Todos tratamos de ser padres perfectos. Todos sabemos lo difícil que es ser un padre perfecto. Y, eventualmente, comprendemos que nunca podremos ser padres perfectos. Pero constantemente podemos y debemos crecer y mejorar como padres. Sólo hay una manera de hacer esto. Debemos invertir tiempo y esfuerzo para mejorar nuestro rol de padres.

Ser padre es una habilidad como cualquier otra. Sin un esfuerzo consciente y consistente para mejorar como padres, sin leer libros, artículos y ensayos, sin hablar con amigos y expertos y, fundamentalmente, sin hacer muchas preguntas, nunca llegaremos a ser mejores padres.

La parashat Tazría, con su análisis de algunas de las leyes de pureza y nacimiento, nos brinda la oportunidad de tomarnos un momento para reflexionar sobre nuestro monumental rol como padres. A continuación quiero compartir algunas preguntas sobre la paternidad que formuló Rav Iaakov Weinberg, de bendita memoria, incluyendo un resumen de sus respuestas a cada pregunta. Estas preguntas fueron parte de unas clases especiales sobre educación que dictó Rav Iaakov.

Pregunta 1: ¿Cuál es el aspecto más importante en el que se debe enfocar la pareja en lo referente a la educación de los niños?

Respuesta: La base fundamental es la consistencia. Sin consistencia no se puede lograr nada. El niño debe saber que hablas en serio.

No puedes decir hoy no y mañana sí. El niño necesita saber qué esperar. Debes mostrar la misma insatisfacción que mostraste ayer ante una mala acción. Esto, por supuesto, incluye que los esposos también sean consistentes entre ellos. De otra forma, el niño jugará con la opinión de un padre sobre la del otro. Como padres, es mucho mejor no hacer nada que tener disputas sobre temas parentales delante del niño.

Incluso cuando un padre esté en fuerte desacuerdo con la forma en que el otro manejó una situación, nunca puede verbalizarlo frente al niño.

Pregunta 2: ¿Cuál es la opinión de la Torá sobre el castigo a los niños? ¿Debemos vivir con la actitud de: lo superará cuando madure?

Respuesta: Es inevitable reconocer que el castigo es algo necesario. Como dice el Rey Shlomó: El que escatima la vara odia a su hijo, y quien lo ama lo disciplina cuando es joven (Mishlei 13:24). Sin embargo, el castigo no necesariamente debe ser físico. En nuestra época es poco recomendable golpear al niño, porque cualquier cachetada se considera un rechazo severo. Hacer que el niño se sienta severamente rechazado es una pésima forma de educar, porque transmite el mensaje de que el padre se dio por vencido con el niño, que el niño es completamente malo.

El castigo incluye toda forma de reacción de desaprobación, incluso fruncir el ceño o suspirar. Otras formas de castigo son enviar al niño al cuarto por unos minutos o prohibirle temporalmente el uso de ciertos juguetes o juegos. Si no se los castiga, los niños crecen sin un sentido de valores y sin saber cuál es el comportamiento aceptable.

Los padres deben ser conscientes del sentimiento que generan al castigar. Un padre no puede castigar por enojo y frustración. El niño debe sentir que el castigo emana del amor y la preocupación que su padre siente por él. Los padres deben hablar brevemente con el niño durante y después de castigarlo, decirle exactamente la razón por la que recibe el castigo y que la única razón del castigo es enseñarle los valores adecuados.

Esta expresión de amor incluso al castigar, no sólo es importante para la relación padre/hijo sino que también afecta la manera en que el niño se relacionará con Dios.

Dado que llamamos a Dios Nuestro Padre, la imagen y el entendimiento que el niño tiene de un padre se crea en base a la forma en que ve a sus padres biológicos. Si los niños ven el amor y la preocupación de sus padres y desarrollan con ellos una relación fuerte y amorosa, se relacionarán con Dios de la misma forma. Si alguien tiene una relación negativa y estresante con sus padres, le resultará más difícil desarrollar una conexión positiva con Dios.

Por lo tanto, la responsabilidad parental es asunto serio y es la base esencial para todo servicio a Dios.

Pregunta 3: ¿Qué es lo más importante que podemos enseñarles a nuestros hijos?

Respuesta: Queda claro que lo más importante en lo que debe concentrarse un padre son las buenas cualidades personales. La ley judía declara inequívocamente que está prohibido enseñarle Torá a un estudiante que no tiene buen carácter (ver Rambam, Talmud Torá, Cap. 4). Debemos trabajar con el niño para dirigirlo por un camino de buenas cualidades antes de poder estudiar con él Torá.

Antes de enseñarle al niño a observar cualquier mitzvá debemos desarrollar las buenas cualidades.

Pregunta 4: Si un niño no disfruta al cumplir ciertas mitzvot, ¿debemos forzarlo? Al fin de cuentas se supone que debemos enseñarle a observar las mitzvot.

Respuesta: Nunca lo obligues. Si lo haces, el niño odiará las mitzvot. Convéncelo, persuádelo, recompénsalo, pero nunca lo fuerces.

Pregunta 5: ¿Cómo puedo enseñarle a mi hijo sobre la espiritualidad?

Respuesta: Enseñarle a tu hijo a leer es un comienzo maravilloso. Pero debes asegurarte de que lean temas que desafíen la mente. Tendemos a darles libros de historietas y misterio que simplemente los entretienen. Debemos monitorear con gran cuidado los libros que leen, para que lean material significativo que abre la mente. De aquí emana el mensaje de que la vida es más que comer comida gourmet y ver televisión. Hay una mente que debe ser satisfecha.

Enfatizar la mente es el comienzo para enseñarle espiritualidad. A partir de ello, el niño progresará para descubrir que la gratificación física no es todo lo que la vida tiene para ofrecer. No hay forma de enseñar ni de predicar espiritualidad de manera que llegue a impactar al niño. Los niños (y también los adultos) deben descubrir la espiritualidad por sí mismos para que esta perdure.

Que continuemos esforzándonos para ser los mejores padres que podamos llegar a ser.