“La guerra es un crimen en contra de la humanidad”.

“No existe una guerra justificada”.

Esas son declaraciones de pacifistas. "Pacifismo: Movimiento a favor de la abolición de la guerra como solución a los conflictos entre las naciones" (Real Academia Española). Los pacifistas se oponen al uso de la fuerza bajo cualquier circunstancia.

¿Qué opina el judaísmo sobre el pacifismo? ¿Qué significa realmente la paz? Pinjás, la parashá de esta semana, nos enseña sobre todos estos temas.

Dios comienza la parashá de la semana diciéndole a Moshé: Pinjás, el hijo de Elazar, hijo de Aharón, el sacerdote, ha vuelto atrás Mi cólera de sobre los hijos de Israel al vengar Mi celo en medio de ellos, y no consumí a los hijos de Israel en Mi celo. Por lo tanto, declara: "He aquí que Yo le otorgó (a Pinjás) Mi pacto de paz" (Bamidbar 25:10-12).

Sabemos que Dios administra recompensa y castigo medida por medida. El castigo o la recompensa deben ser acordes al crimen o a la buena acción. En este caso, el acto violento de Pinjás fue recompensado con paz. ¿Esto es medida por medida? ¿Por lo general asociamos a una persona pacífica con un comportamiento fanático?

Dios nos da aquí una lección fundamental sobre la guerra y la paz. En ocasiones, las guerras son necesarias. Existe tal cosa como una guerra justificada. Como dice Kohélet 3:8: Hay un tiempo para la guerra.

Dios le instruyó a Moshé: "Dile a Pinjás que su celo es paz". Paz no es la ausencia pasiva de guerra. Si la paz es una ausencia pasiva de guerra entonces no hay forma de que se logre la paz a través del violento acto de asesinato de Pinjás. La paz es un estado en el que hay cercanía, hay una relación, una forma de tratarse los unos a los otros. No es sólo “yo no te molesto y tú no me molestas”. Eso no es paz. Paz es vivir juntos, esforzarnos juntos y tener unidad; es tener una base en común que nos hace parte de un todo.

En hebreo, la palabra shalom (paz) deriva de la raíz shalem, que significa entero o completo. La paz es una relación simbiótica, cooperativa, en donde ambas partes se preocupan por la otra, se ayudan y se perfeccionan mutuamente. Dos personas que se odian y nunca se hablan, pero nunca pelean, no tienen paz. La armonía marital y la tranquilidad en el hogar no son sólo la ausencia de gritos. Es un estado en el que tu pareja realmente es parte de tus triunfos, te fortalece cuando estás deprimido, te ama, te adora y te valora.

Dado que la paz es una fuerza activa y no la ausencia de guerra, para que haya shalom se debe remover todo lo que moleste y destruya esa armonía. Es por eso que Pinjás, con su acto fanático, creó paz. Pinjás detuvo la plaga que asolaba al pueblo judío y a través de un acto violento de guerra, trajo la paz.

A menudo el único camino hacia la paz parece ser un acto de violencia. Para que exista la paz debe eliminarse todo lo que desestabilice la armonía y lo que cree tensiones entre las personas. Esos factores no siempre pueden eliminarse con medios no violentos.

¿Acaso alguien realmente cree que podría haberse enfrentado a los nazis sin violencia? ¿Era posible enfrentarse a Osama bin Laden sin violencia? Ariel Sharón siempre dijo que el camino a la paz en el Medio Oriente debe comenzar con una acción militar decisiva contra la infraestructura terrorista. La paz sólo puede alcanzarse después de erradicar la opción de la violencia. También podemos decir lo mismo respecto a la decisión de Harry Truman, presidente de los Estados Unidos, cuando ordenó arrojar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, las que trajeron la paz al final de la Segunda Guerra Mundial. Es famosa la foto de la nube con forma de hongo que mató a unas 400.000 personas. ¿Fue injustificado el acto de guerra de Truman? Piensa en lo siguiente:

En una reunión el 18 de junio, el Comité Unido de Planes de Guerra le comunicó a Truman la cantidad estimada de muertes: desde un mínimo de 31.000 a un máximo de 50.000, con una estimación de bajas norteamericanas (por muerte, heridas y desapariciones) de 132.500. Durante la lucha en el Pacífico, entre el 1 de marzo de 1944 y el 1 de mayo de 1945, los japoneses murieron en una proporción de 22 a 1. Por lo tanto, si calculamos 40.000 muertes de norteamericanos, podemos extrapolar la muerte de 880.000 japoneses, llegando a un total de 920.000 muertes. Si bien las estimaciones de muertos en Hiroshima y Nagasaki varían ampliamente, ninguna siquiera se acerca a la mitad de esa cifra. Podemos concluir que si la invasión de Kyushu hubiera sido necesaria y los japoneses hubieran sido asesinados en una proporción comparable a la lucha anterior, entonces las bombas atómicas arrojadas en Hiroshima y Nagasaki en realidad SALVARON vidas.

(Barton J. Bernstein, Understanding the Atomic Bomb and the Japanese Surrender: Missed Opportunities, Little-Known Near Disasters, and Modern Memory, Hiroshima in History and Memory, ed. Michael J. Hogan - New York, Cambridge University Press, 1996, p. 45)

Si todas las personas del mundo estuvieran comprometidas a alcanzar la paz verdadera, una paz que incluya una relación simbiótica y cooperativa, quizás el pacifismo sería un movimiento viable. Como no es este el caso, para lograr la paz a menudo debemos destruir violentamente las cosas que crean tensiones entre los pueblos.

En el mundo real por lo general son las guerras, y no los pacifistas, quienes traen la paz verdadera.