Nuestra ropa sirve para muchas cosas. Nos aleja del frío. Nos protege del sol. La Parashá de esta semana nos enseña acerca de las hermosas y especiales vestimentas de los Cohanim, los sacerdotes judíos, que vestían mientras servían en el tabernáculo y ayudaban a los judíos a conectarse con Dios.

Si bien es verdad que nuestras vestimentas son importantes, tenemos que tener cuidado de no darles demasiada importancia. A veces las personas cometen el error de juzgar a los demás por sus vestimentas. O piensan que deben vestirse de cierta manera para expresar su verdadera personalidad. Es muy importante recordar que debemos enfocarnos en la parte interna de las personas, y debemos entender que eso no cambia nunca, independientemente de cómo se vistan.

En nuestra historia un niño y su padre exploran el verdadero significado de las apariencias.

"Cambio de Estilo"

El Sr. Goldman escuchó el familiar sonido de la puerta mientras se cerraba. Levantó la cabeza del capó del auto clásico en el que estaba trabajando. Sonrió al ver a su hijo, vestido en un estilo llamativo, mientras agitaba su guante de béisbol para espantar a una mosca molestosa que estaba dando vueltas.

"Hey, ¿que hay contigo Roby?", le preguntó.

"Estoy bien supongo", respondió el chico con un movimiento de hombro. "Acabo de volver de la prueba para entrar a la liga júnior", agregó.

"¿Cómo te fue? ¿Entraste en el equipo?", preguntó su papá.

Roby era un chico alto y atlético que siempre estaba jugando o pateando algún tipo de balón. "Seguro", dijo. El entrenador dijo que voy a comenzar jugando en el centro del campo".

"¡Eso es espectacular!", dijo su papá. "Tienes que prepararte".

Roby se secó la frente debajo de su larga chasquilla. "Bueno, no realmente", dijo. "Hay un pequeño problema".

El Sr. Goldman se dirigió hasta el tablero del auto que estaba arreglando. Apagó el motor para darle toda la atención a su hijo. "¿Cuál es el problema?", preguntó.

"Bueno", dijo Roby. "La prueba resultó realmente bien. Incluso bateé dos bolas de béisbol fuera de la cerca. Pero luego, el entrenador se acercó y me habló acerca del código de vestimenta. Dijo que todos en el equipo debían usar la misma ropa, incluso en las prácticas, y que también debía cortarme el pelo".

"Mmm", asintió su padre.

"No estoy seguro de querer hacer eso", dijo el chico.

"Ya veo. ¿Qué es lo que te complica exactamente del código de vestimenta?", preguntó su papá.

"Bueno", dijo el niño, "simplemente no quiero verme igual que todo el resto. A mi me gusta mi estilo – representa quien yo soy".

"Entiendo como te sientes", dijo su papá. "Yo recuerdo una vez que tuve que utilizar un uniforme que tampoco me gustaba".

Roby observó a su papá con curiosidad.

"Muchos años atrás, antes de empezar mi propio negocio de autos clásicos, trabajaba como mecánico en un garaje. Era una gran compañía y una de las reglas era que todos los mecánicos tenían que usar el mismo uniforme. Al principio realmente me molestó. Yo también tenía mi estilo propio, y además, ¿para qué necesitaba un uniforme?, yo siempre pensé que lo de adentro es lo que importa, no la vestimenta".

Roby movió su cabeza. "Eso es lo que siempre nos dices, papá", dijo. "Y es por eso que no quiero seguir ningún código tonto de vestimenta".

El Sr. Goldman sonrió. "Exacto. Bueno, la verdad es que yo necesitaba el trabajo así que use el uniforme. Los otros mecánicos que trabajaban ahí eran buenos tipos, y todos nos llevamos bien. Después llego el día en que tuvimos un paseo. Todos con sus familias nos fuimos juntos a hacer un asado al lago. Era la primera vez que todos íbamos a pasar un tiempo juntos "sin uniforme". No te imaginas como me sorprendí cuando vi como se vestían algunos de mis compañeros de trabajo. Uno se veía como un vaquero, el otro como un modelo de revista..."

