La incredulidad de Sara y la crítica de Dios

¿Cómo es posible mencionar en una misma frase a Sara y a la incredulidad? ¿Acaso Sara, la primera matriarca del pueblo judío, no creía en Dios? Sin embargo, la Torá parece ser clara al respecto. Es difícil analizar los aparentes errores de una de nuestras matriarcas. Pero si tomamos en serio el estudio de la Torá, estamos obligados a hacerlo. Leamos esta sorprendente historia sobre el nacimiento de Itzjak:

Los ángeles le dijeron a Abraham: “¿Dónde está Sara, tu esposa?” Él respondió: “Allí, en la tienda”. Y dijo [el ángel]: “Ciertamente volveré a ti el año próximo en esta época, y tu esposa Sara tendrá un hijo”. Sara estaba escuchando a la entrada de la tienda, que estaba detrás de él. Sará y Abraham eran ancianos, entrados en años; Sara había dejado de tener la costumbre de las mujeres. Sara rió en su interior, diciendo: “¿Después de haber marchitado volveré a tener mi ciclo menstrual? ¡Y mi marido es anciano!” Dios le dijo a Abraham: “¿Por qué Sara se ha reído diciendo: ‘Realmente daré a luz, siendo anciana’? ¿Acaso hay algo inalcanzable para Dios? En esta época [del año próximo] volveré a ti y Sara tendrá un hijo”. Y Sara negó diciendo: “No me reí”, porque tuvo miedo. Pero él [Abraham] dijo: “Sí, te reíste” (Génesis 18:9-15).

Hay muchas preguntas:

1. ¿Por qué Dios dejó que Sara se enterara de forma indirecta sobre el nacimiento de Itzjak? ¿Por qué no se lo dijo directamente?

2. ¿Por qué Sara se rió? ¿Creyó que el ángel hablaba con sarcasmo? Si ella no creía que Dios podía devolver la juventud a su cuerpo, ¿por qué después mintió diciendo que no se rió? Una persona recta no mentiría de esa forma, ni siquiera por temor.

Estamos ante un dilema. Sabemos que Sara era una mujer sumamente devota y recta. Es imposible entender que ella no creyó en la omnipotencia y el poder de Dios. Ella sabía que Dios puede hacer lo que sea, incluyendo que una mujer quede embarazada. Por otro lado, debemos confiar en la opinión de Dios respecto a que la risa de Sara mostró incredulidad. Y, para complicar todavía más las cosas, cuando le presentaron la evidencia sobre la opinión de Dios, ¡Sara lo negó!

Al parecer, la única solución a este enigma es transigir en algún sentido. Debemos encontrar una explicación a la reacción de Sara que permita entender por qué ella pensó que no estaba negando el poder de Dios, pero que sin embargo Dios, con su profundo entendimiento de la naturaleza de la persona, supo que en verdad sí lo hizo.

Por ejemplo, podríamos sugerir que lo que Sara dijo fue: “Abraham y yo somos viejos. De acuerdo con las leyes naturales, ya no podemos tener hijos. Es cierto, Dios es todopoderoso y podría darnos hijos incluso a esta edad avanzada, pero Él no conduce Su mundo de esa forma. Lo que oí no puede ser cierto. Dios no cambiará la naturaleza hasta ese grado”.

Sara ríe, pero no niega la omnipotencia de Dios.

Sin embargo Dios no lo entendió así. Él ve la reacción de Sara y la considera una negación de Su control sobre el mundo. Entiende que, en teoría, Sara no limita Su poder, pero al sugerir que hay reglas naturales que Dios no desea romper ni siquiera en ocasiones específicas, está negando Su participación directa en el mundo. Es cierto, Dios creó la naturaleza y todas sus reglas. Pero cuando Él lo desea, cambia toda la naturaleza de acuerdo con Su voluntad. Dios no está limitado ni siquiera por las leyes del mundo que Él mismo generó.

Por lo tanto la risa de Sara no fue una negación, pero para el entendimiento profundo de Dios, sí lo fue.

Dios sabía que, debido a su forma de pensar, a Sara le resultaría difícil aceptarlo, por lo que no la enfrentó directamente con Su crítica. Ella oiría de forma indirecta sobre el nacimiento de Itzjak y vería que Dios cambia la naturaleza cuando lo desea. Esto mismo se repite cuando Dios hace que Abraham le comente a Sará sobre Su molestia. No quiere enfrentarla directamente, por su propio beneficio.

¿Alguna vez te ha corregido un amigo por un comportamiento que consideró impropio? Cuando tu amigo “te lo hizo saber”, ¿”se la devolviste” de inmediato? Es una reacción natural. Aceptar musar, una crítica, es muy difícil cuando nos vemos confrontados de forma directa. Deberíamos aceptarla de buena manera, pero a menudo fracasamos en este desafío espiritual.

¿Has escuchado alguna vez a alguien criticando algo y entendiste que esa crítica también se aplicaba a ti? En esas situaciones, es mucho más fácil aceptar la crítica y mejorar, porque tienes la oportunidad de pensar con honestidad, sin que se interponga una lucha de poder personal (¡No voy a permitir que me diga algo así!).

A menudo tenemos nuestras propias críticas respecto al comportamiento o las ideas de otras personas. Evita la confrontación directa. De esta manera estarás imitando lo aprendido de la forma en que Dios trató a Sara.