Todos hemos escuchado la idea de hacerle a alguien una oferta que no podrá rechazar. La mayoría de las veces podemos rechazar la oferta, pero no a quien nos la hace.

¿Qué pasa si quien hace la oferta es el Poder Infinito que creó y continúa sustentando a toda la existencia? ¿Y qué pasa si no es una oferta sino una orden? Sin ninguna duda sería una oferta imposible de rechazar. Sin embargo, eso fue exactamente lo que hizo Moshé.

En el capítulo 3 de Éxodo, Moshé lleva a pastar sus ovejas y llega al “monte de Dios”, el lugar donde posteriormente sería entregada la Torá (ver Rashi 3:1). Aquí acontece el famoso incidente de la zarza ardiente. Dios se presenta ante Moshé y le dice que oyó el dolor y el llanto del pueblo judío y que desea redimirlo de Egipto. Dios desea que Moshé sea el líder que saque a los judíos de Egipto.

Pero, sorprendentemente, Moshé le responde: "¿Quién soy yo para ir ante el faraón y sacar a los Hijos de Israel de Egipto?" (3:11). Moshé le dice “No” a Dios y, aparentemente, Dios acepta la negativa. ¿Cómo podemos entender esto?

Los 24 versículos siguientes de la Torá (que el Midrash dice que ocurrieron en el curso de una semana, ver Rashi 4:10) detallan la discusión entre Dios y Moshé sobre la razón por la que Moshé debía ir a Egipto y su constante negación. ¿Qué está pasando?

Algunos pueden sugerir que este episodio es un ejemplo asombroso de la humildad de Moshé. Sabemos que Moshé fue la persona más humilde que hubo sobre la faz de la tierra (Bamidbar 12:3), y esta podría ser una muestra grandiosa de ello: Moshé rechaza el liderazgo y el honor debido a su suprema humildad.

Pero esto no puede ser correcto. Alguien puede ser extremadamente humilde, ¡pero no cuando Dios le dice que es la persona indicada para la tarea! ¿Cómo puedes rechazar a Dios, incluso si eres muy humilde? La humildad jamás puede ser una razón válida para rebelarse contra los deseos de Dios. Puedes creer que no eres un líder lo suficientemente bueno, pero Dios te está diciendo que sí lo eres y que quiere que hagas el trabajo. No es momento para permitirse ser humilde. Debemos encontrar otra forma de resolver este problema.

Vemos que al final de la conversación, Dios se enoja con Moshé (4:14), y le dice nuevamente que vaya a Egipto. Finalmente, Moshé no responde. Entonces Moshé comienza su misión de rescatar a la nación judía de Egipto.

Algunas preguntas. ¿Qué significa que Dios se enojó? ¿De repente se le acabó la paciencia con Moshé? A diferencia de los humanos, Dios no tiene emociones. Por lo tanto, no es posible que después de una semana de discusión con Moshé, Dios “ya no haya aguantado más”. Además, ¿por qué Moshé no siguió discutiendo? ¿Fue sólo porque Moshé ya no pudo enfrentar la ira de Dios? Si hasta ese momento Moshé pudo decirle “no” a Dios y creía que sus argumentos eran válidos, ¿por qué los abandonó de un momento a otro? ¿Qué ocurrió con los argumentos de Moshé?

La explicación a todas las preguntas de esta historia debe ser la siguiente:

Como dijimos, no podemos discutir con Dios. Si Dios te dice que hagas algo, no hay lugar para la discusión. Debe ser que, durante toda la semana, Dios nunca le ordenó a Moshé que fuera a Egipto. Le dijo que “pensaba” que debía ir, que era una buena idea, pero Dios dejó en claro que no era una obligación.

Al no ser una obligación, Moshé se sintió libre para discordar y discutir.

Finalmente, Dios comprendió que Moshé no iría por propia voluntad y por eso “se enojó con Moshé” (4:14). Esto significa que Dios le ordenó directa y claramente que DEBÍA ir a Egipto. Siendo así, Moshé supo que ya no podía defender sus argumentos. Dios le ordenó algo y él debía hacerle caso.

¿Por qué Dios no le dio a Moshé una orden desde el principio? ¿Por qué prefirió que Moshé aceptara la misión por propia voluntad?

Todos sabemos que hay una inmensa diferencia en el éxito y la efectividad de nuestros logros si estamos motivados naturalmente a hacer algo en lugar de hacerlo en contra de nuestra voluntad. Algunos de nosotros sabemos lo que es tener un trabajo que no disfrutamos. Puede ser que cumplamos con nuestras responsabilidades y hagamos el trabajo relativamente bien, pero si no lo hacemos con todo el corazón, por lo general eso se ve en los resultados. Para llevar a cabo una tarea de la mejor manera posible, para lograr los mejores resultados, realmente tenemos que querer hacerla.

Es claro que si Moshé hubiera aceptado su posición de líder por propia voluntad hubiese sido un líder más exitoso. Por eso Dios quería desesperadamente que se ofreciera voluntariamente para la tarea y pasó una semana tratando de persuadirlo. A pesar de que Moshé continuaba negándose, Dios sabía que, incluso obligado, Moshé era la mejor persona para liderar al pueblo judío, y por eso se lo ordenó. Por supuesto que en ese momento Moshé aceptó hacerlo.

Todos vamos a trabajar todos los días. Algunos trabajamos en casa, cuidando a la familia, y otros viajamos a la oficina. ¿Deseamos trabajar en lo que hacemos? ¿Realmente queremos estar donde estamos? Todo trabajo tiene ventajas y desventajas, pero debemos ser capaces de aceptar completamente las desventajas como un resultado de sus aspectos positivos. En ocasiones, la cualidad positiva que justifica el trabajo puede ser financiera, y está bien, siempre y cuando nos sintamos bien con eso. Debemos llegar a un punto en que sintamos que haríamos nuestro trabajo también de forma voluntaria. (Estoy seguro de que a pesar de que Moshé comenzó siendo forzado, eventualmente llegó a ese punto). De esta forma podemos alcanzar nuestra máxima productividad.