No hay nadie en el mundo que no tenga razones suficientes para sentirse agradecido. Nuestras familias, nuestros amigos, nuestra salud, solamente el hecho de estar vivos, todas estas son razones para celebrar y sentirnos agradecidos con Dios.

Sin embargo, a veces ocurre que nos olvidamos de mirar las cosas de esta manera y comenzamos a dar por sentado todas las cosas buenas de nuestra vida. Incluso, a veces, comenzamos a concentrarnos más en las cosas que nos faltan que en las cosas que tenemos.

En la Parashá de esta semana aprendemos acerca del Korban Todá, la ofrenda especial que un judío llevaba hasta el Tabernáculo para expresar su agradecimiento a Dios.

Podemos aprender de esto lo valioso que es desarrollar la gratitud y lo importante que es estar agradecidos por todo lo bueno que tenemos en nuestras vidas.

En nuestra historia, una niña aprende de su amiga una valiosa lección de como sentirse agradecida por lo que tiene.

Una mirada más profunda

Todos hemos apoyado a Yael, han transcurrido seis largas semanas desde que la operaron de sus ojos. Durante todo este tiempo ella ha tenido que utilizar parches. A pesar de que ha tratado de ser fuerte, ha sido casi imposible para ella y para todos nosotros, sus amigos, no estar nerviosos desde que los doctores dijeron que incluso después de la cirugía no era claro si ella podría recuperar su vista o no.

Ahora, finalmente había llegado el día en el que Yael se quitaría los parches de sus ojos. Nunca olvidaré lo que sentí aquella tarde en esa sala de espera. Yael, su madre y su padre estaban todos dentro del consultorio junto con el doctor. Nosotros, un grupo de niños, nos habíamos reunido afuera esperando celebrar las buenas noticias o por lo menos para apoyarla en caso de que... no quiero ni siquiera pensarlo.

"Pareciera que llevan una eternidad ahí adentro" pensaba yo, mientras hojeaba con nerviosismo todas las revistas que había. "Hey, están abriendo la puerta. Escucho mucho ruido pero no logro distinguir, ¿es llanto o risa?"

Finalmente salieron de la oficina. Todos miramos a Yael y contuvimos la respiración por un instante. De pronto ella se lanzó a nuestros brazos. "¡Gracias a Dios, puedo verlos a todos!" dijo ella con lágrimas de felicidad.

Los ojos de nuestra buena amiga mirándonos directamente ha sido la mirada más hermosa que jamás he visto.

Unos cuantos días después recibí una llamada. "Hola Ana, es Yael" dijo ella, como si yo no hubiera reconocido su voz.

"Hola Yael, ¿que tal?"

"Muy bien" dijo ella. "Como ya sabes, todo esto que ha ocurrido últimamente ha sido un milagro muy, muy grande. Por lo tanto he decidido realizar una fiesta para todos nosotros, ¡para que celebremos 'nuestros' milagros!"

"¡Excelente!, ¿pero no querrás decir acaso 'tu' milagro?" pregunté.

Yael comenzó a reír. "Sabes, sólo tuve que ocupar parches en los ojos, ¡eso no significa que olvidé como hablar!" dijo bromeando. "¿Estás de acuerdo en que el hecho de que ahora puedo ver es suficiente razón para celebrar, cierto?

"Yo diría..." suspiré, "... ¡que no puedo pensar en una mejor razón para celebrar!"

"Muy bien" dijo Yael, "en ese caso, ¡tú también puedes ver!"

No ocurre frecuentemente, pero esta vez me quedé sin palabras...

"¡¿Es acaso menos milagroso, o menos razón para celebrar, que tú y todos los demás puedan ver!? Mientras me recuperaba de la operación, aprendí muchas cosas fascinantes acerca de como funciona el ojo humano. ¡No creerías lo increíble que es! Realmente deberíamos hacer una fiesta cada vez que abrimos nuestros ojos"

"Tienes razón", contesté, "pero tú, especialmente, tienes una razón por la cuál estar agradecida ya que tuviste que pasar por una cirugía y ahora puedes ver nuevamente..."

Ella me interrumpió y dijo: "Desde mi punto de vista, con todo lo agradecida que yo estoy, pienso que tú deberías estar aún más agradecida, ¡ya que puedes ver perfectamente sin la necesidad de haber pasado por una cirugía!"

