Nada pasa "por nada". La mayoría de las cosas que nos suceden en la vida son el resultado de decisiones que hemos tomado, de manera conciente o inconciente, en alguna parte del camino.

En la parashá de esta semana Dios le enseña esta lección al Pueblo Judío. Él describe los resultados agradables que provienen del tomar decisiones responsables y sabias, así como las desagradables consecuencias de no hacerlo.

Podemos traspasar esta lección a nuestras propias vidas; cuando decidimos actuar de acuerdo a los valores adecuados, y cuando nos damos cuenta de que probablemente experimentaremos las consecuencias de nuestras decisiones.

En nuestra historia un niño experimenta las consecuencias de sus decisiones.

"La Elección"

Gabriel se sentía superior a los demás, y con buenas razones. Él era alto, guapo, súper inteligente, y venía de una de las familias más ricas y respetadas de la ciudad.

Gabriel tampoco dudaba en demostrarles a sus compañeros de clase su sentimiento de superioridad. Si uno de los niños de su clase se acercaba para pedirle que estudiara con él, Gabriel sólo se reía y agitaba la cabeza como diciendo: "¡Qué gracioso!, ¿alguien como tú quiere estudiar con alguien como yo?".

Siempre que otro muchacho llegaba a la escuela vistiendo orgullosamente alguna prenda nueva, Gabriel rápidamente destacaba que la ropa que él vestía era mucho mejor y mucho más cara. Y si alguna vez alguien intentaba decirle que estaba hiriendo los sentimientos de la gente, Gabriel simplemente lo ignoraba.

Un día se anunció en la escuela que se estaba conformando el nuevo gobierno estudiantil. Cada clase elegiría un representante, que se denominaría "presidente de la clase".

Por supuesto, Gabriel inmediatamente decidió que era el mejor candidato. "Después de todo", pensó, "¡no hay nadie en la clase tan calificado como yo!". Cuando Damián, otro muchacho de la clase, también decidió presentarse como candidato, Gabriel no ocultó su sonrisa de lástima por sus pobres compañeros, que eran lo suficientemente tontos como para aceptar también su postulación.

Al día siguiente, la clase descubrió que una gran urna había sido colocada en la parte delantera del aula. El maestro de la clase, el Sr. Rothman, entregó a cada estudiante una papeleta especial con los nombres de los dos candidatos impresos en ella. El maestro le explicó a la clase que debían votar encerrando con un círculo el nombre del candidato de su elección y que luego debían depositar la papeleta electoral en la urna.

A medida que la clase comenzaba a alinearse para votar, Gabriel, empujando a todos, llegó hasta el frente de la línea, encerró con un círculo su propio nombre, y colocó la papeleta en la urna. Dentro de su mente, no había ninguna duda de que su victoria sería absoluta.

Después de que todos votaron, el maestro hizo el recuento de todas las papeletas y se puso de pie para anunciar los resultados. Gabriel se acomodó la corbata y se preparó para dar su discurso de aceptación.

"El próximo presidente de la clase es... ¡Damián!".

La quijada de Gabriel cayó hasta el piso mientras la clase aplaudía de pie. Él se recuperó rápidamente y corrió hasta el escritorio del profesor. "¡He sido robado! ¡Exijo un recuento!", exclamó.

El Sr. Rothman observó al niño y lo llevó a un costado. Susurrando, el maestro le dijo, "Gabriel, no es necesario un recuento. Damián recibió 29 votos y tú recibiste sólo 1".

En ese momento sonó la campana y todos los niños salieron corriendo rápidamente fuera del salón, con la excepción de Gabriel que se quedó atrás. "¡Debe ser un error!", dijo histérico. "¡Alguien hizo trampa!, las papeletas han sido alteradas... todos en esta clase son tontos... ¡que mala suerte!".

El Sr. Rothman sacudió la cabeza pacientemente y sentó a Gabriel a su lado. "¿Quieres saber mi opinión acerca de la razón por la cual perdiste las elecciones?", le preguntó al muchacho.

Gabriel asintió.

