Shulamit y yo nos conocimos por Internet.

Después de unos cuantos mensajes de acá para allá, era tiempo de llevar las cosas al siguiente nivel, entonces la llamé.

"Dave, tú hablas, te ves, y actúas igualito a todos las personas de este sitio. Si no hubieras incluido en tu perfil esa foto tuya sirviendo en el ejército israelí, no creo que nos hubiésemos conocido. Gracias a Dios la subiste".

Ella tenía un excelente sentido del humor. Me di cuenta de que había tenido que atravesar muchas cosas en su vida, y que sus experiencias la habían transformado en una mejor persona. Había algo especial acerca de ella. Acordamos salir a cenar.

Después de 10 agotadores años como soltero, yo ya había pasado por todo. Las cosas no funcionaban nunca. Llegó un punto en que yo no quería invertir tiempo ni energía en salir a cenar. Una taza de café era suficiente para ver si había algo que valiera la pena. Entonces, en este caso, una cena en la primera cita era un gran paso. Había algo muy especial acerca de ella. A pesar de mi entusiasmo, tomé la cita con prudencia.

Al principio yo pensé que Internet era un medio genial para encontrar a mi esposa. Después se convirtió en un deporte.

A pesar de estar un poco nervioso, yo era una persona experimentada en las citas por Internet. Conocía todas las historias de personas inexpertas que usaban los sitios de citas y aprendía de ellas. Sabía que no tenía que hablar inmediatamente acerca de mi trabajo en Wall Street, o que fui voluntario para servir en una unidad de combate del ejército israelí. Yo tenía que introducir esa información sutilmente en la conversación, para no dar la impresión de ser arrogante.

Aprendí estas lecciones después de años de engañarme a mí mismo. Al principio yo pensé que Internet era un medio genial para encontrar a mi esposa. No resultó de esa manera. Después de un tiempo, cuando no sabía qué es lo que estaba buscando, Internet se convirtió en un deporte. Una cita exitosa no era conocer a alguien para casarme. Era transformar la velada en un derroche de fanfarronería.

Todo se trataba de proyectarme a mí mismo, tocando un botón emocional dentro de la otra persona y provocando una reacción química. Era, a fin de cuentas, un juego de conquista.

Shulamit me llevó a un restaurante bujariano casher y tuvimos un banquete de papas y shish-kebab. La comida era casi tan asombrosa como la compañía. En lugar de hablar de la bolsa de comercio, carreras, y el ejército israelí, Shulamit dirigió la conversación a otro lugar. Fue la primera cita en la que el punto de discusión era Dios, Torá e historia judía. Por primera vez, al final de la cita sentí como mi alma estaba elevada, no al revés.

Durante ese inolvidable otoño, nos vimos mucho. Su carácter fuerte, la simplicidad de cada palabra que ella decía, la calidez de su alma, todo me abrumaba. Y más que nada, ella amaba ser judía. Ella amaba los rezos, el estudio de Torá, y el pueblo judío.

Después de dos felices meses juntos nos comprometimos. Yo estaba tan emocionado. Voy a pasar el resto de mi vida con ella.

Nunca más tendré que lidiar con la tontería de inflar mi ego seduciendo mujeres a través de Internet. ¡Los días de ego personal finalmente terminaron!

¿Qué Viene Ahora?

Así pensé yo.

Ahí es cuando empezó el miedo.

Estaba terriblemente asustado de no poder lidiar con el matrimonio. Me acostumbré tanto a una vida de salir con una mujer detrás de otra. Todos estos años de "no comprometerme" finalmente terminaron. Una voz comenzó a susurrar en mi cabeza.

"Dave, ella ya está en tus manos. Han pasado unos meses y tu ego ya está satisfecho. ¿Quién será la próxima?"

Cuando mi demonio interno hablaba, yo quería vomitar. Ninguna persona en la tierra es más perfecta para mí que Shulamit. ¿Entonces qué lunático sería tan tonto como para ir detrás de otra excursión de ego?

