"Siento una comezón interior", me confesó hace poco una joven llamada Bárbara. "Hace cuatro años que estoy casada; nunca había estado con el mismo hombre durante tanto tiempo. Es decir, amo a mi esposo y estoy muy en contra de la infidelidad pero… creo que extraño la cultura del coqueteo en la que crecí. Conquistar al chico que me gustaba me llenaba de energía; me llenaba de energía la persecución, la emoción de la persecución. Sé que suena mal, pero extraño esa emoción".

Detrás de esa emoción hay, en realidad, un potente cóctel de químicos: feniletilamina (el químico que nos hace sentir tan bien que no necesitamos dormir ni comer), norepinefrina (eleva nuestro ritmo cardiaco y la presión sanguínea), oxitocina (apropiadamente apodada la hormona del amor) y dopamina (que ayuda a controlar los centros del cerebro de placer y recompensa). Cuando esos químicos son bombeados hacia el cuerpo, uno se siente bien, muy bien... hasta la caída post coqueteo. Pero de alguna manera parecemos desarrollar una memoria selectiva y recordamos sólo la emoción y no los momentos bajos.

Para Miguel, que pasó 20 años entrando, y rápidamente saliendo, de relaciones, no se trataba tanto del coqueteo mismo, sino de la emoción que venía con este. "Lo importante es el poder de la persecución", me dijo Miguel, "y cuando la persecución termina, entonces todo se acaba". La ironía es que, a pesar de sentirte poderoso en el momento, terminas sintiéndote vacío e impotente; y este sentimiento es el que genera la necesidad de una nueva persecución… y otra...

Como le expliqué a Bárbara, el coqueteo gira en torno a lo que yo denomino obtener poder. Por otro lado, el matrimonio requiere de lo que llamaríamos poder de permanencia. Esto significa, de acuerdo al diccionario de sinónimos: vitalidad, tolerancia, resistencia, carácter, coraje y corazón. Déjame mostrarte cómo se ve el contraste en un cuadro:

 

OBTENER PODER

PODER DE PERMANENCIA

Una sensación placentera inmediata y superficial que viene seguida por un vacío.

Una sensación placentera que crece en duración e intensidad a medida que los miembros del matrimonio se conocen mutuamente (vitalidad).

Inseguridad: Mejor que él/ella no me guste más de lo que yo le gusto a él/ella (o que tome la relación más en serio que él/ella).

Seguridad: Aunque hayan altos y bajos respecto a cuán conectado me siento con mi pareja, siempre habrá alguien a mi lado (tolerancia).

Tendencia a renunciar cuando se pone difícil.

Capacidad para seguir hacia adelante y empujar, lo cual a menudo lleva a una conexión aún más fuerte (resistencia).

Una sensación agradable momentánea en tu estómago.

Un sentimiento persistente y agradable en tu corazón (vitalidad).

Dependencia: necesitas que alguien te quiera.

Interdependencia: un lazo que se construye cuando dos personas expresan su individualidad dentro del marco del matrimonio (carácter).

Temor y/o incapacidad de ser visto o ver al otro.

Intimidad emocional: la profundidad de que el otro te vea y conozca, y de ver y conocer al otro (coraje).

Llevar la cuenta: Yo te di más de lo que tú me diste a mí.

La expansión de uno mismo que surge de satisfacer las necesidades de tu pareja como si fueran tuyas (corazón).

Ahora seamos prácticos. Aquí hay algunas claves que te pueden ayudar a dar el salto desde la obtención de poder al poder de permanencia:

1. Escribe para tener claridad: dado que la obtención de poder gatilla una sensación inmediata de bienestar que es seguida de un vacío, escribe cada vez que esto ocurra y/o te haya ocurrido en el pasado. Es muy fácil olvidar el dolor del ciclo de la obtención de poder. Mantener un registro escrito es el recordatorio ideal para este proceso inconducente.

2. Busca ejemplos a seguir: busca personas que tengan un matrimonio feliz (¡existen!) y proponte aprender de ellas. Puedes observarlos y/o pedirles que te aconsejen.

3. Lee e investiga: hay libros en el mercado y artículos excelentes en Internet sobre cómo crear matrimonios estables y duraderos.

4. Da rienda suelta al poder de dar: trabaja tu músculo de dar y descubrirás lo increíble que es este poder interior. Si quieres experimentar lo que es el amor real, entonces el secreto es dar. Rav Eliahu Dessler, un famoso rabino de mediados del siglo pasado, enseñó: “Estamos acostumbrados a pensar que el dar emana del amor, porque cuando amamos a alguien sentimos un deseo natural de dar. Sin embargo, este argumento parecería tener otro aspecto”. Rav Dessler explica que cuando invertimos en algo o alguien, es entonces que llegamos a amar a ese objeto o persona. La verdad es que la prueba más grande de que tienes un poder interior es que puedes ser un dador.

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Poder de permanencia… todos lo tenemos en nuestro interior. Es posible que seamos una sociedad adicta al coqueteo porque hemos olvidado qué significa ser realmente poderoso. Hemos sido engañados, nos han dicho que la actitud de obtención de poder nos ayudará a… bueno… obtener poder. Pero en cambio, ésta no hace más que dejarnos impotentes y solitarios. Por otro lado, el poder de permanencia requiere de mucho más corazón y coraje, pero nos deja fortalecidos y poderosos, por no mencionar el beneficio extra que nos entrega: un matrimonio lleno de amor y para toda la vida.