El poeta ingles George Herbert popularizó el dicho "Vivir bien es la mejor revancha". Si te han dejado plantado, te han traicionado o has sido aplastado por la decepción, bien debes saber que el dolor emocional que una desilusión amorosa conlleva puede ser abrumador, y que el camino a vivir bien – a sentirse bien – dista mucho de ser un camino recto y suave.

Una desilusión amorosa puede tirar incluso al más firme de los egos; puede dejarnos con un sentimiento de depresión, enojo, derrota o privación. Puede hacernos creer que somos indignos, imposibles de amar o indeseados. Cuando perdemos a alguien que queremos, un futuro que esperábamos o una valiosa relación, el mundo puede parecer muy oscuro. Recorremos la gama de sentimientos difíciles, quizás no queriendo sentir lo que sentimos, pero sin saber cómo avanzar. Y puede sentirse como que las cosas nunca cambiarán.

¿Entonces cómo hacemos frente a esto? ¿Cómo podemos sobreponernos al dolor para llegar a un lugar en donde podemos realmente encontrar paz, aceptación y alivio?

No hay un camino directo para dejar de sentir dolor. El dolor puede asomarse sigilosamente a deshoras, o puede ser un dolor constante. El paso del tiempo ayuda; las perspectivas pueden cambiar cuando tenemos algo de distancia del impacto de la pérdida en sí. Sin embargo, a lo largo del camino hay unas cuantas cosas que pueden ayudar:

  • Tómate tiempo para sufrir. Reconoce tus sentimientos y préstales atención. Incluso crea un tiempo designado para estar con el dolor. Resiste el impulso de pelear con los sentimientos o convencerte de que no los tienes.

  • Permítete algo de tiempo de distracción. Lee, escucha música, asiste a una clase o participa de alguna actividad absorbente que le de a tu mente la oportunidad de descansar. Si no puedes concentrarte, haz las cosas de a poco hasta que puedas.

  • Habla con Dios. Incluso si no estás acostumbrado a los rezos, pruébalo. Pídele a Dios en tus propias palabras ayuda para sobrellevar tus dificultades y para tener la fuerza de seguir adelante.

  • Escribe. Escribe un diario. Escribe una lista de todas tus características positivas. Escribe una lista de las cosas por las que estás agradecido, de lo que "sí" tienes en tu vida. Escribe una lista de tus victorias, de tus buenas cualidades, de tus cosas favoritas, de las cosas que te dan placer. Escribe una carta a la persona que te causó el dolor. Dile todo lo que tienes ganas de decirle, pero no la envíes. Ponla en una caja y guárdala. Escribe una carta de esa persona para ti. Escribe lo que te gustaría que dijera. Explica las cosas desde su lado. Agrégala a tu caja. No la envíes.

  • Habla. Encuentra una o varias personas que estén dispuestos a escucharte sin darte consejo (a menos que tú lo quieras). Habla con alguien a quien le caigas bien, que te apoye y que intente entenderte. Si sientes que estás sobrecargando a esa persona, busca un terapeuta y habla con él.

  • Analiza tu rol en las cosas. Esto puede ser doloroso, pero finalmente, analizar el cómo puedes haber contribuido tú al rompimiento te ayudará enormemente. Piensa sobre qué necesitas para perdonarte. Recuérdate que los errores son humanos y forman parte de las relaciones.

  • Haz ejercicio. Camina. Corre. Ponte en forma. Se siente bien y genera bioquímicos que ayudarán a subir tu ánimo.

  • Crea. Aprende a dibujar, a escribir creativamente, aprende música, adquiere un hobby. No tienes que sumergirte en él, pero abre una nueva puerta dentro de ti. Nunca sabes a dónde llevará. Encuentra algo que te cautive y que requiera suficiente concentración para que tu mente tenga que enfocarse, incluso si es por un tiempo corto.

  • Encuentra cosas que esperar con ansias. Las cosas simples cuentan, como reunirte con una amiga o salir de paseo en un lugar hermoso.

  • Cuida bien tu cuerpo. Come bien; toma vitaminas; toma mucha agua. Date un masaje. Compra algo relajante y cómodo, como calcetines suaves o un nuevo suéter.

  • Sirve a otros. Sé voluntario. Prepárale una cena a alguien. Llévale flores a alguien. Llama a alguien, pregúntale por su día y escucha sus cosas.

  • Estudia una nueva mitzvá o escoge una en la que nunca te has enfocado y estudia cómo cumplirla de la mejor forma.

  • Escoge un rezo o parte de un rezo de un libro de rezos y apréndelo de memoria.

  • Dedica algo de tu sufrimiento a la curación de alguien que está enfermo o alguien que está cautivo.

  • Evita los ‘gatilladores’ cuando sea posible. Puede que necesites minimizar tus salidas a lugares que te generen sentimientos negativos o el estar con personas que te recuerden el dolor. A medida que pase el tiempo sabrás cuándo podrás regresar a esos lugares sin tener una recaída.

  • Respeta el dolor. Dale honor. Si la relación significó tanto para ti que su ruptura fue capaz de causarte tal dolor o rabia, no la minimices. En vez de eso, dale espacio a tus sentimientos y ponte en camino a vivir bien de todas formas.

Mientras que algunos desamores pueden nunca curarse o desaparecer por completo, podemos aprender cómo llevarlos tiernamente con nosotros mientras avanzamos hacia tiempos mejores, terminando con una vida más rica y profunda, con nuevas alegrías y con la habilidad de traspasar nuestra resistencia a otros que la necesitarán.

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