¿Por qué juntamos tanta basura en el desván? ¿Qué tenemos los seres humanos que nos hace guardar tantas cosas inservibles? En la parashá de esta semana encontramos una idea sobre esta tendencia.

Iaakov acaba de terminar sus preparativos para el encuentro con su hermano Esav. Dividió el campamento en dos partes, para que por lo menos uno de ellos pudiera escapar durante la batalla. También preparó y envió regalos, como una táctica para calmar a Esav. Los dos campamentos cruzaron un río y entonces Iaakov se encuentra solo y vulnerable en medio de la noche. Allí un ángel ataca y lucha contra Iaakov (ver Génesis 32:9, 21-25). La pregunta es: ¿Por qué Iaakov se quedó solo?

Rashi (32:25) nos da la respuesta, basándose en el Talmud Julín 91a. Iaakov había cruzado el río con su familia, pero se dio cuenta que había olvidado unas “vasijas pequeñas” en la otra orilla y volvió a buscarlas. Aparentemente no quiso molestar a nadie de su campamento, y volvió a buscarlas solo. ¿Por qué Iaakov se pondría en peligro de esa manera, sólo por unas pequeñas vasijas? De hecho, de este incidente el Talmud (Ibíd.) aprende que uno nunca debería caminar solo de noche en un barrio peligroso. ¿Qué pensó Iaakov?

La respuesta la encontramos en un análisis general sobre el concepto de las posesiones.

Encontramos algo curioso en las palabras de nuestros Sabios. En la plegaria Shemá Israel decimos: “Y Amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu vida y con todas tus pertenencias” (Deuteronomio 6:5). Si ya dijo "con toda tu vida", ¿por qué necesita decir también "con todas tus pertenencias? Porque hay personas que valoran más sus pertenencias que su vida (Ioma 82a).

Sí, parecemos estar muy preocupados por nuestras cosas; incluso algunas personas darían su vida para defender sus pertenencias. ¿Por qué? ¿No entendemos intuitivamente que la vida misma es más importante?

Una posesión es algo mucho más profundo que un simple objeto que poseemos por casualidad. Cuando adquiero un objeto, obtengo poder sobre el mismo. Incluso si nunca lo uso, saber que podría usarlo si lo deseara me da una gran sensación de poder. ¿Por qué otra razón las personas comprarían antigüedades que nunca podrán usar? Es el sentimiento de “lo poseo. Es mío. Tengo poder sobre él. Me da una sensación de control”.

Hay un empresario muy famoso y exitoso, que tiene 500 millones de dólares y continúa trabajando. Un amigo le preguntó: "¿Por qué no te jubilas? ¿Cuánto dinero necesitas?"

El hombre le contestó: "No se trata de dinero, sino de poder. Cuando poseo 3 estaciones de gasolina en Kenia y 4 supermercados en Italia, me siento poderoso. ¡Le doy forma al mundo!".

Nuestra fascinación con las posesiones y el poder se remonta al principio mismo de la humanidad. Eva, después de ser expulsada del Jardín del Edén como consecuencia del pecado, da a luz a su primer hijo y lo llama Caín. Ella dijo: "Adquirí (kaniti) un hombre con Dios".

El niño fue su creación, su adquisición. Por lo tanto, el nombre Caín significa posesión. ¿Por qué esta sería la primera declaración de Eva en su existencia posterior al Jardín del Edén?

En el Jardín del Edén no existían las posesiones individuales. No existían los celos ni la posesividad, porque el Jardín tenía una provisión ilimitada de todo. Inmediatamente al salir del Jardín, Eva advirtió que ahora los seres humanos necesitarían poseer cosas para poder funcionar en el mundo. Sus posesiones definirían quiénes son y cuál es su visión sobre la vida. Eva definió la existencia post-Edén como un mundo de posesiones. La adquisición de posesiones sería la fuerza que movería a la humanidad.

La pregunta para la humanidad es: ¿con qué fin adquiriremos las posesiones y qué clases de posesiones nos esforzaremos para obtener?

Iaakov, al igual que todos los individuos rectos y sagrados, se enorgullece de sus posesiones porque él santifica todo lo que posee utilizándolo para el servicio a Dios. Ni siquiera las “vasijas pequeñas” son desperdiciadas ni descartadas, porque tienen una utilidad y sirven un propósito en la santificación que Iaakov hace del mundo. Por eso volvió para recuperar sus “vasijas pequeñas”, para no desperdiciar ningún potencial espiritual que Dios le haya dado en el mundo.

Todos tenemos posesiones. Todos necesitamos tener posesiones. Pero, ¿cómo las usamos? ¿Qué nos motiva a obtenerlas? ¿Sólo queremos sentirnos poderosos a través de nuestras posesiones materiales? ¿O usamos nuestras posesiones con fines espirituales? ¿Tenemos algo que en verdad no deberíamos poseer, incluso si nunca lo miraremos ni lo utilizaremos? El Talmud (Ketubot 19a-b) instruye que ni siquiera debemos tener libros o contratos que sean inexactos, mucho menos cosas que sean más dañinas espiritualmente.

Lo que poseemos nos define. Si poseyéramos muchos libros de judaísmo, incluso si nunca los estudiáramos, eso diría algo positivo sobre nuestros valores.

Si tenemos mucha basura en nuestro desván, cosas de las que nos resulta difícil desprendernos, ¿qué dice eso de nosotros? ¿Queremos sentir que poseemos y controlamos cosas, incluso cosas que no tienen ninguna utilidad práctica en nuestra vida?

Bueno, ¿alguien quiere organizar una venta de artículos de segunda mano?