Comencé a participar en las subastas de Simjá Torá hace años, cuando era una joven profesional con un buen sueldo. Pero este año, después de un giro profesional, no tenía ningún ingreso, así que participé cautelosamente y no obtuve nada.

Al final de la subasta el presidente de la sinagoga dijo: "Tenemos cuatro hagbaas a $200 dólares cada una. Las primeras cuatro personas que levanten su mano se las llevarán". Hagbaá es una mitzvá muy especial en donde se alza la Torá y se muestra la porción de la semana que se leyó previamente para toda la comunidad. A pesar de que no tenía mucho dinero, mi mano instintivamente se elevó, $200 dólares por una hagbaá era una oferta demasiado buena como para rechazarla. En un instante, ya era mía.

El resto del día fue consumido mientras yo trataba de determinar quien debería ser el receptor del honor de la hagbaá. Quería que alguien que sintiera la importancia de la experiencia fuera el receptor, y que además esa persona no hubiera participado en la subasta. Quería que el honor lo recibiera alguien que verdaderamente se sentiría conmovido con la experiencia.

Mientras pasaban las horas sin encontrar una solución, le pedí a unas cuantas mujeres que me aconsejaran. Una de ellas señaló a un hombre que yo no conocía que estaba sentado solo del otro lado de la sinagoga, y dijo: "¡A ese chico!". Entonces, fui donde el rabino y le dije, "Compré una hagbaá y quiero que el honor lo reciba ese chico". Se lo describí y luego me fui a mi casa.

Una Gran Señal

Al día siguiente recibí una llamada del chico que había realizado la hagbaá. Él me quería invitar a tomar un café para agradecerme por el acto. "No tienes que hacerlo" le dije. Pero el insistió. Unos días más tarde nos sentamos en una cafetería, en donde recapitulamos lo que había ocurrido. Lo único que sé, es que al final estábamos haciendo planes para vernos nuevamente. Estuve despierta toda la noche con mi mente ocupada.

Parece ser que este señor recientemente había reconsiderado con seriedad la idea de casarse, y durante las festividades había rezado para conseguirlo. "Si Tú quieres que me case", él imploró a Dios, "tendrás que darme una señal grande y clara". El sabía que no era capaz de dedicarse a conocer mujeres ya que tenía su agenda completamente ocupada con obligaciones personales y familiares. En la subasta de Simjá Torá, su hijo de 10 años le suplicó que ofreciera dinero para obtener alguno de los honores. Él le dijo a su hijo: "Si Dios quiere que tengamos algún honor, Él lo enviará a nosotros de alguna manera".

El sabía que no era capaz de dedicarse a conocer mujeres ya que tenía su agenda completamente ocupada con obligaciones personales y familiares. 

Cuando él y su hijo decidieron irse de la celebración de Simjá Torá, el gabai (organizador) se acercó para decirle que él tenía el honor de la hagbaá. "Debe estar equivocado", respondió. "No, alguien compró el honor para usted". Le mencionaron mi nombre pero nunca lo había escuchado. Él estaba tan seguro de que había una equivocación, que fue donde el rabino para confirmarlo. Finalmente, de manera renuente aceptó recibir el honor para no herir los sentimientos del donante misterioso.

Mientras sostenía la Torá en el aire, observó el largo texto hasta llegar al comienzo. Leyó, "En el principio, Dios creó el cielo y la tierra", y pensó, "Dios está renovando el mundo hoy mismo. Dios creó este momento y esta situación. Hay una razón por la cual esta persona desconocida me concedió la hagbaá. Yo no sé cual es la razón, pero sé que existe una". Por esta razón él insistió tanto para la cita en la cafetería.

Músico sin Instrumento

Yo se que la mayoría de las personas no creerán que, después de la cita en la cafetería, los dos sospechamos que Dios mismo nos había juntado y que terminaríamos juntos para siempre, pero eso es exactamente lo que ocurrió. Y cinco meses después, nos casamos bajo el talit que yo había comprado llena de esperanza... ¡hace tantos años atrás!

Cuando llamé a la mujer que dijo "¡ese chico!", para contarle las buenas noticias, ella pensó que me había equivocado de teléfono. "No se de que estás hablando" dijo ella. Parece ser que con todos los cantos y gritos de Simjá Torá, ella no escuchó realmente lo que yo le había preguntado, y ni siquiera sabía que yo había ganado una hagbaá o que la quería donar a otra persona. Ella pensó que yo había dicho algo completamente distinto, y cuando ella dijo "¡ese chico!", estaba respondiendo a lo que ella pensó que yo había dicho.

"No se de que estas hablando" dijo ella.

