A veces vemos algo que llama nuestra atención. Lo queremos, ¡y lo queremos ya! Pero, ¿qué precio estamos dispuestos a pagar? ¿Vale la pena recibirlo ahora si eso significa renunciar a algo mucho más valioso en el futuro?

En la parashá de nuestra semana aprendemos que Esav estaba dispuesto a vender su derecho de primogenitura, un eterno don, ¡a cambio de un plato de frijoles!

Esav solamente era capaz de valorar lo que estaba en frente de sus ojos. Pero la Torá nos enseña que las cosas que son realmente valiosas no siempre vienen de inmediato. Si podemos renunciar a nuestra necesidad de gratificación inmediata, a menudo, obtendremos mucho más a cambio.

En nuestra historia, un niño aprende la lección de cómo esperar por lo que realmente importa.

"Comida Rápida"

Diego irrumpió en la casa de la familia Epstein como un pequeño tornado. Llevaba un balón de fútbol, y así también, una buena cantidad de lodo del partido. La Sra. Epstein observó a su hijo y no sabía si regañarlo, o simplemente reírse.

"Hola mamá. Estoy hambriento. ¿Qué hay de cenar?", preguntó.

La mamá de Diego sonrió y dijo: "Vas a estar muy feliz. Comeremos tu comida favorita esta noche, algo que has estado pidiendo durante mucho tiempo, comida-rápida china". "¡Excelente!". Diego dejó su balón de fútbol y se sentó en la mesa. "¿Puedo comer un poco ahora?", preguntó.

"Papá y los chicos fueron a recogerla al restaurante. Yo diría que deberían estar de vuelta en una media hora. Mientras tanto, ¿por qué no te metes a la ducha y te cambias de ropa? Creo que llevas encima alrededor de la mitad del barro del parque". "¡Media hora!", Diego se quejó. "No puedo esperar media hora. ¡Voy a colapsar antes de eso! ¿Puedo comer algo ahora?".

Su mamá puso los ojos en blanco. "¡No me di cuenta que era una emergencia tan grande!", bromeó. Si estás realmente tan hambriento puedes entrar a la despensa y sacar algunos cereales. Pero realmente yo te recomiendo que esperes. Sé que la comida china es un gran placer para ti y sería una lástima que te llenes con otras cosas".

Diego consideró las palabras de su madre, pero pronto descartó el pensamiento. "Debo comer ahora", se dijo a sí mismo. En comida era en lo único que podía pensar mientras atacaba la despensa y agarraba un plato, una cuchara y una caja entera de cereales

Un poco más tarde, la camioneta familiar se estacionó en la puerta de la casa. El Sr. Epstein entro junto con Mauro, el hermano de Diego, y su hermana Dina. Cada uno de los niños sostenía una pesada bolsa de la mejor comida que el restaurante "Shangai Shalom" podía ofrecer.

"Bueno", dijo Mauro, en un tono serio. "Tenemos moo goo gai pan, tenemos carne moo shu, y tenemos una porción doble de alas de pollo agridulces, el plato favorito de Diego".

El hermano y la hermana de Diego se miraron mutuamente. "Oye, ¿dónde está Diego?", preguntó Dina. "Generalmente él huele estas cosas a un kilómetro de distancia", añadió. "Creo que está en su habitación", dijo la Señora Epstein, mientras comenzaba a poner la mesa.

"Por favor, sube e invítalo a venir con nosotros". Dina saltó a través de la sala de estar y subió corriendo por las escaleras. Ella golpeó la puerta de Diego. "Hey, Diego, ¿estás ahí? ¡Baja rápido mientras la comida china todavía está caliente!". Diego abrió la puerta. Detrás de él, sobre la mesa, había un plato hondo y una caja de cereales casi vacía. Tenía los ojos brillantes. "Hey, te estamos esperando", exclamó su hermana. "La cena está lista. Incluso papá te compró la alas de pollo especiales que tanto te gustan", añadió.

"¿De verdad?", los ojos de Diego se abrieron momentáneamente con emoción, sólo para dar paso inmediatamente a una recaída. "Por favor, pídele a todos que comiencen sin mí", dijo. "No estoy de ánimo".

