¡Buen día! ¿Cuál es el secreto para un matrimonio feliz? Mi querido amigo, el Dr. Ron Goldstein, tiene tres consejos que, sinceramente, ayudan a tener un matrimonio armonioso.

Si tu esposa está molesta por algo que hiciste, antes que nada debes admitir tu error y si no estás seguro de lo que hiciste, es mejor pecar para el lado de la precaución y decirle: “Sí, querida”. Si uno está de acuerdo con su esposa, no hay lugar para una pelea.

Si eso no funciona, debes pedirle disculpas: “¡Lo siento querida!”. Por lo general esto ayuda, porque cada persona piensa que tiene la razón y quiere que los demás lo reconozcan, especialmente su pareja.

Si tu esposa sigue molesta, debes explicarte: “Soy sólo un hombre”… esperando que eso saque a la luz la compasión natural y el perdón hacia aquellos que reconocen que se han equivocado. Todos somos falibles. Al admitir que no somos perfectos y que cometemos errores, eso puede calmar el enojo.

Sin embargo, Rav Abraham Twerski tiene 3 frases diferentes para guiar la actitud de una persona hacia su esposo/a para lograr un matrimonio feliz: 1) Gracias, 2) Lo siento, 3) Te admiro.

En verdad la felicidad marital comienza mucho antes con la persona que escoges como pareja. Nuestro patriarca Abraham envió a su siervo Eliezer una gran distancia, hasta Jarán, para elegir una esposa para su hijo Itzjak. Los habitantes de Canaán eran idólatras y también los habitantes de Jarán eran idólatras. ¿Por qué Abraham quiso precisamente una nuera de Jarán? Abraham sabía que quienes vivían en su antigua tierra eran criados con respeto por las personas, aprendían a hacer bondades y tenían un sentido innato de la moralidad. Es cierto que eran idólatras, pero la educación puede corregir ideologías erradas. Sin embargo, las cualidades personales se graban a una edad temprana y son muy difíciles de cambiar.

En la Torá hay un versículo que parece muy extraño respecto al amor y el matrimonio. La Torá nos dice: “Él (Itzjak) se casó con Rivká, ella se convirtió en su esposa, y él la amó” (Génesis 24:67). ¿Acaso el orden “natural” en la vida no es que alguien ama a otra persona y entonces se casa con ella? La Torá nos enseña algo increíble: el verdadero amor se desarrolla después de asumir un compromiso total con tu esposo. El amor es el placer que uno siente al centrarse en lo bueno que tiene la otra persona. Con un compromiso total, no caben dudas de que uno llegará a ver esas virtudes.

Todos queremos amor y buscamos alguien que nos haga felices. Lo que a menudo parece ser amor en verdad es enamoramiento y pasión ciega… o en el mejor caso amor egoísta. Sin un compromiso total, si tu pareja hace algo que te molesta o si piensas que hay otra persona que le agrada más, entonces la relación puede quebrarse.

El amor tiene que trascender el egocentrismo para comprender que la verdadera felicidad viene de hacer cosas por tu pareja, en vez de usarla como un medio para tu propia gratificación. Para que esto ocurra, el compromiso debe ser total.

Mi maestro, Rav Nóaj Weinberg, de bendita memoria, solía comparar el compromiso con un esposo con el compromiso que tienes con tu propia mano. Uno no se corta caballerosamente la mano porque no le agrada. Sin embargo, hay un caso en el que uno deberá amputar su mano: si sufre gangrena y pone en riesgo su vida.

Tenemos que entender que el matrimonio no es un medio para resolver nuestros problemas. Una persona deprimida, solitaria y sin rumbo, si se casa probablemente terminará siendo una persona casada deprimida, solitaria y sin rumbo.

Uno tiene que entender qué es lo que valora en la vida, qué desea en la vida… y luego buscar a alguien que tenga las cualidades adecuadas de bondad y verdad y que comparta esos mismos valores.

De acuerdo con la Torá, el propósito del matrimonio es crear una entidad que ayude a crecer nuestra relación y nuestra cercanía con Dios, y tener hijos los que podamos transmitirles el legado de una vida con Torá.

