Conocí a Ali en una fiesta del barrio. Era bondadoso y divertido. Tuvimos una maravillosa conversación que duró más de una hora. Pero por alguna razón intangible, supe que no seríamos nada más que amigos. Y entendí que él no quería sólo otra amiga, así que me despedí y seguí mi camino.

Al recibir el siguiente mensaje de texto me sorprendí. Era de Ali y consistía en una simple pregunta: “¡Hola! Vi que participas en muchas organizaciones judías. ¿Acaso sólo sales en citas con judíos?”.

Me sorprendió la honestidad de la pregunta, quizás me sentí un poco halagada de que se hubiera tomado el tiempo para revisar mi historial de Facebook, un gran "elogio" en el mundo de las citas del siglo XXI, y me formulé la misma pregunta: ¿acaso sólo estoy interesada en tener citas con judíos?

Cuando anuncié que me mudaba a Boston, mis compañeras de trabajo cristianas bromearon que sería un buen lugar para encontrar un “agradable médico judío”. Les dije bromeando que también me conformaba con un agradable dentista judío.

Cuando fui a Jabad, la esposa del rabino anunció que la madre de un joven estaba de visita buscando una pareja para su hijo israelí. En mi mente pensé: Él es judío; eso ya es suficientemente perfecto. Me sorprendí cuando en el almuerzo, eso no fue suficiente ni siquiera para mantener una conversación.

Cuando abrí por primera vez una aplicación de citas, también allí apareció la pregunta de la religión como parte del criterio de búsqueda. Sin ni siquiera pensarlo dos veces, sólo busqué judíos.

En algún rincón interno, en un lugar más espiritual que cognitivo, realmente busco sólo una pareja judía. Me esfuerzo por descubrir si un apellido que suena judío es realmente judío o no. Criada en un hogar judío, donde se encendían las velas de Shabat y se entonaban plegarias en hebreo, me imagino a un hombre que pueda acompañarme a la sinagoga y enseñarles a nuestros futuros hijos —y a mí— más sobre judaísmo que lo que ya sé. En la tradición judía, la madre es akeret habait, el 'pilar del hogar', y el poder de crear una casa judía está en sus manos.

¿Eso significa que una madre judía también puede crear un hogar judío en un matrimonio de fe mixta?

Me imagino a un hombre que pueda acompañarme a la sinagoga y enseñarles a nuestros futuros hijos —y a mí— más sobre judaísmo que lo que ya sé.

Como yo misma soy hija de un matrimonio mixto (mi padre no es judío) y a pesar de eso soy una judía devota, me esfuerzo por responder mi propia pregunta.

En el libro de Deuteronomio, la Torá prohíbe los matrimonios mixtos: “No te casarás con ellos… porque eso causará que tu hijo se aleje de Mí y que sirva a otros dioses”. Claramente, yo no me he alejado del judaísmo. Mientras que otros hijos de matrimonios mixtos aseguran ser “mitad y mitad” —algo que yo reservo para cuando tomo un café más que para mi identidad religiosa— yo me siento apegada al judaísmo como mi única herencia.

De todas maneras, sé que fácilmente hubiera podido alejarme del judaísmo o practicar un menor nivel de observancia de la fe. Hubo días en los que mi padre me invitó a ir a la iglesia, provocando que yo, una niña pequeña, tuviera que poner la religión en contra de la familia de mi madre. Yo fui la que tuvo que decir “no” para elegir el judaísmo antes que la iglesia cuando era demasiado pequeña incluso para atarme los cordones de los zapatos.

No cambiaría por nada a mi familia; mis padres son dos de los mayores regalos que Dios me ha dado. Incluso en un hogar de fe mixta, tuve la bendición de recibir la guía espiritual de mi madre, mi rabino, la comunidad judía y la sinagoga. Aunque es difícil imaginarlo, en un hogar de fe mixta, mi padre no judío era a menudo el que cantaba con más fuerza las plegarias de los servicios de Shabat, y fue con orgullo a la sinagoga cuando hice mi Bat Mitzvá. Mi madre tiene una fuerza espiritual inigualable, incluso cuando se trató de tomar la difícil elección de negarse a pasar Pascuas con sus suegros para observar Pésaj o de encender las velas de Shabat en la habitación junto a un árbol de navidad. En ese cálido abrazo al judaísmo, no había otra opción en mi corazón: el judaísmo claramente formaba parte de mi ser.

Sin embargo, sí existe una pequeña distancia espiritual entre mi padre y yo y entre su familia y la mía. Siempre existirá mientras mis bases se encuentren en la Torá y las mitzvot y las suyas se encuentren en un marco espiritual que yo no comparto.

Y aunque salir en citas en estos tiempos modernos está a varios pasos de distancia del matrimonio, si se lo pone a prueba, mi ser lógico y espiritual no buscaría un compañero fuera de la fe judía. Si me preguntan directamente si saldría con alguien no judío, mi instinto sería decir “no”.

Pero el instinto contradice mi realidad. Siguiendo el ejemplo de mis padres, en verdad nunca salí con un judío. Salí con cristianos no religiosos, con ateos y judíos que sólo son judíos por línea paterna. Ninguna de esas relaciones funcionó. En cada una de estas relaciones, sin importar cuán fuerte fuera la conexión, yo llevaba a la dinámica una devoción por Dios que simplemente no podía ser compartida en una relación de fe mixta. La base de la relación, la conexión espiritual, estaba fracturada desde un comienzo.

Un matrimonio judío es un binián adei ad, un 'edificio eterno'. No hay nada más bello. Yo no dudo que el matrimonio mixto de mis padres durará durante toda su vida física y espiritual. También su amor es bello. Pero no es lo que yo deseo. No es el hogar que yo anhelo crear.

Formo parte de una generación en la cual los matrimonios mixtos son algo común. Y yo soy una de las tantas jóvenes que comprenden el daño de este patrón; un gran número de jóvenes recibirán un mensaje de texto como el que me envió Ali, preguntándoles si ellos sólo salen en citas con otros judíos. Estas personas, como yo, repasaran sus propias experiencias. En mi caso, la lucha para apegarse al judaísmo en un hogar de fe mixta y el desafío de estar intrínsicamente en desacuerdo con la elección que hicieron nuestros padres. Muchos trataremos de imitar a nuestros padres para evitar la incomodidad de desear algo diferente. Otros caminaremos sobre la fina línea de honrar a nuestros padres y al mismo tiempo decidir que un matrimonio mixto no es necesariamente lo correcto y, por cierto, no es lo adecuado para nosotros.

Le escribí mi respuesta a Ali y finalmente le dije: “Sí, sólo salgo en citas con judíos”. Al pensar en mis padres y conectarme con mi fe, este fue el mensaje más difícil y poderoso que envié alguna vez.