No es fácil ver que las cosas llegan a su fin, sobre todo si estamos acostumbrados a como son. Pero a veces la vida trae cambios que deben ser enfrentados.

En la parashá de esta semana, el pueblo judío tiene que enfrentar el hecho de que Moisés, el único líder que habían conocido, deja este mundo y que Josué toma su lugar.

Además de esto, tienen que prepararse para un nuevo tipo de vida, a medida que van dejando atrás su errar por el desierto y se alistan para instalarse en la Tierra de Israel.

Pero cada final también anuncia un nuevo comienzo. No es casualidad que esta parashá, la última en el ciclo anual de lectura, se lee en Simjá Torá, al mismo tiempo que comenzamos a leer la parashá Bereshit, la primera parashá de la Torá.

Este es otro recordatorio de que todo final también trae consigo un nuevo comienzo.

 

 En nuestra historia un niño tiene que enfrentar un gran cambio y descubre como cada final es también un nuevo comienzo.

"Cambios de Actitud"

Si el barrio de Daniel poseía una característica en especial, es que era muy tranquilo. Se ubicaba en el margen de la ciudad, lejos del bullicio del centro. Los únicos ruidos que la gente solía escuchar eran los cantos de las aves durante el día, de los grillos por la noche, y por supuesto, las risas felices de los niños del vecindario.

Daniel y sus amigos jugaban durante horas después de la escuela, corriendo alrededor de las calles y plazas tranquilas que les resultaban tan familiares como el patio trasero de su casa.

Pero una mañana, aquella tranquilidad fue bruscamente perturbada por el fuerte zumbido de un motor diesel y el silbido de frenos hidráulicos, a medida que un gran camión lentamente se dirigía marcha atrás y retrocedía hasta la casa de Daniel.

"¡Está aquí!", exclamaron los hermanos y hermanas menores de Daniel, mientras corrían hacia el gran ventanal de la sala para ver como se estacionaba el gran camión y como los robustos empleados de mudanza descendían. "¡Ven a ver!", llamaron a su hermano mayor.

Pero Daniel permaneció sentado con las piernas cruzadas sobre su cama, con su historieta favorita. "Sería bueno si yo pudiera disfrutar de mis últimos minutos antes de que nos mudemos", dijo con dificultad y desgano.

A Daniel no le entusiasmaba en absoluto el día de mudanza de su familia. De hecho, temía que llegara. Él se había sentido así desde que su padre había llamado a todos los niños a una reunión en la sala, dos semanas atrás, anunciando que debían mudarse al otro lado de la ciudad, donde el padre comenzaría un nuevo trabajo.

Y ahora el temido día había llegado.

Daniel estaba sentado, perdido en sus pensamientos, hasta que su ensueño fue perturbado por un golpe en la puerta. Él se levantó para abrirla y encontró a su madre parada allí. Ella se veía ocupada pero alegre, y sostenía en su mano una lámpara. "Ven abajo Dani", dijo. "Los de la mudanza están aquí y tienen que entrar a tu habitación. Te hice algunos de tus panecillos de arándanos favoritos para que comas un bocadillo mientras ellos hacen su trabajo", añadió, esperando ver una sonrisa en el rostro de su hijo. Pero ella se sorprendió al ver en cambio las lágrimas acumulándose en los ojos de Daniel.

"¡Mamá, no me quiero mudar!", exclamó. "Me gusta vivir aquí. Me gusta mi habitación y me gustan mis amigos. E incluso me gusta mi escuela".

La madre levantó sus cejas con este último comentario, ya que Daniel se había quejado acerca de la escuela durante todo el año.

"Ahora estamos... eee... ¡estamos dejando todo!", continuó, mientras rodaban las lágrimas por sus mejillas.

Su mamá respiró profundamente, dejó a un lado la lámpara y se sentó junto a Daniel en el borde de su cama. "Yo entiendo cómo te debes sentir", dijo suavemente. "Tú sientes que todo se está cayendo a pedazos, ¿no es cierto?".

El muchacho asintió.