Sin importar cuáles sean tus metas, debes elegir una pareja con buenas cualidades que tenga tus mismos valores y objetivos. De esta forma, si hay un compromiso total hay esperanzas de llegar a tener una enorme felicidad.

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La porción semanal de la Torá

Toldot, Génesis 25:19 – 28:9

Rivká (Rebeca) dio a luz a Esav (Esaú) y a Iaakov. Esav le vendió su primogenitura a Iaakov a cambio de un plato de sopa de lentejas. Itzjak reside en Guerar con Avimélej, el rey de los filisteos. Esav se casa con dos mujeres hititas y provoca mucho dolor a sus padres (porque no eran parte de la familia).

Iaakov sigue el consejo de su madre y se hace pasar por Esav para recibir las bendiciones que su padre, Itzjak, quería dar al hijo mayor. Esav, furioso por el engaño de su hermano que lo hizo perder las bendiciones de la primogenitura, planea matar a Iaakov. Iaakov huye a la casa de su tío Laván en Padam Aram, siguiendo el consejo de sus padres. Ellos también le aconsejan casarse con la hija de Laván.

Esav entiende que a sus padres no les agradan sus esposas y toma una tercera mujer, Majlat, la hija de Ishmael.

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Devar Torá

Basado en “Growth Through Torah” por el Rav Zelig Pliskin

La Torá dice:

“Itzjak tenía cuarenta años de edad cuando tomó para sí por esposa a Rivká, hija de Betuel el aramí de Padam Aram, la hermana de Laván el aramí” (Génesis 25:20)

La Torá ya había dicho (en la porción de la Torá de la semana pasada) que Rivká era la hija de Betuel, la hermana de Laván y que era de Padam Aram. ¿Qué es lo que aprendemos aquí de esta información aparentemente superflua?

Rashi formula esta pregunta y responde que la Torá enfatiza los elogios a Rivká. Ella era la hija de una persona malvada, la hermana de un malvado y vivía en una comunidad de gente malvada. ¡Sin embargo ella no aprendió de su comportamiento!

Muchas personas tratan de excusar sus defectos culpando a otros como la causa de su comportamiento. “No es mi culpa tener esta mala cualidad, la aprendí de mi padre y de mi madre”. “No tengo la culpa de este mal hábito, porque todos mis hermanos hacen lo mismo”. “En mi barrio todo el mundo lo hace o no lo hace, ¿cómo puedo ser diferente?”. Ellos utilizan esto como una racionalización para no esforzarse para mejorar.

De Rivká aprendemos que sin importar cuál sea el comportamiento de quienes nos rodean, tenemos la capacidad de ser más elevados. Por supuesto, hace falta coraje y mucho esfuerzo para ser diferente. La persona recta puede ser considerada inadaptada e incluso rebelde por aquellos que tienen valores más bajos. Sin embargo, un principio básico de la Torá es que somos responsables por nuestros propios actos. Señalar a otros que son peores que tú no es una justificación válida para no comportarte como se debe.

Si alguna vez te descubres diciendo: “No es mi culpa haberlo hecho. Así me educaron o eso es lo que aprendí de Fulano”, cambia tu perspectiva a: “Haré un esfuerzo especial para mejorar en esta área y superar la tendencia de seguir las huellas de otros”.

Culpar a otros por tus faltas y decir que no puedes hacer nada para cambiar es una garantía para mantener tus defectos. Haz una lista de las cualidades negativas que aprendiste de tu medio. Desarrolla un plan de acción para mejorar en esas áreas.

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Encendido de Velas

29 de noviembre

(O consultar: www.aishlatino.com/sh/hedv/109619944.html)

Jerusalem 4:00
Barcelona 5:05 – Bogotá 5:22 - Buenos Aires 7:32
Caracas 5:44 - Guatemala 5:12 – Lima 6:01 PM
Los Ángeles 4:25 – Madrid - 5:31 - Ciudad de México 5:38
Miami 5:11 - Montevideo 7:23 - Nueva York 4:11
Panamá 5:37 - San José (Costa Rica) 4:54 – Santiago 7:17

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Cita de la semana

Cuida que tus palabras sean suaves y dulces.
Nunca sabes cuándo tendrás que comértelas.

Shabat shalom, Rav Kalman Packouz