Hay momentos en mi vida en los que veo con claridad el hecho de que solamente soy una pasajera más en el vehículo que Dios está manejando. En esos viajes, me siento segura y cómoda. Y a veces hay momentos en donde siento que Dios me ha dejado sola para que yo transite por las peligrosas calles de la vida por mi cuenta. Ahí es cuando tengo que acordarme que debo esperar, tener fe y ver el espejo retrovisor.

Cuando empecé a volverme religiosa a la edad de 32, estaba llena de fe en Dios y de esperanza para mi futuro. Yo estaba segura que junto con el cambio de carrera que estaba haciendo – de la industria de cine a la educación judía – pronto conocería a mi alma gemela y la vida seria genial. Con el pasar de los años, mi carrera avanzaba exitosamente, y mis oportunidades de trabajo eran excelentes, pero yo seguía sola. Muchas de mis amigas decidieron mudarse a la costa del este para encontrar a sus parejas, pero a mi no me pudieron convencer. Yo amaba mi trabajo en la escuela, era parte de una excelente comunidad con muchos amigos, y por muy superficial que suene, ¡amaba el increíble clima de Los Ángeles! Yo simplemente no me iba a mudar.

Y al igual que muchas solteras, yo le entregué mi corazón a Dios, traté de tener fe, y esperé... y esperé. Seguramente, Dios me recompensaría por toda mi dedicación y esfuerzo, ¿verdad?

Cinco largos y solitarios años pasaron, y a la edad de 37, finalmente sucedió – conocí al hombre de mis sueños.

Cinco largos y solitarios años pasaron, y a la edad de 37, finalmente sucedió – conocí al hombre de mis sueños. El vivía en otro estado, el estado en el que yo crecí, el estado en el que mis padres todavía vivían. Entonces, cuando me pidió matrimonio yo estaba encantada. A pesar del clima frío, me comprometí a mudarme donde el vivía. También tomé la difícil decisión de dejar mi querido trabajo y mis queridos estudiantes a mitad de año, dejé mi bello departamento, me despedí de mis amigos y empecé a empacar. Con las invitaciones de la boda ya impresas, yo me pasaba las noches imaginándome y planeando mi nuevo y excitante futuro. Pero nunca imaginé o planeé lo que pasaría después.

De la nada, una noche, como una semana antes de mudarme, y menos de un mes antes del gran día, mi novio llamó para cancelar el matrimonio. Él dijo las palabras mas devastadoras que he escuchado en toda mi vida: "No te amo". Y esto, después de haber recibido la noche anterior el mail más tierno y amoroso.

Pensé que mi mundo se había acabado y que nunca volvería a ser feliz. Quería entender por que Dios había puesto a esta persona en mi vida, si sólo me había traído tanta tristeza.

Después de un periodo de intenso luto, trate de evaluar mi situación y ver si quizás Dios tenía algún plan extraño para mí. Esto fue lo que pensé: No tenía trabajo, ni tampoco departamento, y tenía mucha ropa nueva de invierno que seguramente no necesitaría en Los Ángeles. Decidí que esta era la forma en que Dios me estaba enviando a la Costa del Este para conocer a mi verdadera alma gemela. Pero todavía no estaba muy convencida. Tuve una pequeña charla con Dios. Hicimos un trato. Yo dije, "Está bien Dios. Voy a ir por tres meses; Si quieres que yo vaya a Nueva York, esto es lo que voy a necesitar: un departamento gratis en el lado Oeste (donde viven muchos judíos solteros), un trabajo fácil y libre de estrés, en donde tenga las noches libres para salir a citas, y suficiente dinero para vivir; pero lo más importante, muchas citas para probar que me debo quedar mas de tres meses".

Al día siguiente se me ocurrió una idea. Mi querida amiga Jean y su esposo que vivían en el lado Oeste, justo habían tenido un bebe en Agosto. Como ella trabajaba en una firma de abogados y tenía que regresar al trabajo prontamente, quizá yo podría ayudar.

Cuando la llamé, sólo le pregunté "¿Cómo estás?", y ella de una vez me respondió con un tono de desesperación, "Terrible, debo regresar al trabajo en una cuantas semanas y todavía no hemos encontrado una niñera. La niñera más recomendada no puede empezar a trabajar hasta junio. ¿Qué haré durante tres meses?".

Finalmente yo le pregunté, "Jean, ¿cuanto le pagarías a tu niñera?", cuando me dijo, ¡yo no podía creer su respuesta! "Yo lo haré" le dije, y le expliqué mis planes.

Ella empezó a llorar y dijo, "¡No existe nadie en el mundo que yo preferiría darle a mi hijo más que a ti!".

Entonces, tenía mi departamento gratis, y el trabajo más increíble y más sanador de cuidar a un bebe todos los días. También tenía mis noches libres para salir, y déjenme decirles, en esas seis semanas me presentaron a más chicos de los que conocí durante mis seis años en Los Ángeles. Así que decidí quedarme.

Está bien Dios, ¿para esto me querías aquí? Por mucho que me gustan las nuevas oportunidades, estoy más sola que nunca, me acerco a los 40, y tengo mucho miedo.

Me mude a Passaic en Nueva Jersey, y continúe conociendo gente, saliendo con chicos y tratando de encontrar mi alma gemela. Mientras tanto, mi carrera dio pasos agigantados ya que empecé a dar clases de Torá para adultos en la ciudad de Nueva York, y a dar lecciones en la costa del Este; algo que sólo pensé que ocurriría en Los Ángeles, y que nunca habría ocurrido si me hubiera casado y mudado a esa pequeña ciudad. Entonces pensé, está bien Dios, ¿para esto me querías aquí?; Por mucho que me gustan las nuevas oportunidades, estoy más sola que nunca, me acerco a los 40, y tengo mucho miedo.

Luego, realmente ocurrió. Conocí a mi verdadera alma gemela. Después de darme por vencida en las citas a través de los sitios de Internet, después de años y años de tratar, recibí un increíble e-mail de Frumster.com, sobre un chico que sonaba muy interesante. Está bien, su foto era un poco extraña, quizá sólo era una foto muy mala. Camino a nuestra primera cita, recé para que tuviera una apariencia mejor que la de la foto, y mis plegarias fueron escuchadas. Pero lo más importante es que él resultó ser el hombre más amoroso, comprensivo y generoso, y parecía ver directo dentro de mi alma.

¿Dónde había estado todo este tiempo, quería saber? ¿Por qué se demoró tanto en encontrarme? Resultó ser que recientemente había recibido el divorcio de su ex esposa, después de muchos años en un matrimonio sin amor. Entonces, a pesar de que vivimos un tiempo en la misma ciudad, nuestros caminos nunca se cruzaron. Y si alguna vez se hubieran cruzado, no habríamos estado listos el uno para el otro. Claro está, si me hubiera quedado en Los Ángeles, él nunca me habría enviado un e-mail en primera instancia.

Finalmente nos casamos, y yo le agradezco a Dios todos los días por este increíble regalo que recibí. Mi esposo y yo a menudo tratamos de entender por que Dios demoro tanto en juntarnos. Nosotros examinamos nuestras vidas para ver si pudimos habernos enamorado antes, y siempre nos damos cuenta que no existía otro camino, ni tampoco otro momento fuera de este, en donde todas las piezas se juntaron a la perfección. Estos son los momentos en donde miro el espejo retrovisor y veo a Dios con tremenda claridad en todos los aspectos de mi viaje.