En la Parashá de esta semana Dios entrega a los judíos los diez mandamientos. Uno de ellos nos enseña a no envidiar – no tener celos de lo que otros tienen.

Esta es más que una lección de buenos modales. Dios nos esta diciendo que Él se preocupa por cada una de nosotros y se asegura de que cada uno reciba exactamente lo que necesita para crecer y vivir su vida al máximo.

Dios también nos esta diciendo que lo que una persona posee no siempre es bueno para otra persona, incluso cuando no parece ser así.

Podemos aprender de aquí a ser felices con lo que tenemos y confiar en que Dios nos ha dado lo que es mejor para nosotros.

 En nuestra historia una niña se da cuenta que no vale la pena sentir celos.

"Visita a la Ciudad"

Era ya tarde en la noche – pasada la hora en que usualmente Jennifer se acostaba. Pero ella y su hermana Lynne estaban despiertas en la cama, conversando muy emocionadas.

La familia Rose había retornado esa noche de visitar a los primos en la ciudad. Había sido una emocionante visita y las niñas todavía no se habían calmado.

"Oh, Lynne", dijo Jennifer. "Me gustaría vivir en la ciudad. Nuestros primos son tan afortunados de vivir ahí. Es tan entretenido, mucho más que acá. Tienen su propio portero, toman el ascensor cada vez que salen o entran. ¡Y esa vista! ¡El tío Chester dijo que podías ver a más de 30 kilómetros desde la ventana!".

Su hermana, muy canasada, le dijo "Sí, es lindo. Pero nosotras también tenemos una linda vista".

"Oh, no es lo mismo", dijo Jennifer cambiando de posición. "Todo lo que podemos ver es árboles y más árboles. ¡Desde la ventana de ellos puedes ver el mundo! Ellos son tan afortunados de vivir en la excitante gran ciudad en vez de estos aburridos suburbios".

Jennifer esperó por una respuesta. Al no recibir ninguna respuesta, se volteó y vio a su hermana durmiendo pacíficamente. Pero Jennifer no pudo descansar esa noche mientras su cabeza imaginaba la emoción de la ciudad y sus deseos de vivir la vida de sus primos en vez de la suya.

Durante los siguientes días, la familia Rose volvió a su rutina diaria y se olvidó de su visita a la ciudad. Pero Jennifer no la olvidaba. "No es justo, yo quiero vivir en la ciudad como nuestros primos", se convirtió en su constante refrán. Empapeló su pared con fotos de escenas de la ciudad, empezó a coleccionar bolsas de compras, artículos de diarios, y cualquier cosa que le recordara la ciudad.

Un día, Jennifer estaba en su escritorio leyendo una novela, acerca de la ciudad por supuesto. Su hermana entró en la habitación. "Bueno Jenny", dijo, "parece que vas a vivir tu sueño después de todo".

"¿Qué estás diciendo?", preguntó Jennifer, dejando el libro de lado.

"La próxima semana Mamá y Papá se van a sus vacaciones anuales".

"¿Y?"

"Y", continuó su hermana, "ellos decidieron que este año iba a ser muy difícil para nosotras quedarnos acá con la abuela como lo hacemos todos los años. A cambio, arreglaron que una de nosotras se quedara dos semanas con el tío Chester y la tía Eleanor en la ciudad. A mí no me hace diferencia en que lugar quedarme, pero me imagino que tu estarás feliz de quedarte con ellos".

A Jennifer se le iluminó la cara. "¿Feliz? ¡Estoy ultra feliz! No puedo esperar a salir de acá y comenzar a vivir realmente".

El tiempo pasó rápido. El gran día llegó y los padres de Jennifer la dejaron con sus primos, camino al aeropuerto.

Dos semanas después, el Sr. Rose, ahora bronceado por sus vacaciones, fue a buscar a su hija. Tocó el timbre. Inmediatamente se abrió la puerta. Era Jennifer con su abrigo, y la maleta en la mano. "Vamos Papá", dijo ella, "¡quiero irme a casa!"

Su padre la miró sorprendido. "Pensé que te iba a tener que sacar de aquí con una cuerda", bromeó.