Resulta ser que mi (actual) esposo vivía a dos cuadras de mi casa, y nunca nos habíamos conocido. Ahí, en la cafetería, descubrimos muchas razones objetivas por las cuales somos una pareja estupenda; educación similar, un camino similar en la observancia del judaísmo, el mismo rabino, la misma comunidad y una diferencia de edad de dos años. Algunas personas dicen que nos parecemos, otros dicen que parecemos una pareja casada hace muchos años. Incluso nuestras pertenencias parecen encajar, por ejemplo, yo tenía un piano, y él, era un pianista de jazz que no tenía instrumento.

Hay momentos en los que siento que Dios me esta guiñando un ojo; como cuando escucho a mi esposo en otro cuarto tarareando mi melodía favorita, o cuando usamos palabras similares (no muy comunes) en las conversaciones.

Pero quizás nunca nos habríamos conocido, o casado, si mi esposo no hubiera estado abierto a la posibilidad de que cuando alzó la Torá en la hagbaá, esas palabras podían significar algo para él, es decir, que podían ser verdaderamente una gran señal. O si ambos no hubiéramos estado abiertos a la posibilidad de que las cosas que la vida te presenta, pueden ser exactamente la respuesta a tus plegarias.

Amable y Generoso

En el día de nuestra boda me di cuenta que Dios había escuchado cada detalle de mis plegarias, cuando mis amigos rodearon a mi esposo y lo acompañaron mientras él se arrodillaba y me cantaba Eshet Jail, la alabanza del Rey Salomón para las mujeres judías. Todos ellos, que me conocían de hace tantos años, y que me habían visto de pie, sola, en sus bodas, en los brit, en los bar mitzvás de sus hijos, y en sus shivás, nos rodearon a mí y a mi esposo, cantaron con él y lo acogieron como a un hermano.

En mis 15 años de salir seriamente para casarme, yo tenía una idea bastante clara de lo que estaba buscando en un hombre. Al igual que otras mujeres, yo quería un hombre de buen carácter, que fuera amable y generoso, pero también inteligente y exitoso. Según mi visión, yo sería el primer verdadero amor de su vida, y él sería el mío, y juntos construiríamos una hermosa familia. Parecía que yo había salido con casi todos los hombres solteros de América. Durante todo ese tiempo vi muchos trajes de alta costura y aprendí mucho sobre que tan inteligentes y exitosos todos eran, pero no vi mucho la parte amable y generosa de ellos.

Durante todos esos años de soledad, me había aferrado a la creencia de que Dios crea una pareja perfecta para cada persona.

Cuando conocí a mi esposo por primera vez en la cafetería, él no llevaba un traje costoso y no se veía como ninguno de los hombres con que yo había salido anteriormente. Pero en nuestra conversación, lo escuché decir tres cosas que verdaderamente me impactaron.

La primera fue que cuando su familia necesitaba un mejor seguro de salud, él dejó su carrera "creativa" y tomó un "trabajo diario" menos glamoroso.

La segunda fue que cuando un profesor de la escuela le sugirió que su hijo se beneficiaría mucho si le leían en voz alta, él le leyó la trilogía entera del Señor de los Anillos, lo cual le tomó más de un año.

La tercera fue que cuando su esposa se enfermó, el hizo todo lo posible para que se mejorara, incluso si esto significaba poner a la familia en grandes riesgos monetarios.

Cuando me preguntan, "¿como es la vida de casada?", yo siempre respondo lo mismo. Siento que me desperté de una pesadilla sin fin en donde pasaban los años y yo envejecía sin tener ni esposo ni familia, sólo para despertarme y darme cuenta que sí tengo un hermoso esposo y una bella familia. Mi vida cambió completamente en un instante, desde el momento (y de la forma en) que desperté, hasta los libros que yo leía, la decoración de la casa, lo que hay en el refrigerador, y la manera en que tomo mis decisiones (en conjunto con otra persona). Y la mayoría de las veces se siente completamente familiar y gloriosamente feliz.

Durante todos los años de soledad, me había aferrado a la creencia de que Dios crea una pareja perfecta para cada persona. ¡Que bueno saber que tenía razón! Nunca es demasiado tarde.

Nuestro matrimonio funciona porque las cualidades que yo vi en mi esposo la primera vez en la cafetería son su naturaleza verdadera. Él está dispuesto a tomar el camino difícil en vez del camino fácil. Él se aferra a una meta hasta cumplirla. Y está dispuesto a hacer lo que sea por su familia, no importa cual sea el precio. Él es ahora el 'jefe de operaciones' del trabajo "menos glamoroso", y yo voy en el libro #4 de mis lecturas en voz alta para los niños de la serie de Harry Potter.

Y pensar que todo fue posible gracias a que levanté mi mano en Simjá Torá por $200 dólares. ¡Una muy buena oferta!