Es muy bueno sentirnos bien acerca de nosotros mismos, pero a veces cometemos el error de subir nuestra autoestima bajando la de los demás. La parashá de esta semana nos enseña acerca del proceso curativo que debía atravesar una persona que contraía tzaraat, una enfermedad espiritual que solía afligir a la gente. Nuestros sabios nos enseñan que la causa subyacente de tzaraat era que la persona se había tornado arrogante y presumida. El proceso curativo era muy extenso y eso ayudaba a que la persona se tornara más humilde y más sencilla. La Torá considera que la humildad es uno de los rasgos de personalidad más importantes y más espirituales que existen, y por lo tanto, quiere que aprendamos a valorarnos a nosotros mismos sin la necesidad de demostrar que somos mejores que los demás.

En nuestra historia, un niño recibe una lección de humildad.

Cerebro y Corazón

Se podía escuchar caer un alfiler en la clase de biología del Sr. Andrade, mientras él, caminaba por los pasillos de un lado hacia el otro. Todos los niños contenían la respiración mientras él repartía las calificaciones de los exámenes finales.

Este examen era el más importante del año, e influía mucho en la calificación final que cada alumno obtendría. Cuando el profesor terminó de entregar todos los exámenes salió del salón de clases para ir a buscar algunos materiales de estudio. Esta fue la señal para que se desatara un terrible alboroto, ya que todos los niños comenzaron a hablar de los resultados de sus exámenes.

Algunos se felicitaban mutuamente, otros simplemente se sentaban moviendo la cabeza con incredulidad. Marcos, quien era conocido por ser uno de los mejores alumnos de la clase se dirigió hacia Alan, el chico que se sentaba junto a él, que también era uno de los mejores estudiantes, y al mismo tiempo su máximo rival.

"No está mal, para mi", dijo Marcos mientras exhibía su examen a Alan y al resto de la clase con un gran "96" escrito en la parte superior. Considerando la dificultad de este examen realmente había sido una excelente calificación. Ninguno de los otros niños se acercaba a una calificación similar. "Entonces... Alan", dijo Marcos en voz alta, "¿Cómo te fue en el examen?"

Alan bajo su mirada de tal modo que la respuesta fue aparentemente clara.

Percibiendo una victoria segura, Marcos comenzó a hablar en un tono sarcástico. "Vamos, muéstranos, no puede ser tan malo, ¿verdad?"

Alan se sentía evidentemente incómodo. "¿Qué importa mi calificación? Sabemos que a ti te fue muy bien. ¡Felicitaciones!", dijo Alan, con la esperanza de poner fin a la conversación.

Pero Marcos no cedía, rápidamente él y sus amigos comenzaron a molestar a Alan de manera muy arrogante por no querer mostrar su terrible calificación. Pronto volvió el maestro, y todo el mundo se calmó. La campana del recreo sonó, y todos los niños salieron a jugar. Pero Marcos se quedó merodeando cerca de la puerta.

Guiñándole un ojo a sus amigos, Marcos dijo: "Quédense chicos. He notado que Alan ha doblado su examen y lo ha guardado en su carpeta. Volvamos a echar un vistazo. Si es tan malo como pienso, entonces nos divertiremos un buen rato y luego lo pegaremos en el lugar de los anuncios, ¡para que todo el mundo lo vea! "

Sus amigos asintieron con Marcos y su idea, y también estuvieron de acuerdo en que no por nada Marcos era llamado el cerebro de la clase.

Cuando no había nadie en los alrededores, los chicos ingresaron en el aula vacía y se dirigieron hacia la mesa de Alan. "Quiero tener el honor", pidió Marcos, mientras hurgaba en la carpeta del muchacho. "¡Lo tengo!" Dijo, sacando el papel doblado.

Sus amigos observaban sonriendo. "Vamos Marcos, ¿cuánto obtuvo?, ¿70?, ¿60?, ¿menos?"

Pero Marcos no reaccionaba. Él sostenía el examen con incredulidad. De pronto el papel cayó de su mano, y todos se amontonaron para ver la calificación. Se sorprendieron de sobremanera cuando vieron escrito un gran... 100.

Las sonrisas burlonas desaparecieron inmediatamente, y se dieron cuenta de que habían entendido todo mal. Alan no había escondido su examen por su propio bien, sino por el bien de ellos, para que no se sintieran mal. Desde aquel momento los muchachos, y en especial Marcos, adquirieron un gran respeto por Alan, el humilde muchacho que no sólo tenía el cerebro más grande de la clase, sino que también el más grande corazón.

De 3 a 5 años

P. ¿Cómo se sintió Marcos cuando Alan se negó en primera instancia a mostrar su examen?
R. Él se sintió superior a los demás, y asumió que Alan no quiso mostrar su examen por haber obtenido una calificación más baja.

P. ¿Cómo se sintió Marcos después de ver el examen de Alan?
R. El vio cómo Alan en realidad obtuvo una mejor calificación que él, y que estaba siendo humilde y no estaba alardeando de ello. Marcos se arrepintió de haber actuado de manera presumida.

De 6 a 9 años

P. ¿Qué significa ser humilde?
R. Cuando somos buenos o hacemos algo bueno, hay dos maneras de reaccionar. Una manera es actuar con arrogancia, y hacer alarde de ello a los demás, e incluso hacerlos sentir mal por no ser tan buenos como nosotros. Pero esto no está bien. La otra opción es ser humilde, y no dejar que se nos suban "los humos" a la cabeza. En lugar de ello, debemos sentirnos agradecidos por lo que tenemos, y al mismo tiempo reconocer que esto no nos da el derecho de hacer sentir mal a los demás.

P. ¿Por qué Marcos se sorprendió tanto al ver que Alan había obtenido una mejor calificación?
R. Marcos supuso que si Alan hubiera tenido un motivo para alardear, entonces lo habría hecho. Él imaginaba que Alan se había quedado en silencio porque había obtenido una mala calificación. Su sorpresa llegó al ver que Alan tenía aun más motivos que él para alardear, y en vez de eso, había optado por tomar el camino espiritual de no hacer que otros se sientan inferiores, aun cuando lo podría haber hecho.

10 años y más P. ¿Cuál es la diferencia entre humildad y baja autoestima?
R. A pesar de la aparente semejanza, son realmente muy diferentes. La humildad es señal de un alto grado de autoestima. Indica que una persona, interiormente, se siente tan bien acerca de sí misma, que no tiene necesidad de probarle su valor a nadie, a través de fanfarronear, molestar, etc. La persona arrogante es la que realmente está tratando de encubrir sus sentimientos de inseguridad acerca de su valor propio, y en el fondo sólo se ve a sí misma como una imitación de lo que la persona humilde ya es.

P. ¿Qué dice el nivel de humildad de una persona acerca de su relación con Dios?
R. Cuanto más cercana se sienta una persona a Dios, más humilde será. Esto se debe a que esa persona ve claramente que todas las cosas buenas que tiene son un regalo de Dios, y por lo tanto, no hay razón para ser arrogante. Todos los regalos que recibe son sólo otra razón para estar agradecidos.