Es fácil cometer errores. Todo el mundo lo hace. Lo que no es tan fácil es admitir haberlos cometido. Generalmente nos preocupa que nos miren de manera negativa si se enteran que hicimos algo mal, y por lo tanto intentamos cubrir y negar nuestros errores.

En la Parashá de esta semana, aprendemos acerca de las ceremonias especiales que el pueblo judío realizaba cuando descubrían que habían cometido un error que había causado daños de manera injusta. Ellos admitían públicamente lo que habían hecho y pedían a Dios que los perdonara.

Y lo increíble es que no sólo la gente común hacía esto, sino que incluso los líderes más respetados del pueblo, como por ejemplo el Cohen Gadol (Sumo Sacerdote), los miembros del Beit Din (Corte Suprema), ¡e incluso el Rey! De aquí aprendemos una valiosa lección: el ser capaces de aceptar y admitir que no somos perfectos no es un signo de debilidad, sino que es un signo de gran coraje y fortaleza que nos hará merecer mucho más respeto que el hecho de negar nuestros errores.

A continuación, en nuestra historia, un niño admite un error y adquiere mucho respeto

Repetición Instantánea

Era un hermoso día de vacaciones de primavera y un pequeño grupo de niños se divertía pateando una pelota de fútbol en el parque del vecindario.

"Hey, Andrés, lánzame la pelota" exclamó uno de ellos. Pero cuando Andrés tomaba impulso para lanzarla, sintió como la pelota era arrancada de sus manos. Cuando miró hacia arriba vio que dos niños más grandes habían llegado al lugar. Andrés y sus amigos habían estado tan concentrados en su juego que no los vieron acercarse.

Diego, el chico que le quito la pelota a Andrés, sonrío a su compañero y repentinamente pateó la pelota muy lejos hasta el otro extremo del parque, la pelota rodó y cayó bajo unos juegos. "¡Lárguense!", dijo, mirando hacia abajo a los asustados niños. "¡Este es nuestro parque, les guste o no!", agregó sarcásticamente.

Viendo que no tenían alternativa, los pequeños niños terminaron anticipadamente su juego y cabizbajos se alejaron en búsqueda de su balón. Diego le sonrió a su amigo David. Pero se sorprendió mucho al ver que este no le sonrió de vuelta. "¿Por que tenías que echarlos?" preguntó. "¿Acaso nos estaban molestando?, ciertamente los hiciste sentir muy mal."

Diego tragó un poco de saliva, se dio cuenta que había actuado mal, pero le daba vergüenza admitirlo. Con un gesto desafiante dijo: "¿Y qué?, se lo merecían. Yo sólo les enseñe a tener un poco de respeto por sus 'mayores'. Vamos, no seas tan sensible, juguemos un poco" agregó, lanzando al aire una pelota de béisbol.

David agarró la pelota, y mientras los dos amigos se involucraban poco a poco en su juego, el incidente rápidamente pasó al olvido.

Un par de días después los pequeños niños regresaron al parque. Viendo que estaba vacío, comenzaron a jugar. Pero ciertamente, no mucho tiempo después, se dieron cuenta que los niños más grandes venían hacia ellos. "Aquí vamos de nuevo" suspiró Andrés. Los pequeños tomaron el balón y comenzaron la retirada.

"Hey, esperen un minuto" señaló Diego.

"Que querrá este torpe matón ahora" pensó Andrés mientras se volteaba lentamente. Pero se sorprendió al ver que esta vez Diego tenía una amistosa, casi angelical expresión en su rostro.

"No tienen que irse a ninguna parte" exclamó. "Hay suficiente espacio para que todos podamos jugar".

Notando la confusión de los chicos, Diego agregó: "Al echarlos el otro día, cometí un error, lo siento".

Con un suspiro de alivio Andrés y sus amigos volvieron a jugar. Ellos fueron muy cuidadosos de permanecer a un lado del parque para no salirse de su lugar.

Mientras los otros dos amigos comenzaban a jugar, David le dijo a Diego: "Ahora que demostraste que eres suficientemente valiente para admitir que estabas equivocado, estos chicos realmente si respetan a sus mayores".


De 3 a 5 años

P. ¿Como se sintió Diego después que su compañero le dijo que había actuado mal al echar a los pequeños niños? R. El se sintió arrepentido, pero tuvo miedo de admitir que había actuado mal.

P. Si cometemos un error, ¿debemos admitirlo?, o ¿debemos tratar de esconderlo y pretender que no lo hicimos? R. Claramente debemos admitir cuando cometemos un error. Todo el mundo comete errores, nadie es perfecto.

De 6 a 9 años

P. Cuando David, el amigo de Diego, le demostró que estaba mal haber echado a los pequeños niños, Diego se dio cuenta que había cometido un error. ¿Por qué crees tú entonces que trato de negarlo?
R. Diego sabía que había actuado mal, pero tenía miedo de admitirlo. Él sentía que si lo hacía, eso sería un signo de debilidad, y tanto su amigo, como así también los pequeños niños pensarían mal de él. Pero, finalmente, cuando si admitió su error, eso verdaderamente ayudo a que la gente a su alrededor pensara muy bien de él.

P. ¿A quién respetarías más: a alguien que siempre es capaz de inventar una excusa para defender sus acciones y así demostrar que tiene la razón o a alguien que abiertamente admite cuando comete un error? ¿Por qué?
R. A primera vista podría parecer que defender enérgicamente todas nuestras acciones es un signo de fortaleza y coraje. Pero con frecuencia es justamente lo opuesto. La verdadera fortaleza consiste en perseguir la verdad y estar dispuestos a aceptar cuando hemos cometido un error. Este nivel de fortaleza es un nivel muy alto y es merecedor de mucho respeto.

P. ¿Puedes pensar en alguna ocasión en la que tuviste el coraje de admitir que cometiste un error?

10 años y más

P. Nuestros Sabios nos enseñan que una persona que comete un error o que actúa mal, y que posteriormente es capaz de admitir su error y corregir sus caminos, se considera que está en un nivel espiritual más alto que alguien que nunca cometió un error en primera instancia. ¿Cómo se puede entender esto? ¿Estás de acuerdo?
R. Si bien hace falta mucha fuerza y coraje para estar constantemente eligiendo hacer lo correcto, hace falta aún más para levantarnos una vez que hemos caído. La naturaleza humana es pasiva – es decir, tendemos a seguir por el camino que vamos a pesar de que sea el camino equivocado. Una persona que es capaz de superar su inercia espiritual y se sitúa de vuelta en el camino del bien, incluso después de haberse desviado por completo, ha logrado algo extraordinario en términos espirituales, y ha alcanzado un nivel muy alto.

P. ¿Por qué crees tú que a ciertas personas les cuesta enormemente admitir que cometieron un error?
R. Algunas personas piensan equivocadamente que cometer un error es signo de debilidad. Por esta razón prefieren negarlo y así salvar su reputación. La realidad es justamente lo contrario – admitir nuestros errores es signo de auténtica fortaleza. Nadie es perfecto, y la única manera de crecer es reconocer nuestros errores y hacernos responsables por ellos.

P. ¿Puedes pensar en alguna ocasión en la que tuviste el coraje de admitir que cometiste un error?