Desafortunadamente, yo tengo la respuesta. Un lunático obsesionado con esas alegrías fugaces, temporarias, falsas, que al final nos dejan con el corazón vacío.

Un lunático como yo.

Este fue el conflicto más grande que enfrenté en mi vida, y no tenía respuestas para resolverlo. Estaba mortificado. Recé a Dios pidiendo ayuda.

La situación era grave. ¿Si no podía resistir el deseo de los instintos egoístas en ese momento, enfocado en mi comprometida, cómo podría serle fiel por el resto de mi vida?

La solución

Estaba leyendo las noticias y vi un artículo acerca de los peligros espirituales de la pornografía en Internet. Este artículo pareció relacionarse tangencialmente con lo que yo estaba atravesando, por lo que hice clic en el link.

Entonces, sucedió un milagro.

Era un artículo del rabino Tzvi Fishman sobre los valores sexuales judíos. Lo leí y estaba fascinado. Nunca había escuchado nada parecido.

En cada acto que hacemos, hay energía espiritual.

Siempre había pensado que la moralidad sexual era lo más difícil de todo. Encontré que lo opuesto es verdad. Aprendí que en cada acto que hacemos, hay energía espiritual. Algunos actos, como la interacción masculino-femenina, contienen cantidades inmensas de energía espiritual. Cuando no canalizas esta energía de la manera adecuada, este potencial es desperdiciado. El cuerpo se agota y la mente pierde concentración. Te deprimes, te pones apático, y emocionalmente distante.

Durante todo este tiempo, yo estuve contaminando mi alma y ni siquiera lo supe. Estos padecimientos me afligieron por tanto tiempo y ni una vez asumí que eran aflicciones espirituales. Siempre pensé que medio kilo de helado me ayudaría a subir el ánimo.

La solución era cambiar el enfoque. En lugar de disipar toda la energía hacia afuera, ahora la canalizo hacia mi esposa. Exclusivamente. Cada momento tengo la elección de estar más conectado a mi esposa, o más distanciado.

Este fue un cambio de paradigma. Una manera completamente diferente de mirar a las mujeres. No estoy hablando de adulterio. Esto es mucho más sutil. Incluye seducir, un abrazo amistoso, y muchas convenciones sociales que damos por sentadas.

Este no es un desafío pequeño, con todos los mensajes publicitarios cargados de sexualidad que aparecen en cualquier lado.

Pero tenemos el poder de elegir.

Ahora, cada vez que aparto mis ojos o mi mente de algo inapropiado, Dios me da la energía espiritual que estaba desperdiciando. Y toda esa energía es reservada totalmente para mi esposa.

Nuevo Enfoque

Descubrí que a medida que mejoraba mi comportamiento, algunos cambios increíbles comenzaron a ocurrir.

Desde que comenzó mi vida laboral, la alarma del despertador siempre suena treinta minutos antes de la jornada de trabajo. Y como siempre apretaba el botón "snooze" cinco veces, siempre llegaba tarde. Más allá de cuánto me esforzara, yo simplemente no podía salir de la cama para llegar al trabajo a tiempo. Llegar tarde era una manera terrible de empezar el día. Mi carrera y mi salario sufrían por este hábito patético.

Pero después, a los pocos días de haber empezado a cumplir esta mitzvá, empecé a levantarme mucho más temprano. Sin hacer cambios en mi dieta diaria, ahora me levanto a las cinco de la mañana. Ahora tengo una mañana entera para estudiar, rezar, y pasar más tiempo con mi esposa.

Y mi mente está más clara y afilada que nunca. Entiendo conceptos más rápido, e incluso he comenzado a entender las palabras en ruso que mi esposa me dice cuando olvido lavar los platos. Estoy mucho más concentrado, no sólo en el trabajo, sino que principalmente en mi matrimonio.

Todos esos años yo estaba concentrado en conquistar mujeres. Pero después rompí el ciclo. Me di cuenta que el triunfo verdadero es la conquista de uno mismo.