"Permíteme preguntarte una cosa", dijo el maestro, "¿puedes honestamente decir que durante este año escolar has tratado de buena manera a tus compañeros de clase?".

Gabriel, silencioso al principio, finalmente sacudió su cabeza, "Creo que no, no lo he hecho".

El maestro prosiguió, "entonces, ¿debería sorprenderte que ellos no quieren que tú los representes?".

"Supongo que no", respondió el muchacho.

"A mí me parece", concluyó el profesor, "que dado que tú nunca elegiste a tus compañeros de clase, entonces, ellos no te eligieron a ti".

Gabriel juntó sus libros y se dirigió a la siguiente clase. Mientras pensaba en las palabras del maestro, Gabriel se dio cuenta de que el Sr. Rothman tenía razón. Y aunque le dolía mucho lo que había sucedido, sentía que había aprendido una lección importante, y decidió que en el futuro actuaría mejor.

De 3 a 5 años

P. ¿Cómo se sintió Gabriel, en un comienzo, cuando perdió las elecciones?
R. Él quiso culpar a los demás por su derrota.

P. ¿Cómo se sintió después de haber discutido el tema con su maestro?
R. Se dio cuenta de que su derrota había sido el resultado de su propia decisión de no ser agradable con sus compañeros de clase.

De 6 a 9 años

P. ¿De qué manera Gabriel fue responsable de su propia derrota?
R. Si Gabriel hubiera tratado a sus compañeros de clase de una manera más agradable y más respetable a lo largo del año escolar, ellos habrían querido votar a favor de él al momento de las elecciones, después de todo él era un muchacho muy capaz. Sin embargo él optó por "despreciarlos", y por lo tanto, naturalmente, no quisieron votar por él.

P. ¿Qué lección de vida podemos aprender de esta historia?
R. Podemos aprender a considerar cuidadosamente cómo nuestras palabras y nuestras acciones afectan a las demás personas, y cómo esto puede volver hacia a nosotros en el futuro. También podemos entender que si las cosas no resultan como esperábamos, no debemos apresurarnos a culpar a otros, ni tampoco debemos adjudicarlo a la mala suerte. Más bien deberíamos preguntarnos si acaso las decisiones que hemos tomado podrían haber causado que esto suceda. Y si la respuesta a esta pregunta es afirmativa, entonces debemos preguntarnos, ¿qué decisiones podemos hacer en el futuro para que las cosas resulten mejor la próxima vez?

10 años y más

P. Nuestros sabios nos revelaron que Dios le paga a una persona "medida por medida". ¿Cómo entiendes este concepto? ¿Cómo se relaciona esto con nuestra historia?
R. Dios nos ama y nos quiere dar cosas buenas. Pero Él sabe que disfrutaremos mucho más de este bien si es que lo ganamos nosotros mismos. La forma en que nosotros nos ganamos este bien es comportándonos de manera apropiada en nuestras relaciones con los demás y con Dios. En la medida en que tengamos éxito en esto, Dios colocará las cosas buenas en nuestro camino. Gabriel se dio cuenta de esto cuando fue capaz de relacionar el rechazo de sus compañeros de clase con el rechazo que él les había demostrado anteriormente a ellos.

P. ¿Cómo explicarías tú la tendencia humana de culpar a otros por las dificultades propias en lugar de aceptar la responsabilidad?
R. Las dificultades que experimentamos, en general, son la manera que Dios tiene de alertarnos para que reflexionemos sobre nuestro propio comportamiento y para que busquemos áreas en las que podemos mejorar. Y, a pesar de que esta es una oportunidad preciosa para cualquier persona que busca crecer personal y espiritualmente, puede ser mucho trabajo duro. Hay, por lo tanto, una fuerte tentación de evitar todo este proceso. Señalar a otros con el dedo es una forma de hacer esto. Pero hacerlo es un error, en comparación con el placer espiritual y la profunda alegría que vamos a lograr aceptando nuestra responsabilidad. Además, crecer a través de nuestras dificultades vale más que cualquier esfuerzo o dificultad que esto implique.