Luego de algunas cortas despedidas, los dos se dirigieron al auto. Jennifer no se podía contener más tiempo. Con lágrimas en los ojos dijo "Pensé que me iba a gustar, pero no lo puedo soportar. La ciudad es tan ruidosa, casi no dormí en dos semanas. La tía Eleanor decía que no era seguro para los niños salir solos como lo hacemos en casa, entonces me quedé todo el día en la casa mirando por la ventana. Y sabes, extrañe nuestra hermosa vista – todo lo que podía ver eran edificios, ni un solo árbol".

Su padre asintió con una comprensiva sonrisa.

"Realmente no sé de qué estaba tan celosa", dijo Jennifer. "Donde nosotros vivimos es mucho mejor... para mí".

De 3 a 5 años

P. ¿Cómo se sentía Jenny con respecto a donde vivían sus primos?
R. Ella sentía celos, ya que supuestamente ellos vivían en un lugar mucho mejor. Ella quería vivir ahí también.

P. ¿Se sintió diferente después de vivir ahí por dos semanas? ¿Por qué?
R. Sí. Se dio cuenta que no era tan bueno como pensó. Y que su propia casa era realmente el mejor lugar para ella.

P. ¿Debemos sentirnos celosos cuando otras personas tienen lo que a nosotros nos falta?
R. No. Debemos recordar que lo que sea que Dios decide darnos o no darnos es lo mejor para nosotros.

De 6 a 9 años

P. Jennifer no quería nada más que vivir en la gran ciudad. Pero una vez que estaba ahí no estaba contenta. ¿Por qué crees tú que podemos desear algo muchísimo, y no estar contentos cuando lo conseguimos?
R. Jennifer pensó que vivir en la ciudad la haría más feliz. Pero una vez que vivió ahí, encontró razones para no ser feliz ahí tampoco. Cuando nos sentimos infelices, a veces creemos que seríamos más felices si las cosas fueran diferentes. A veces nos decimos que si solamente tuviéramos cierta cosa, todo cambiaría para mejor. Pero la felicidad viene no por tener algo que antes no teníamos, sino por aprender a apreciar lo que si tenemos. Esta bien querer cosas buenas. Pero no debemos esperar que estas cosas nos hagan felices.

P. ¿Puedes recordar algo que pensaste que querías pero cuando lo obtuviste no te hizo feliz?

P. ¿Cómo puede una persona mirar el mundo para sentir menos celos de los demás?
R. El hecho de recordar que cada persona es diferente ayuda mucho. Cada persona fue puesta en el mundo para aprender una lección diferente. Y para aprender esta lección de la mejor manera Dios nos puso a cada uno en una cierta posición. El nos da ciertas cosas y retiene otras. Si alguien tiene algo que nosotros no tenemos, es solamente porque Dios sabe que esa persona lo necesita y nosotros no. No tiene sentido sentir celos. Si fuera realmente mejor para nosotros tenerlo, lo tendríamos. Y si no es así, es una señal de que no es para nosotros.

10 años y más

P. ¿Crees que una persona puede quitarnos algo que debemos tener? ¿Por qué sí o por qué no?
R. Es lógico pensar que si sólo hay un pedazo de pastel y otro lo toma, yo lo he perdido. Sin embargo, la realidad más profunda no es así. Dios ha diseñado el mundo con cada individuo en mente. Él se preocupa de que cada individuo reciba exactamente lo que necesita para completar su misión. No hay nadie ni nada en el universo que pueda evitar que recibamos estas cosas. De la misma manera es imposible para nosotros tomar algo que es de otra persona. Cualquier cosa que parezca lo contrario es una oportunidad que manda Dios para fortalecer nuestra fe en Él.

P. Los sabios nos enseñan que un hombre rico es aquel que está contento con lo que tiene. "¿Cómo entiendes este concepto? ¿Estás de acuerdo?
R. El sentimiento de riqueza o pobreza es generalmente muy subjetivo. Una persona con un millón de dólares puede sentirse pobre cuando se topa con un multimillonario. Mientras que otra persona, caminando por la calle sin un peso, se puede sentir rico si se encuentra un billete de $20 dólares. El sentimiento de bienestar no está determinado por lo que uno tiene o no tiene – es la actitud de estar contento con cualquier cosa que uno tenga. Este sentimiento de alegría es la esencia del bienestar. Y es asequible para todos en todo momento. ¡Adquiriéndolo nos podemos hacer ricos de la noche a la mañana!

P. ¿Puedes recordar algo que pensaste que querías pero cuando lo obtuviste no te hizo feliz?