"Pero Dani, tú lo puedes ver de otra manera. Si bien es cierto que este es nuestro último día en nuestro antiguo barrio, ¡es también el primer día en nuestro nuevo barrio! Allá conocerás nuevos amigos, vivirás en una hermosa casa nueva y tendrás todo tipo de parques nuevos y de áreas de juego para explorar, que pueden llegar a gustarte incluso más que las de aquí".

Daniel levantó la vista. "Yo sé mamá. Pero lo que pasa es que nada va a ser lo mismo. Tengo miedo".

Su madre le sonrió de manera tranquilizadora. "No todo va a ser diferente, tú sabes. En primer lugar, tu papá y yo vamos a estar contigo, al igual que tus hermanos y hermanas. También tendremos casi todos los mismos muebles y tú puedes organizar tu habitación de la misma manera que ahora. Y, además, está la cosa más importante de todas...".

"¿Qué cosa?", dijo Daniel con curiosidad.

"Tú vas a seguir siendo el mismo, ‘tú'", dijo su mamá, sonriendo. "Recuerda que no importa donde vayas y que no importa lo que pase, eso es algo que no cambiará nunca".

Daniel sonrió mientras su mamá le daba un abrazo. Él se sintió mucho mejor y pensó que tal vez, después de todo, sería divertido mudarse.

 

De 3 a 5 años

P. ¿Cómo se sintió Daniel cuando descubrió que tenía que mudarse a una nueva casa?
R. Él estaba molesto y asustado.

P. ¿Por qué?
R. Él no quería dejar su casa y sus amigos.

P. ¿Cómo se sintió después de hablar con su mamá?
R. Mucho mejor, ya que entendió que algunas cosas seguirían siendo las mismas, incluso en su nueva casa, y que podría ser divertido ir a un lugar nuevo.

De 6 a 9 años

P. Imagina regresar a casa un día realmente hambriento y tu mamá te ofrece comer algo que ya has comido muchas veces, o algo nuevo que ella ha hecho por primera vez, y te dice que es delicioso. ¿Cuál de estas opciones crees que elegirías? ¿Por qué?
R. Hay algunas veces en que las personas prefieren tomar el camino seguro y seguir con lo que conocen, aunque no les guste tanto. En nuestra historia, cuando Daniel afirmó que le gustaba su escuela, aunque se había estado quejando todo el año, él realmente estaba diciendo que prefería lo familiar a lo desconocido.

P. ¿Puedes pensar en algún momento en que hiciste algo nuevo, o que hiciste algún cambio, y que terminó siendo algo bueno a pesar de que no estabas seguro en un comienzo? ¿Por qué crees que vacilaste en un comienzo?

10 años y más

P. Nuestros sabios nos enseñan que "Todos los comienzos son difíciles". ¿Qué crees que esto significa? ¿Cómo el hecho de saber esto puede motivarnos a crecer?
R. Aprendemos de esto una idea fascinante. Además del hecho de que una situación en sí misma sea difícil o no, existe un factor adicional que nos hará sentir que sí lo es. El simple hecho de que se trate de una nueva situación, de por sí hará que parezca más dura. Saber esto puede ser una gran ayuda para que intentemos cosas nuevas y para que nos aferremos a ellas cuando pensamos que son algo bueno para nosotros. Podemos obtener el valor para perseverar si nos damos cuenta de que será cada vez más fácil con el paso del tiempo.

P. A veces pareciera ser que las empresas constantemente están desarrollando productos denominados "nuevos y mejorados", incluso cuando no existe ningún problema con el antiguo producto. ¿Por qué crees que esto es así? ¿Por qué crees que la gente está interesada en comprar este tipo de productos?
R. Si bien en cierto sentido la gente prefiere lo que les es familiar, existe también un sentimiento de emoción con respecto a las cosas "nuevas". Las empresas tratan de sacar provecho de este sentimiento para aumentar las ventas. Este sentimiento puede estar motivado por una vaga insatisfacción en la vida de las personas, y por lo tanto ellas esperan que el nuevo producto remedie esta situación. Sin embargo, lo más probable es que esto no funcione. Por el contrario, cuando una persona se concentra en adoptar un estilo de vida más significativo y más espiritual, entonces comenzará a sentirse más y más satisfecha.