Las discusiones son siempre malas noticias. Incluso el discutir sobre algo que nos afecta personalmente es un hecho realmente negativo y debemos hacer nuestro mejor esfuerzo por evitarlo. Sin embargo, entrometerse en las discusiones de otras personas, que no nos incumben, es todavía peor.

En la parashá de esta semana aprendemos como las naciones de Moab y Midián se unieron para causarle grandes problemas al Pueblo Judío en su camino hacia la Tierra de Israel. Y aun cuando ambas naciones estaban juntas en esta labor, Dios nos dijo que respondiéramos de forma más estricta contra Midián, porque la pelea no tenía nada que ver con ellos y estaban causando problemas sin ningún motivo. La cuestión es que cuando vemos una pelea, a menos de que realmente podamos ayudar a hacer la paz, ¡debemos mantener nuestras narices fuera de ella!

 

En nuestra historia, un niño aprende el valor de mantenerse al margen de las peleas de otras personas.

"Manteniendo la Calma"

Janet Goldman había utilizado todo su talento artístico para arreglar su cuarto, y estaba legítimamente orgullosa de como se veía. Pero a la vez, en el programa especial de verano de artes al cual estaba asistiendo, probablemente el cuarto de todas las demás chicas se vería de la misma manera.

Queriendo ver alguno de los otros cuartos y, al mismo tiempo, queriendo hacer amigas, Janet caminó por el pasillo hasta el otro extremo del edificio. Ella recién había conocido a una agradable chica llamada Mijal cuando de pronto otra chica, aparentemente la compañera de cuarto de Mijal, venía por el pasillo arrastrando estrepitosamente una enorme caja sobre ruedas.

Ella no le prestó mucha atención, pero observó que la cara de Mijal se empezó a poner roja y sus ojos estaban a punto se saltar fuera de su cabeza.

"¡De ninguna manera!, ya te he dicho que no hay manera de que ingreses esa ruidosa monstruosidad en esta habitación", Mijal le gritó a su compañera de cuarto.

La otra chica parecía igual de enojada e igual de determinada que Mijal. "La mitad de esta habitación es mía, y ¡yo haré lo que quiera!", dijo.

Después de unos cuantos gritos de ida y de vuelta, Janet entendió el problema. Parecía que la compañera de cuarto de Mijal, llamada Ana, había traído un aire acondicionado como parte de su equipaje para instalarlo en su ventana, y Mijal, que era muy sensible a los ruidos molestos, alegó que el ruido del aire acondicionado destruiría sus nervios y la mantendría despierta toda la noche.

Al comienzo Janet sólo escuchaba, pero rápidamente decidió unirse a la refriega poniéndose de lado de su nueva amiga Mijal. "Vamos, Ana. ¿Para qué necesitas un aire acondicionado? ¿Acaso eres tan mimada que ni siquiera puedes estar tres semanas sin uno?".

"Si no te importa, ¡mantente fuera de la discusión!", se quejó Ana. "Esto es algo entre compañeras de cuarto, ¡y no es de tu incumbencia!".

Pero para entonces, Janet ya se había incorporado a la discusión, y como su habilidad para discutir era tan buena como su habilidad para las artes, muy pronto, a pesar de que nadie se lo había solicitado, ella estaba discutiendo en lugar de Mijal.

La pelea se tornó cada vez más fuerte y más fuerte, aparentemente sin final. De pronto escucharon, "¡Chicas!, ¿qué está pasando?". Paralizadas, miraron a la suave pero firme mujer parada frente a ellas. Se trataba de la Sra. Fedder, la encargada de las habitaciones. Las chicas explicaron lo que ocurría, con Janet a la cabeza, y después de escuchar pacientemente, la mujer observó pensativamente el objeto de la discordia, la aún empaquetada caja de aire acondicionado.

De pronto, los ojos de la Sra. Fedder se iluminaron. "Miren en la caja. Ahí dice que la unidad del motor puede ser instalada en la ventana o en el techo. Ésta es nuestra solución. Desde el techo no se oirá el motor. De esta manera todas tendrán aire fresco, y además estarán tranquilas. Sólo debemos contratar a alguien para que instale el motor en el tejado. Por supuesto que ustedes tendrán que pagar por el trabajo, pero dividido entre tres no debería costar mucho. Así que cada una de ustedes me dará diez dólares ahora, y yo lo arreglaré... ".

