Todos tememos enfrentar un juicio. A nadie le gusta ir a la corte por una infracción de tráfico. Por cierto no deseamos escuchar a nuestro jefe evaluar nuestro trabajo. Y cuando pensamos que Dios nos observa y nos juzga, es aterrador. Sin embargo, profundizando un poco, descubriremos que el juicio de Dios sólo surge de Su amor.

Tetzavé, la parashá de esta semana, describe los mandamientos respecto a las clases de ropas y "uniformes" que vestían los cohanim (sacerdotes) y el Cohén Gadol (Sumo Sacerdote) durante su servicio en el Tabernáculo. Además de la ”gloria y esplendor” (Shemot 28:2) de estas hermosas vestimentas, el Talmud (Zevajim 88b) revela que, de alguna manera, al usar sus prendas especiales, el Sumo Sacerdote despertaba la misericordia Divina y (con el arrepentimiento correspondiente) ayudaba al pueblo judío a alcanzar la expiación por diversos pecados. Estudiemos la sección del Talmud:

La túnica (camisa) expía [el pecado de] asesinato. El pantalón expía [el pecado de] adulterio. El turbante expía [el pecado de] arrogancia. El cinturón expía [el pecado de] pensamientos malvados. El pectoral expía [el pecado de] corrupción en la justicia. El delantal expía [el pecado de] idolatría. La bata expía [el pecado de] habla calumniosa. Y la vincha con la placa frontal expía [el pecado de] descaro.

El Sumo Sacerdote, durante su servicio en el Tabernáculo, representaba al pueblo judío. En su pectoral llevaba 12 piedras preciosas; cada una de ellas simbolizaba a una de las 12 tribus (Shemot 28:21). Podría decirse que el Sumo Sacerdote era la personificación de toda la nación judía. Y esta personificación servía constantemente en el sagrado Tabernáculo, que era la morada de Dios en medio de la nación. El Sumo Sacerdote era la persona más sagrada y cercana a Dios, y servía en el lugar más querido por Dios.

Resulta extraño que las ocho prendas del Sumo Sacerdote fueran para Dios un recordatorio constante de los pecados de los judíos. Es cierto, no eran sólo un recordatorio, ya que también generaban una especie de expiación. Sin embargo, podríamos pensar que las prendas del Sumo Sacerdote deberían aludir más a expresiones de amor, méritos o acciones rectas de los judíos y no a sus pecados, incluso si estos serían perdonados.

Además, ¿por qué Dios piensa todo el tiempo en nuestros pecados? ¿Por qué necesita juzgarnos todo el tiempo? El Talmud (Rosh Hashaná 16a) dice que somos juzgados todos los días y no sólo en el año nuevo judío.

Asimismo, celebramos Rosh Hashaná como una festividad, a pesar de que es el día de juicio por todo el año. ¿Qué celebramos? ¿Acaso los acusados celebran su día en la corte? ¿O están asustados y nerviosos?

Finalmente, ¿Qué tiene de especial volverse bar/bat mitzvá? ¿Por qué nos alegramos cuando nuestras hijas cumplen 12 años (sí, las niñas maduran más rápido) y nuestros hijos 13?

La respuesta a todas estas preguntas es un concepto fundamental sobre nuestra relación con Dios.

¿Por qué nos juzga Dios? No puede ser porque tenga la necesidad de juzgar o vengarse. Por definición, Dios es perfecto y la fuente suprema de bondad. Él no tiene necesidades. Entonces, debe juzgarnos para nuestro beneficio. ¿En qué nos beneficia el juicio? Mediante Su juicio, Dios nos muestra que le importa todo lo que hacemos. Somos tan importantes para Él, que observa cada paso que damos. Le interesa cada vez que nos movemos. Somos los seres que, a través de nuestro libre albedrío, le damos forma al mundo y a su destino. Mediante el juicio, advertimos que toda pequeña acción que realizamos hace una diferencia. Somos importantes. Somos significativos y responsables. Y la responsabilidad es una gran razón para celebrar.

Se dice que nuestra generación sufre de baja autoestima. La depresión es más común que nunca. Jamás hubo tantos suicidios como en los tiempos modernos. Con seguridad muchas personas tienen problemas clínicos que requieren tratamiento profesional. Sin embargo, podemos preguntarnos: si contempláramos el interés que Dios tiene en nosotros y cuánto le importa la forma en que realizamos nuestras actividades simples, ¿seguiríamos teniendo baja autoestima? Nuestras pruebas y desafíos morales rutinarios mejoran o empeoran todo el sentido y el propósito del universo. ¿No debería eso provocarnos inmensa alegría?

Por eso celebramos Rosh Hashaná, el Día del Juicio. Nos alegramos por el profundo interés que Dios tiene en nuestras acciones. Nos deleitamos porque nuestras vidas están vinculadas con tanto significado.

Y nos alegramos en un bar-bat mitzvá porque nos emociona que la vida de un joven se vuelva más significativa con el advenimiento de la responsabilidad. Ahora toda acción y pensamiento que tenga el joven cobra importancia, algo que no ocurría antes de los 12 ó 13 años.

El hecho de que Dios nos juzgue muestra Su amor y preocupación. No Es indiferente a nuestras acciones. El peor trato en una relación es la indiferencia. Los terapeutas de pareja saben que mientras la pareja continúa discutiendo, es posible salvar al matrimonio. Si a un esposo le molestan las cosas que hace su esposa, o viceversa, el amor aún está presente. Es por eso que se causan enojo el uno al otro. Si se vuelven indiferentes entre sí y las desilusiones ya no les importan, el divorcio es casi inevitable. De la misma forma, el hecho de que Dios se interese en todas nuestras acciones, para bien y para mal, significa que nos ama.

Esa es la profundidad del Juicio Divino. Y es la razón por la que nuestros pecados y su expiación son un factor tan importante en las prendas del Sumo Sacerdote. Nuestros pecados están presentes en la mente de Dios porque nos ama y quiere vernos mejorar.

Seamos responsables con nuestra responsabilidad. Si nunca supimos lo que celebramos en un bar/bat mitzvá, celebremos ahora uno privado y personal con esta nueva consciencia de cuánto influimos sobre todo el universo.

Somos importantes.