Roby se reía mientras su padre continuaba. "Se me ocurrió que si nos hubiéramos topado en la calle, nunca habríamos llegado a ser amigos. Precisamente porque nos conocimos con un uniforme es que aprendimos a llevarnos bien y a apreciar quienes éramos por dentro, en vez de juzgarnos mutuamente por las apariencias. Yo me di cuenta que no es que ‘la ropa hace al hombre', sino que ‘el hombre hace la ropa'. Me he preocupado mucho menos de mi estilo desde entonces".

Roby quedó pensativo. Después de un momento el niño dijo: "Papá, creo que voy a unirme al equipo. A mi me encanta jugar béisbol y aparte sería interesante llegar a conocer realmente a los chicos del equipo mientras estamos todos en uniforme. ¿Pero tú crees que seguiré siendo igual, incluso sin el mismo estilo?"

Su padre le dio una palmada en la espalda. "Hijo", dijo él, "tú siempre serás el mismo, y a mi siempre me va a gustar tu estilo... sin importar como te veas".

De 3 a 5 años

P. ¿Cómo se sintió Roby cuando su entrenador le dijo que tendría que vestirse de cierta manera si quería entrar en el equipo?
R. Él estaba triste. A él le gustaba su estilo. Pensó que si cambiaba, no se sentiría como él mismo.

P. Sólo porque las personas se visten igual, ¿eso significa que también en el interior son iguales?
R. No. todos son diferentes y especiales. Dos personas pueden verse igual pero ser diferentes por dentro.

De 6 a 9 años

P. ¿Crees que uno puede conocer realmente a alguien a través de sus vestimentas? ¿Por qué?
R. A pesar de que la manera de vestir nos puede decir algo acerca de la persona, generalmente lo que nos dice es superficial. Para realmente conocer a una persona, es mejor mirar más allá de su apariencia física y ver quien es en el interior.

P. ¿Importa la forma en que nos vestimos?
R. A pesar de que la manera en que nos vestimos no dice quienes somos, sí da una impresión de nosotros. Generalmente esa primera impresión es importante y afectará la manera en que la gente se relacione con nosotros. Como nos vestimos también puede reflejar la manera en como nosotros nos vemos a nosotros mismos. ¿Nos vestimos limpios, con ropas decentes que dan una impresión agradable, o usamos ropas sucias o extravagantes que hacen que la gente nos observe? Generalmente es una buena idea vestirnos de una manera que demuestre que nos importa nuestra apariencia, pero que al mismo tiempo demuestre que nuestra parte interna es más importante.

P. ¿Cuál fue la ventaja que descubrió el padre de Roby cuando estaba en un ambiente en el que todos se vestían igual?
R. Él asumió originalmente que el hecho de estar todos con el mismo uniforme impediría que se expresaran y apreciaran la individualidad de cada uno. Pero se sorprendió de encontrar lo contrario. Una vez que todos se veían iguales exteriormente, fueron capaces de ver el interior de cada uno y formar relaciones más honestas que podrían no haberse concretado si hubieran estado influenciados por las apariencias.

10 años y más

P. ¿Importa realmente como nos vestimos?
R. La manera en la que nos vestimos define nuestra ‘imagen' y la manera en la que nos presentamos ante el mundo. En cierto sentido le dice a la gente lo que queremos que piensen de nosotros. Si bien puede ser verdad que internamente somos muy distintos, en la práctica la gente va a responder a nuestra apariencia. Por eso, es sabio poner atención y pensar que mensaje queremos transmitir mientras elegimos nuestro atuendo.

P. ¿Qué dice tu estilo actual acerca de ti?

P. ¿Por qué crees tú que Roby tenía miedo de ocupar uniforme? ¿Cómo resolvió su preocupación?
R. La mayoría de las personas invierten mucha energía creando una imagen. Incluso puede llegar el punto en el que sientan que esa imagen es lo que son realmente. Roby estaba preocupado de que sin su imagen no se iba a poder relacionar con los otros chicos, o ellos con él. Pero después de que su papá compartió su experiencia del garaje con él, Roby se dio cuenta del reto y del beneficio de aprender a relacionarse con un grupo de personas vestidas iguales y como mirar mas allá de las apariencias.