mi pareja está dispuesta a aceptar la responsabilidad de las demandas de la vida? ¿Estoy preparado para cruzar el umbral del matrimonio? La responsabilidad implica focalizar nuestra energía en satisfacer las necesidades de aquellos que dependen de mí. El matrimonio nos invita a focalizar nuestras energías de formas más fructíferas y beneficiosas de lo que antes era necesario. Tomar responsabilidad se asemeja más a flexionar los músculos que a abrir el corazón. Es una invitación a flexionar nuestros músculos, no para mostrar o resaltar nuestro propio ego, sino para nutrir y brindar estabilidad a nuestro hogar.

Cuando en una relación hay confianza y responsabilidad, entonces la pareja se complementa mutuamente. Cuando sentimos que nuestra pareja asume la responsabilidad, podemos confiar en ella. Asimismo, sentir que confían en nosotros nos alienta a actuar realmente de forma responsable y confiable.

¿Quién serás en el futuro?

Incluso después de saber en en nuestro corazón que estamos frente a nuestro bashert, a veces dudamos cuando consideramos dar el paso y sumergirnos en el pacto del matrimonio. En este momento sube a escena nuestro deseo y nuestra capacidad de dedicarnos por completo a una persona. Decidir casarnos con esa persona es una decisión vinculante. A veces, el pensamiento de comprometernos con una persona para el resto de la vida puede asustarnos. Nos surgen dudas y preguntas. ¿Cómo puedo saber que siempre voy a amar a esta persona? La conozco hoy, pero quizás en el futuro va a cambiar. Incluso si mi pareja no cambia, tal vez yo cambie. Estas dudas pueden confundirnos.

La idea de pasar el resto de la vida con una persona puede parecer una misión imposible, especialmente considerando que el futuro, incluyendo nuestra propia identidad, es algo impredecible y desconocido. Al enfrentar la naturaleza incierta de la vida, comprometerse con una persona para el resto de la vida puede asustarnos.

Cuando los judíos enfrentamos esta clase de preguntas existenciales, tradicionalmente buscamos la guía de la Torá. Al trabajar con parejas sobre estas preguntas, les ofrezco el siguiente texto para abrir una discusión sobre sus dudas y miedos respecto al verdadero compromiso.

El texto gira en torno a la respuesta que Dios le dio a Moshé antes de embarcarse en la misión de sacar a los hijos de Israel de Egipto. En la zarza ardiente, Dios quiso que Moshé se comprometiera con la misión y Moshé dudó en hacerlo. Antes de asumir esa enorme responsabilidad que requería un gran salto de fe, Moshé necesitaba respuestas a algunas preguntas. Una de las preguntas que Moshé formuló fue respecto al nombre de Dios. "Si ellos [los hijos de Israel] me preguntan: '¿Cuál es Su nombre?', ¿qué debo decirles?".

La respuesta de Dios a esta pregunta es fascinante. Dios dijo que Su nombre es: "Seré el que seré". Moshé busca el nombre de Dios, Su esencia, y Dios le dice que Él siempre está cambiando. Si esta fuera la única respuesta de Dios a Moshé, esto sería muy confuso.

Pero si miramos un poco más profundo en la historia, notaremos que antes Dios respondió a la pregunta de Moshé de una forma indirecta pero muy fuerte.

Dios le prometió a Moshé que en cualquier lugar a donde fuera, Él estaría a su lado.

Antes, en su conversación con Moshé, Dios le dijo: "Yo estaré contigo". A primera vista no queda claro cuál es el contexto de esta declaración de Dios. Rav Shagar (Reim Ahuvim, pág. 48), explica que al decirle "Yo estaré contigo" Dios estaba respondiendo a las dudas y los miedos de Moshé. Dios reconoció el deseo de Moshé de sentir que su relación con Dios era clara y segura. Cuando Dios dijo: "Yo estaré contigo", estaba respondiendo a las dudas de Moshé y dándole la única respuesta real y verdadera. Dios no respondió a los miedos de Moshé diciéndole que no temiera, tratando de borrar sus dudas o evitando sus preguntas. Dios no definió una identidad especial que pudiera calmar la inseguridad de Moshé. En cambio, Dios le dijo que Él estaría con Moshé. Le prometió que en cualquier lugar a donde fuera, Él estaría a su lado. Al parecer Dios sabía que decirle a Moshé exactamente lo que ocurriría en el futuro no lograría calmar sus temores. Lo que Moshé necesitaba saber era que no estaría solo en lo desconocido.

La verdad expresada en la relación de Dios con Moshé se aplica también a muchas parejas cuando consideran comprometerse en el matrimonio. En la historia de la zarza ardiente la Torá nos enseña que no hay una respuesta definitiva con respecto al futuro: ¿Quién serás en el futuro? ¿Quién serás dentro en una década? ¿Cómo será exactamente nuestro futuro? Sin embargo, hay una respuesta a la incertidumbre y la inseguridad. La respuesta es el compromiso: la promesa de estar juntos sin importar lo que ocurra.

El compromiso implica elegir estar con el otro dentro de lo desconocido.

Al decidir casarse, las dos personas no se comprometen mutuamente basadas en un futuro predecible. Cada uno le dice al otro: "estaré contigo", con el entendimiento de que la vida es inesperada y sorpresiva y es por eso que valoran profundamente el regalo de ir por la vida como un equipo. El compromiso matrimonial no depende de saber el futuro; depende de tomar la decisión de ir hacia adelante a un futuro abierto y desconocido, con esa persona a mi lado. El compromiso implica elegir estar con el otro dentro de lo desconocido.

Esto es lo que el hombre y la mujer se dicen mutuamente al decidir casarse: "Yo no sé lo que nos va a presentar la vida. No sé quién serás ni quién seré, pero sé una cosa. Sé que quiero ir por la vida contigo. Te elegí para comprometerme: estaré contigo. Sin importar las circunstancias que cree la vida ni los cambios internos que tú o yo experimentemos, los atravesaremos juntos". Esta es la etapa final de las citas y la transición al matrimonio.

Rav Shagar sugiere que la respuesta de Dios a la pregunta de Moshé sobre Su identidad, "Seré el que seré", es profunda y relevante para cada pareja que se compromete mutuamente. Cada individuo tiene un alma que cambia y que se revela constantemente de forma diferente. Un hombre y una mujer no llegan a conocerse por completo después de tener citas durante algunos meses, ni siquiera durante varios años. La verdad espiritual es que incluso después de casarse ellos nunca llegan a conocer ni entender por completo quién es el otro. Esto forma parte de lo que hace que la vida matrimonial sea tan misteriosa y atractiva.

En este sentido, cuando el matrimonio se ve como el comienzo de una historia que nunca termina, asumir este compromiso puede parecer una misión que no sólo es posible sino también estimulante.