"Una de las mayores tragedias de la experiencia intelectual humana es que a los 55 años estudiamos las historias de la Biblia de la misma forma en que las estudiamos cuando teníamos 5", Rav Iaakov Kaminetsky, de bendita memoria.

Puede ser que conozcamos la historia de la torre de Babel desde nuestra infancia, pero al igual que con muchas historias bíblicas, ¿alguna vez analizamos su profundidad? Una cuidadosa lectura de Génesis (11:1-8) nos brindará enseñanzas fascinantes.

En toda la tierra había una sola lengua y mismo propósito. Y sucedió que cuando migraron desde el este encontraron un valle en la tierra de Shinar y se asentaron allí. Cada uno dijo a su compañero: "Hagamos ladrillos y cozámoslos en el fuego". Los ladrillos les sirvieron como piedra y la mezcla les sirvió de limo. Y dijeron: "Vengan, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta los cielos, y hagámonos un nombre, no sea que seamos dispersados sobre la superficie de toda la tierra". Hashem descendió para observar la ciudad y la torre que habían construido los hijos del hombre. Hashem dijo: "He aquí que son un pueblo único con una misma lengua, y esto han comenzado a hacer. Ahora, ¿nada se les retendrá de todo lo que planean hacer? Vengan, descendamos y confundamos allí su lengua para que cada uno no entienda la lengua de su compañero". Entonces Hashem los dispersó de allí sobre toda la superficie de la tierra y dejaron de edificar la ciudad.

Antes que nada, algunas preguntas:

  • ¿Por qué es importante saber que viajaban desde el este?

  • ¿Por qué debemos saber que se asentaron en un valle?

  • ¿Por qué eligieron ladrillos y mezcla en lugar de piedra y barro, y por qué la Torá nos informa esto?

  • ¿Qué significa que Dios desciende al mundo?

  • Finalmente, ¿cuáles eran exactamente sus planes para una ciudad y una torre y qué fue lo que Dios vio en el plan que era tan destructivo?

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LA ALDEA GLOBAL

Es interesante notar que ellos temían ser dispersados por todo el mundo, y eso fue exactamente lo que Dios les hizo. ¿Qué tiene de malo ser dispersados? La respuesta es una noción que tal vez nuestra generación puede entender mejor que cualquier otra.

Constantemente oímos hablar sobre la "aldea global": que en el mundo nada ocurre en un vacío. Cuando ocurre algo en una parte del mundo, no sólo se sabe en la otra parte del mundo en unos minutos (o segundos), sino que también tiene un gran impacto.

Con el advenimiento de la tecnología, todo el mundo se volvió como una pequeña aldea. Los avances en la comunicación hicieron que sea extremadamente simple compartir el conocimiento. Esto provocó un gran cambio en la sociedad.

Todos conocemos el dicho: "Dos cerebros piensan más que uno". Entonces, sin duda, cientos de naciones (y miles de millones de personas) que comparten información sobre los avances tecnológicos, producirán un mundo mucho más avanzado. Esto contribuye a nuevas invenciones en medicina, tecnología y, virtualmente, en todos los aspectos de la vida. Por esa razón, la generación de la Torre de Babel quería con desesperación permanecer unida. Sabían que la población continuaría expandiéndose, lo que requeriría más y más espacio, pero por lo menos querían tener una fuerza unificada: la gran torre. Aunque habitaran en las vastas tierras del planeta, continuarían considerándose una ciudad. Serían una aldea global.

Además, no tenían la desventaja de hablar diferentes idiomas, lo cual crea culturas diferentes y termina provocando peleas entre pueblos y naciones. Estas diferencias culturales en algunas épocas de la historia limitaron el intercambio de conocimiento entre los pueblos. La torre unificadora y su ciudad evitarían el desarrollo de disputas y la humanidad podría avanzar tecnológicamente con la mayor rapidez.

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¿Quién necesita a Dios?

Pero parece que a Dios no lo entusiasmó la idea. Él dijo: "¿Nada se les retendrá de todo lo que planean hacer?" ¿Qué tiene de malo lo que querían hacer?

Cuando el hombre puede lograr todo lo que desea, no necesita a Dios. El versículo nos dice que viajaron “desde el este”. La referencia previa al “este” fue al Jardín de Edén (Génesis 2:8). Ellos deseaban alejarse del lugar más cercano a Dios que existía y forjar su propio destino sin la ayuda de Dios. Deseaban construir una ciudad y una torre que los unificara pero precisamente querían comenzar a construirla en un valle. Aunque usar una colina o una montaña les hubiera facilitado que la torre fuera lo más alta posible, no quisieron usar nada natural o "Hecho por Dios". En su proyecto no había lugar para Dios.

Entonces, eligieron ladrillos y mezcla. Se negaron a usar materiales "hechos por Dios", como piedra o barro y prefirieron crear sus propios materiales de construcción.

Dios descendió al mundo para asegurar que el hombre no proclamara que el mundo le pertenece sin la intervención de Dios. Él debió asegurar que el hombre no se hiciera un nombre para sí mismo (como declara el versículo) sin que Dios dé Su sello de aprobación y Su dirección. Por eso Dios dispersó al hombre en muchos lenguajes y naciones, frustrando la idea de la aldea global durante miles de años.

En la actualidad experimentamos en cierta forma la fuerza unificadora de la Torre de Babel, ya que vivimos en una verdadera aldea global. Quizás aquí es donde comienza el problema.

Durante los últimos 200 años, desde el advenimiento de la tecnología moderna, el hombre se volvió cada vez más secular. Al parecer, cuanto más entendemos el funcionamiento del mundo, menos necesitamos creer y confiar en Dios y en la religión. El hombre comenzó a confiar demasiado en sí mismo, a sentirse demasiado seguro con su control sobre muchas cosas del mundo y a considerar que la religión fue diseñada para pensadores primitivos.

El judaísmo tiene una perspectiva muy diferente. Nosotros no le tememos a la tecnología. En realidad la aceptamos, pero siempre tenemos que mantenerla en perspectiva. Dios nos dio la capacidad de dominar el mundo de una forma que nuestros antepasados jamás soñaron. La tecnología hizo que la vida se vuelva mucho más fácil en muchas formas y la medicina moderna prolongó la expectativa de vida.

Pero el hombre no logró todo eso por sí mismo. Dios nos abrió los ojos a los descubrimientos modernos. Siempre debemos recordarlo al beneficiamos de los descubrimientos modernos y agradecerle a Dios por todo lo que nos dio. No queremos emular los objetivos de las personas de la Torre de Babel.

Cuando tomamos la píldora más moderna para tratar un dolor de cabeza, debemos decir una breve plegaria a Dios pidiendo que la medicina funcione y no confiar simplemente en el invento del hombre. Al usar nuestras computadoras e Internet, sería bueno tomarnos un momento para expresar gratitud a Dios por darle al hombre la capacidad de crear una herramienta tan asombrosa para escribir y comunicarse.

Para eso fuimos diseñados, para vivir en esa clase de mundo, uno en el cual el hombre hace descubrimientos e incluso domina el mundo, pero al mismo tiempo le agradece a Dios por darle la sabiduría y la capacidad para obtener esos logros.