Dina saltó hacia atrás sorprendida. "¿No estás de ánimo para comida china? ¿Quieres que tomemos tu temperatura en primer lugar, o que simplemente llamemos al médico de inmediato?", dijo bromeando.

"Ja, ja, muy divertido", dijo Diego. "No necesito un médico. Si hay algo que necesito, es que alguien examine mi cabeza para descubrir la razón de por que me acabo de comer una caja entera de cereales, en lugar de esperar a que ustedes llegaran a casa con algo que realmente me gusta".

De 3 a 5 años

P. ¿Cómo se sintió Diego cuando descubrió que tendría que esperar a que llegara la comida china?
R. Él sintió que no podría esperar y tuvo que comer algo de inmediato, aunque fuera algo que no le gustara tanto.

P. ¿Sintió Diego deseos de comer después de que llegó la comida china?,
R. No. Él desearía haber esperado, ya que habría disfrutado de la comida china mucho más que los cereales.

De 6 a 9 años

P. Si Diego tuviera que pasar por la misma situación nuevamente, ¿crees tú que habría decidido comer cereales, o habría preferido esperar para comer comida china?
R. Él habría decidido esperar por la comida china.

P. Si es así, ¿por qué decidió hacer lo contrario?
R. En ese momento la mente de Diego, básicamente, estaba siendo manejada por su deseo de gratificación inmediata. Él dejó que todas las buenas razones para esperar por su comida favorita se ahogaran en una pequeña voz que decía "¡quiero comer ahora!". Después de que comió cereales, su mente se calmó, y se dio cuenta de que había hecho algo que realmente no quería hacer.

P. ¿Cómo podría Diego, o alguna otra persona en una situación similar, evitar caer en la misma trampa nuevamente?
R. Cuando una persona siente ese impulso de "hacerlo ¡ahora!, sin importar las consecuencias", puede tratar de recordar la última vez que escuchó a esa pequeña voz y se arrepintió más tarde. A medida que una persona va madurando, aprende a controlar sus impulsos y a utilizar su mente para manejar sus decisiones. Él puede decirse a sí mismo: "Hey, espera un minuto ¿Es esto realmente lo que quiero hacer? ¿Estaré feliz de haber tomado esta decisión más adelante?". Pensar de esta manera puede ayudar a una persona a llegar donde realmente quiere ir.

10 años y más

P. Algunas cosas proporcionan gratificación inmediata, mientras que otras sólo proporcionan gratificación a largo plazo. ¿Qué es más valioso y por qué?
R. La gratificación a largo plazo, porque a las cosas verdaderamente buenas, vale la pena esperarlas, y generalmente para obtenerlas se requiere de trabajo duro y de mucha paciencia.

P. ¿Cómo puede aprender una persona a reconocer cuál es cuál?
R. Un indicador bastante fiable es que las cosas que proporcionan gratificación inmediata nos hacen sentir bien al principio, pero luego, la sensación agradable se va y es posible que incluso lleguemos a lamentar nuestras acciones. Por el contrario, la gratificación a largo plazo podría no ser tan agradable de inmediato, pero después nos sentimos muy bien acerca de lo que hicimos.

P. Nuestros sabios cuentan la historia de un hombre que durante su viaje, se encuentra con una bifurcación en el camino con una señal que apunta hacia "el camino largo, que es más corto", y otra señal que apunta hacia "el camino corto, que es más largo". ¿Cómo podemos entender estos dos caminos? ¿Qué es lo que nos enseñan?
R. A menudo nos vemos tentados de tomar "atajos" en la vida. Parecen ser "el camino más fácil". Elegimos escapar de los problemas en lugar de enfrentarlos. O bien, para ahorrar tiempo y energía, sólo hacemos las cosas hasta "mitad de camino", en lugar de tomar el "camino correcto". Pero este es el "camino corto, que es más largo" ya que la final no conseguimos realmente lo que necesitamos, y tenemos que comenzar todo de nuevo. Por el contrario, "el camino largo, que es más corto", significa hacer las cosas bien desde el principio. Nos enfrentamos a nuestros problemas y los resolvemos. Puede parecer un esfuerzo mayor, pero en verdad es un acercamiento mucho más productivo.