La capacidad de hablar es un regalo precioso. Y a pesar de que nuestras palabras son invisibles, ellas tienen el poder para salvar vidas, o para destruirlas.

La Torá relata que Balak, el rey de Moab, sabía esto cuando pensó en contratar a Bilam, el famoso hechicero, para atacar al Pueblo Judío maldiciéndolo con palabras.

Pero Dios frustró el complot confundiendo el discurso de Bilam, para que en lugar de maldecir al Pueblo Judío terminara bendiciéndolo.

A pesar de que no somos hechiceros, cada uno de nosotros también tiene la capacidad de traer felicidad y bendición cuando hablamos palabras alentadoras y nos abstenemos de herir a los demás con humillaciones y comentarios desagradables.

 

En nuestra historia un niño experimenta el poder de las palabras.

"Altos y Bajos"

Era un típico día de primavera y Dany caminaba de la escuela a su casa. Dany era un muchacho agradable y simpático. Era un poco bajo para su edad, pero intentaba no prestarle atención a su baja estatura.

Mientras caminaba tranquilamente sintió algo pinchando su pie. "Una piedra en mi zapato", pensó para sí mismo, y se agachó para sacarla antes de continuar su camino. Al principio, no se dio cuenta de las escandalosas voces y risas procedentes del otro lado de la calle. Pero a medida que aumentaban, se hizo evidente que se burlaban de él.

Dany levantó la vista y vio, para su desgracia, un grupo de muchachos de mal aspecto apuntando en su dirección y riendo. En el medio del grupo se encontraba Pablo. Parecía que Pablo disfrutaba insultando, maldiciendo, y rebajando a cualquiera que no fuera parte de su grupo. Y a pesar de que él no golpeaba físicamente a la gente, podía ser tan cruel con sus palabras que, a veces, sus víctimas sentían como si hubieran recibido una paliza.

Y ahora, al parecer, era el turno de Dany de enfrentar la ira de Pablo. "¡Hey tú, enano!", le gritó Pablo al muchacho que aún se encontraba agachado con su zapato desamarrado. "¿Qué estás haciendo?, ¿estás hablando con tus amigas las hormigas? ¡Son de tu tamaño Ja Ja Ja!".

Dany sintió como su sangre fluía rápidamente hacia su rostro mientras se sonrojaba con vergüenza. Trató de demostrar que no le estaba prestando atención a las burlas. Pero por dentro, se sentía terrible. Y aunque muy en el fondo sabía que él era una buena persona, sin importar lo que le pudieran decir, de todas maneras las crueles palabras de Pablo dolían mucho.

Después de un par de minutos, que para Dany parecieron una eternidad, Pablo y su pandilla dejaron de molestar, y caminaron por la calle en busca de su próxima víctima. Dany lentamente se puso de pie y, con sus atormentadores fuera de vista, dejó correr las lágrimas que había contenido con todas sus fuerzas.

Cuando Dany caminaba lentamente de vuelta a su casa, arrastrando sus pies, recordó que le había dicho a su mamá que pasaría por la tienda de la esquina para comprar pasta de dientes. Él entró en la tienda, agarró un tubo de pasta, y se dirigió hacia el mostrador para pagar.

En ese momento, mientras caminaba por uno de los pasillos sintió un tirón en su camisa. Era Diego, un pequeño niño que vivía en el barrio. "Hola Dany", dijo alegremente. "¡estoy muy feliz de verte! Tengo que alcanzar aquella botella de champú allá arriba y mi mamá está en la línea de espera en el mostrador. Ella me dijo que si no podía alcanzarla, que le pidiera ayuda a alguien más alto, por eso estoy muy contento de que apareciste. ¿Podrías tomarla, por favor?".

Dany sonrió y le alcanzó al niño la botella de champú que estaba en la repisa superior.

"Hey, muchas gracias Dany", dijo el pequeño Diego. "¡No puedo esperar a ser así de grande como tú!". Luego, el niño se apresuró hacia el mostrador.

De pronto, Dany notó que se sentía mucho mejor después de su encuentro con el pequeño Diego. Las amables palabras del niño fueron como un suave vendaje sobre las heridas provocadas por los duros insultos de Pablo. Dany salió de la tienda y se dirigió a casa después de haber aprendido una gran lección acerca de lo mucho que las palabras de alguien pueden herir y sanar...

 

De 3 a 5 años

P. ¿Cómo se sintió Dany cuando Pablo comenzó a insultarlo?
R. Él se sintió muy herido. A veces las palabras pueden herir tanto como los palos y las piedras.

P. ¿Cómo se sintió Dany después de hablar con el pequeño Diego en la tienda?
R. Las amables palabras de Diego lo hicieron sentir mucho mejor. De la misma manera, nosotros siempre debemos tratar de decir palabras que hagan sentir bien a las personas.

De 6 a 9 años

P. ¿Acaso los desagradables apodos de Pablo hicieron que Dany se convirtiera realmente en una peor persona?, o ¿quizás se convirtió en una mejor persona por los cumplidos del pequeño Diego? ¿Por qué sí o por qué no?
R. Dany puede haber sentido que era una peor persona, pero en realidad nada cambió. Cada persona posee un valor intrínseco que no tiene nada que ver con lo que alguien dice o piensa. Todos somos hijos de Dios, que nos ama incondicionalmente y nos hizo de una forma perfecta para nuestro propio bien y para el bien de todo el mundo. Debemos recordar esto si alguna vez sentimos que las crueles palabras de otra persona nos causan dolor.

P. ¿De qué forma podemos utilizar nuestro poder de hablar positivamente?
R. Podemos tratar de alentar a los otros con nuestras palabras. Podemos hablar con veracidad y honestidad. Podemos "bendecir" a las personas deseándoles sinceramente éxito y felicitándolos de manera honesta. Podemos rezar. Podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para hablar de forma limpia y respetuosa con todas las personas. De hecho, si nos enfocamos en esto, cada vez que abrimos la boca para hablar podemos traer algo bueno al mundo.

10 años y más

P. Los sabios nos dicen que, en cierto sentido, las palabras pueden provocar más daño que un ataque físico. ¿Cómo entiendes esto? ¿estás de acuerdo?
R. El antiguo refrán "los palos y las piedras pueden romper mis huesos pero las palabras no me hacen daño" es absolutamente falso. Incluso las heridas físicas más dolorosas suelen sanar. Pero las cicatrices psicológicas de un ataque verbal pueden atormentar a una persona por el resto de su vida. Nuestro poder de la palabra, si se utiliza correctamente, puede traer bendición y alegría a la vida de las personas, pero si abusamos de él puede ser devastador.

P. ¿Qué habría ocurrido si Pablo hubiera dicho que no estaba hablando en serio sino que sólo estaba bromeando? ¿Habría sido eso una justificación válida para decir las cosas que dijo? ¿Por qué sí o por qué no?
R. Existe la tendencia de permitir casi cualquier cosa en nombre de una buena broma. Pero para el receptor, tales intentos de humor no son divertidos sino dolorosos, aun cuando pretenda reírse como si fuera divertido. El sentido del humor es algo maravilloso y tiene el potencial de ser utilizado para animar a los otros y para traer luz al mundo. Pero esto es cierto sólo cuando la broma no es a costa de alguien.

P. ¿De qué forma podríamos utilizar nuestro poder del habla de manera positiva?