Durante un instante pensé con calma en lo que estaba diciendo. "sabes Yael" le dije, "realmente tienes razón. Con mucho gusto asistiré a nuestra fiesta"

Después de que colgamos el teléfono, me di cuenta lo afortunada que soy de tener una amiga, que incluso con parches en los ojos o sin ellos, es capaz de ver cosas que la mayoría de nosotros no somos capaces de ver.

De 3 a 5 años

P. ¿Qué sintieron los amigos de Yael cuando se dieron cuenta que había recuperado la vista?
R. Ellos se sintieron muy felices y agradecidos al ver que ella estaba bien.

P. ¿Qué lección aprendió Ana de su amiga Yael?
R. Ella aprendió que todo aquel que puede ver, tiene que sentirse muy agradecido por eso.

De 6 a 9 años

P. ¿Quién crees tú que aprecia más las cosas? 1) Alguien que perdió algo y luego lo recuperó, o 2) Alguien que nunca lo perdió en primer lugar. ¿Por qué?
R. Si bien en teoría deberíamos apreciar las cosas sin necesidad de perderlas, frecuentemente damos las cosas por sentado. En algunos casos, sólo cuando perdemos algo somos capaces de apreciar su verdadero valor. Esta es la razón por la cual Yael fue capaz de apreciar su visión en mayor medida que sus amigos. La clave para sentirnos agradecidos es nunca dar las cosas por sentado.

P. ¿De qué forma piensas tú que nos afectaría el hecho de ser capaces de apreciar todas las cosas buenas de nuestra vida?
R. ¡Seríamos muy felices! Todos tenemos un número incalculable de bendiciones en nuestra vida, de las cuales incluso la más pequeña nos llenaría de felicidad si es que pudiéramos apreciarla realmente. Cuando nos concentramos en alguna de ellas – ya sea nuestra familia, nuestros amigos, salud, nuestras pertenencias, o el simple hecho de estar vivos – eso nos da acceso a una herramienta muy poderosa para alcanzar la felicidad.

P. ¿Puedes pensar en algunas cosas buenas de tu vida que aprecies? Imagina por un momento tu vida sin ellas.

10 años y más

P. Yael estuvo muy cerca de perder su visión. Pero a través de esta experiencia llegó a apreciarla mucho más. En tú opinión, ¿es la pérdida, o la amenaza de pérdida, la única manera en que conseguimos apreciar las cosas? Si piensas que no es así, ¿que otros caminos existen?
R. Ciertamente experimentar una perdida es una forma de crecimiento muy poderosa que nos ayuda a aumentar nuestro nivel de apreciación por las cosas, aunque en algunos casos puede ser una experiencia muy dolorosa. Un método más agradable para aprender a valorar las cosas, es a través de esforzarnos seriamente en apreciar todo lo que tenemos. Podemos hacer esto imaginando como sería nuestra vida sin estas cosas, o tratando de estar cada vez más concientes de que existen a medida que nos encontramos con ellas. Si hacemos esto, aumentará nuestra capacidad de apreciación, y quizás aprenderemos la lección sin necesidad de experimentar una pérdida.

P. Dios ordenó al pueblo judío llevar ofrendas al Tabernáculo para agradecerle a Él por todas las cosas buenas. ¿Acaso Dios realmente necesita nuestras demostraciones de agradecimiento, o en este caso nuestras ofrendas? ¿Por qué piensas tú que nos pidió esto?
R. Dios es el creador de todo lo que existe. Dado que todo le pertenece a Él, ciertamente no necesita nada de nosotros. Sin embargo, Él tiene tanto amor por nosotros que desea regalarnos la mejor forma de crecimiento espiritual y de conciencia. Desarrollar un sentimiento de gratitud es una parte fundamental de este crecimiento. Cuando el pueblo judío traía ofrendas de agradecimiento eso los ayudaba a darse cuenta de todas las cosas buenas por las cuales debían estar agradecidos y ayudaba a que se despertara en ellos la capacidad de apreciar estas cosas. La verdad es que, a pesar de que Dios no necesita nuestros agradecimientos, nosotros si necesitamos aprender a darle gracias a Él para poder crecer.

P. ¿Puedes pensar en algunas cosas buenas de tu vida que aprecies? Imagina por un momento tu vida sin ellas.