El primer Rashi en parashat Behalotjá despierta una pregunta enigmática:

¿Por qué la sección que habla sobre la Menorá se encuentra junto a la sección que habla de las ofrendas de los príncipes de Israel? Porque cuando en la ceremonia de inauguración del Tabernáculo, Aharón vio las ofrendas que llevaron los príncipes, se deprimió. Ni él ni su tribu (Leví) tuvo parte en ellas. Dios le dijo: "¡Tu tarea es más importante que la de ellos! ¡Tú preparas y enciendes las velas de la Menorá! (traducción no literal).

Aharón se deprimió porque ni él ni su tribu tuvieron parte en la Inauguración del Tabernáculo. Pero, ¿quién debería haberse deprimido? ¿Acaso no era Moshé el líder de la tribu de Leví? Moshé era el líder de todo Israel, un profeta más grande que Aharón y, al parecer, también el líder de la tribu de Leví. Aharón sólo era el líder de los sacerdotes, un subgrupo de la tribu de Leví. ¿Por qué se sintió molesto Aharón? ¿Y por qué Moshé no se deprimió?

Además, ¿Aharón no olvidó algo? ¿No vio a Moshé, su hermano, involucrado activamente en la ceremonia de inauguración? A él Dios le ordenó dar todas las directivas de la construcción del Tabernáculo. Moshé llevó muchos sacrificios e hizo la mayoría del servicio de dedicación (ver Vaikrá, Capítulo 8). ¿Cómo pudo decir Aharón que la tribu de Leví no estuvo involucrada?

La respuesta es la siguiente. Moshé, al convertirse en el líder de todo el pueblo judío, dejó de ser miembro de la tribu de Leví. Un líder nacional pierde los intereses provinciales y regionales. Él representa a la nación, no solamente a una tribu.

La participación de Moshé en el Tabernáculo no puede ser adjudicada a la tribu de Leví. Su intervención es la intervención de todo el pueblo judío. Él es el líder de todos y todos los judíos se identifican con Moshé. Como escribe Maimónides: El corazón del rey es el corazón de toda la comunidad de judíos (Leyes de los Reyes 3:6).

Por eso la Torá declara que una rebelión en contra del rey del pueblo judío merece la pena de muerte. No es simplemente una revuelta en contra de un individuo, sino de toda la nación.

Esta es también la razón por la que el Rey David es el autor de los Salmos. El libro de Salmos es la expresión del alma del pueblo judío. Puedes abrir los Salmos en cualquier momento de tu vida y encontrar capítulos que relevantes a nivel intelectual y satisfactorios a nivel emocional. Es como si el Rey David hubiera estudiado el corazón de cada uno de nosotros y conocido los desafíos que enfrentamos continuamente. Esto se debe a que David fue rey y, como tal, el corazón del pueblo. David entendió nuestras alegrías y nuestros dolores, nuestras pasiones y nuestras frustraciones. Al ser el corazón colectivo de Israel, entendió lo que fluye por los corazones de todos los judíos en todas las generaciones. Es por esto que el libro de Salmos es tan relevante hoy como lo fue hace miles de años, cuando fue escrito.

Puede que no nos demos cuenta, pero en ciertos momentos de nuestra vida todos somos líderes. Algunos somos padres, otros damos clases, otros lideramos grupos y algunos lideramos las plegarias. Ocasionalmente todos somos líderes. ¿Cómo podemos ser líderes de forma efectiva y adecuada?

Siempre debemos recordar que tenemos que observar el corazón de las personas que lideramos. Debemos sentir su dolor y su alegría. Debemos descubrir qué es importante para ellos y ocuparnos de sus preocupaciones. Debemos ser la personificación y el corazón del pueblo.

Nunca debemos olvidar el verdadero objetivo del liderazgo. Nunca debemos asumir roles de liderazgo por motivos egoístas y para engrandecernos. Con certeza, jamás debemos abusar de nuestro poder. Maimónides escribe con respecto a un rey, pero sus palabras se aplican a todos los líderes:

Su corazón debe ser humilde. No debe liderar a través del engaño y de la arrogancia. Debe ser misericordioso y clemente con todos y tener en mente las preocupaciones de sus súbditos. Debe respetar el honor de quienes son más pequeños que él. Debe ser extremadamente humilde (extracto de Leyes de los Reyes 2:6).

Que LIDEREMOS apropiadamente nuestras vidas.