Mijal y Ana se calmaron inmediatamente, y fueron por sus billeteras. Ellas parecían contentas con la solución, pero Janet comenzó a sentirse nerviosa. "Eh... señora Fedder, creo que yo no debería pagar nada. Usted sabe, yo no vivo en esta habitación. Esto no tiene nada que ver conmigo".

La Sra. Fedder le dio una severa mirada, que luego se transformó en una extraña sonrisa. "Oh, ¿es esto verdad?, pero usted estaba muy involucrada en la discusión, ¿no es así? Al parecer esto tiene mucho que ver con usted señorita. Seguramente entonces usted también desea pagar algo para poner fin a esta discusión".

Janet se sintió muy incómoda. "Bueno, realmente... no", dijo ella. "Verá yo vivo al otro extremo de la sala. Realmente no es ni siquiera de mi...".

"No es ni siquiera de tu incumbencia, ¿verdad?", Ana terminó la frase por ella. "Desearía que te hubieras dado cuenta de eso antes de comenzar a insultarme", dijo ella con voz dolida.

Janet miró hacia abajo, y luego miró los tres rostros que confirmaban claramente lo que ella estaba pensando, ella había cruzado la línea entrometiéndose en una pelea que no tenía nada que ver con ella.

"Mmm... tienes toda la razón, y realmente lo siento", dijo Janet, silenciosamente.

"Yo sé que todas ustedes son artistas talentosas ", dijo la Sra. Fedder, "pero llevarse bien también es un arte. Además, es muy importante evitar peleas, sobre todo cuando no nos incumben. Ahora bien, ¿por qué no ponen en práctica este maravilloso arte y hacen las paces?".

Después de un tenso momento de silencio, Janet extendió su mano a Ana, que lentamente la aceptó. Luego Mijal colocó su mano sobre las manos de ambas. Janet había aprendido una dura lección, una lección que la ayudaría a ella y a todos los demás a dominar el arte de "preocuparse de los asuntos propios", y así mantener el aire "fresco" durante todo el verano.

 

De 3 a 5 años

P. ¿Cómo se sintió Janet cuando recién se entrometió en la discusión?
R. Ella sintió que tenía el derecho de participar y que no estaba haciendo nada malo.

P. ¿Cómo se sintió Janet al final?
R. Se dio cuenta que la pelea no tenía nada que ver con ella, y que por lo tanto no debería haberse entrometido.

De 6 a 9 años

P. ¿Qué lección aprendemos de este incidente?
R. Cuando vemos gente discutiendo, querer participar de la discusión puede ser tentador y puede parecer inofensivo, pero no lo es. Además del hecho de que no es de nuestra incumbencia, cuando participan un mayor número de personas, la discusión tiende a acalorarse y hace que la pelea sea cada vez más grande. Las peleas son como el fuego que quema a las personas de por vida, y son la causa de gran parte de los problemas del mundo. ¿Quién en su sano juicio querría saltar dentro de un incendio?

P. Tanto Janet como la Sra. Fedder se involucraron en la discusión. ¿Cuál es la diferencia entre ambas entonces?
R. Es una gran diferencia. La Sra. Fedder se involucró de una manera constructiva para ayudar a las chicas a encontrar una solución pacífica. Janet se involucró y tomó parte en la pelea, lo cual es a la vez destructivo e inadecuado.

10 años y más

P. ¿Por qué crees que la Torá considera que la persona que se entromete en las discusiones ajenas es más destructiva que las mismas personas que están discutiendo?
R. La discusión es en sí misma una actividad muy destructiva. Ha sido una de las causas fundamentales de gran parte de los conflictos mundiales a través de la historia. Sin embargo, a veces, una persona se siente amenazada y sus emociones y el deseo de defenderse a sí misma hacen que se involucre en una discusión. Este fue el caso de las dos compañeras de habitación en nuestra historia. Es un caso lamentable, pero comprensible. Ahora bien, esta excusa sólo se aplica a una persona que está involucrada directamente en la situación, pero una persona que se entromete en una pelea a pesar de no estar emocionalmente involucrada, así como hizo Janet, ha hecho algo mucho más destructivo.

P. ¿Existe alguna instancia en que sea apropiado involucrarse en una discusión, como por ejemplo: protestar contra una injusticia, etc.?
R. Hay ocasiones, poco comunes, en las que debemos intervenir para evitar una injusticia. Sin embargo, esto debe ser hecho con mucho cuidado y sólo después de examinar cuidadosamente la situación y nuestras motivaciones. Ciertamente en el caso de nuestra historia, cuando la chica sólo quería expresar su opinión y mostrar lealtad a su amiga, esto no justifica la gravedad de haberse involucrado en la discusión.