Ella enrolla la pasta de dientes, él la aprieta. Él mete los zapatos debajo de la cama, ella los guarda en el closet. Para este tipo de temas, no necesitas que intervenga Dios y ni siquiera el consejero familiar. Normalmente, alguno es lo suficientemente grande como para ceder. O al menos pueden lanzar una moneda. Hacer un juego de fuerza de manos. O usar las artes marciales si es necesario.

Pero, ¿qué haces cuando es algo importante – algo realmente importante – y ninguno de los dos está dispuesto a ceder?

La verdad es que esos hombres y mujeres rectos de la Biblia también tuvieron lo suyo en cuanto a desafíos maritales. Ve la historia de Isaac y Rebeca. ¡Ellos estuvieron en desacuerdo sobre sus hijos por más de 50 años! Una "pelea" de 50 años y vivieron felices para siempre. ¿Cómo lo hicieron?

¡Ellos lo hicieron haciendo nada!

Ellos no pelearon y ellos no se rindieron. Por supuesto que sabían que tenían diferencias. ¿Cómo pueden dos personas compartir el mismo techo y no tener diferencias? Pero también sabían que no toda queja tiene que exteriorizarse en el momento y que no todo conflicto requiere ser resuelto inmediatamente. ¿Por qué convertirlo en una disputa?

Y ellos no lo guardaban como algo en contra del otro. Ellos entendían que el matrimonio es algo que se debe conservar para siempre.

El Enfoque Silencioso

La historia de Jacob en el libro de Génesis dice así: Jacob era tan bueno como el oro. Su hermano mellizo Esav era totalmente corrupto – pero actuaba de manera muy correcta frente a su padre.

Durante toda su vida, Isaac, el padre, estuvo convencido que Esav merecía las bendiciones como futuro líder del pueblo judío.

¡A veces el amor significa no decir... nada!

Rebeca, la madre, tenía otra visión. Ella vio lo que Esav era en realidad – un mujeriego vagabundo y un asesino despiadado. Ni siquiera tenía una onza de santidad en él. ¿Cómo podía ella permitir que él tomara el mando?

Entonces, ¿Qué debía hacer ella? ¿Denunciar a su propio hijo en frente de su padre? ¿Discutir? ¿Gritar? ¿Pelear?

No. Rebeca esperó. Cuando llegó el momento de que Isaac bendijera a sus hijos, Rebeca organizó los acontecimientos para que Isaac pudiera ver a Esav y a Jacob, uno seguido del otro, en una situación exactamente igual y pudiera juzgar él mismo sus verdaderos caracteres.

Ella lo hizo todo de una forma tal que Isaac aceptara, con mucho respeto – en una forma tal que le permitiera cambiar de opinión sin perder su estatus.

Eso es sabiduría judía en acción.

Todos Ganan

Entonces, ¿Qué pasó? Cuando Jacob entró al cuarto a recibir sus bendiciones, Isaac, el padre, dijo que olía como el Jardín del Edén.

Pero el hedor alrededor de Esav era algo verdaderamente diferente. Ahí estaba Esav, tal como había sido siempre, brutal, cruel, mandando a su padre, gritando a todo pulmón. Eso no era un líder para el pueblo judío. Ese era el padre de Roma y toda su cruel decadencia.

Después de ver a sus dos hijos de esta manera, a Isaac no le tomó mucho tiempo darse cuenta de la situación.

Y así, después de todos esos años, finalmente Rebeca "ganó". Pero realmente ganaron los dos. Ella logró mostrarle a su marido, sin enojarse, que ella había estado en lo correcto todo el tiempo. Ella mantuvo la paz en la familia al mantener sus principios y eventualmente logró que Isaac se pusiera de su lado.

Esa es la lección para nosotros. ¡A veces el amor significa no decir... nada! En ocasiones, simplemente tenemos que mordernos la lengua hasta que sea el momento oportuno, tal vez utilizando un poco de artimañas por aquí y por allá, hasta que seamos capaces de demostrar nuestro punto de una forma amable.

Entonces la regla es: ¡Cuando tengas duda, espera!

Puede ser que no sea inmediatamente tan decisivo como un golpe demoledor en una pelea. Pero puede ser uno de los secretos para mantener un matrimonio largo y feliz.

Basado en una clase del Rabino Itzjak Berkowitz.