El pecado del Becerro de oro es uno de los episodios más difíciles de comprender de la Torá. Los comentaristas hablan extensamente sobre cómo pudo el pueblo judío tropezar en un pecado tan severo a tan sólo 40 días de la revelación en Sinaí (1). Los eventos que llevaron al pecado están también envueltos en misterio. Particularmente, el relato de cómo llegó el pueblo a creer que Moshé había muerto es muy difícil de entender: la Torá nos dice que el pueblo calculó mal cuándo volvería Moshé, creyendo que debía volver un día antes.

El Talmud elabora sobre los detalles de este error. Nos dice que el Satán (2) les mostró una imagen de Moshé ya sin vida (3). Al ver esto, entraron en pánico y le exigieron a Aarón que creara para ellos un nuevo intermediario, a través del cual se relacionarían con Dios (4). Una de las dificultades de este pasaje es el método utilizado por el Satán para hacerlos pecar: mostrarles una imagen. En ningún otro incidente de la Torá vemos el uso de esta táctica. Normalmente, una persona peca porque racionaliza que lo que hace es correcto. ¿Cuál es la naturaleza de esta forma de persuasión y por qué fue necesario que el Satán les mostrara una imagen en lugar de persuadirlos con métodos normales?

Rav Jaim de Volozhin, en su obra clásica Néfesh Hajaim, responde estas preguntas en su ensayo sobre la naturaleza del iétzer hará (inclinación hacia el mal). Para hacerlo, explica primero el pecado de Adam y Javá, y termina con la explicación de cómo los eventos de matán Torá (la entrega de la Torá) y el Becerro de oro fueron paralelos a la condición de Adam y Javá antes del pecado (5): los rabinos nos dicen que, antes del pecado, la humanidad no tenía iétzer hará, pero que igualmente tenía libre albedrío. Adam se relacionaba con el mal, que en ese entonces tenía la forma de najash (serpiente) como algo completamente exterior a sí. El objetivo de éste era persuadirlo para realizar una acción claramente horrenda. El Néfesh Hajaim lo compara a una persona decidiendo si arrojarse sobre un fuego o no. Sin embargo, de alguna forma, el najash consiguió seducir a Javá para comer del fruto del conocimiento del bien y el mal, y al comer de este árbol, Adam y Javá ingresaron el iétzer hará a su interior. Esto significa que ahora había dentro de ellos una combinación del bien que emanaba de sus almas puras con el mal que venía del iétzer hará.

El resultado de esto fue que ahora eran vulnerables al arma principal del iétzer hará: la confusión. Cuando una persona sabe que algo es claramente equivocado, no lo hace. La táctica del iétzer hará es convencerla de que ese pecado no es un pecado, sino que, por el contrario, es la acción correcta a realizar. Por esto, los rabinos nos dicen que “una persona sólo peca cuando un espíritu de locura ‘rúaj shtut’ (6) entra en ella” (7), lo que significa que pierde la noción de lo correcto y lo incorrecto y, por lo tanto, hace lo equivocado convenciéndose a sí misma de que hace lo acertado.

El Néfesh Hajaim continúa diciendo que este estado de existencia continuó hasta matán Torá. La Guemará declara que el veneno que ingirió Javá cuando pecó (es decir, el iétzer hará) se anuló por completo cuando el pueblo judío se paró en el Monte Sinaí (8). Así, el pueblo judío volvió al nivel de Adam antes del pecado. En este momento de la historia, el pueblo podría haber vivido eternamente, como hubiese ocurrido con Adam si no hubiera comido del árbol (9). Con este entendimiento de la situación del pueblo después de matán Torá, el Néfesh Hajaim explica por qué el Satán le mostró una imagen al pueblo. Estaban en un nivel tan alto, que no tenían el iétzer hará en su interior, por lo que no los podía engañar con su arma normal de confusión interna. En cambio, debió persuadirlos externamente, como el najash había hecho con Javá. Cuando el pueblo sucumbió ante la persuasión del Satán, el “veneno” del pecado volvió a ellos y el iétzer hará volvió a morar en su interior.

Hemos visto cómo el Satán se vio forzado a recurrir a métodos no convencionales de persuasión para hacer que el pueblo judío pecara con el Becerro de oro. Sin embargo, después de que pecaron, el Satán reingresó a la esencia de cada persona, dejándonos con la difícil tarea de intentar discernir, en nuestro interior, entre el bien y el mal. La herramienta principal del iétzer hará ahora es convencernos de que lo que hacemos es, en realidad, correcto, o incluso una mitzvá. Por ejemplo, el Jafetz Jaim señaló que muchas personas hablaban lashón hará (chismes) con el justificativo de que esto que estaban diciendo, en particular, estaba permitido, o de que está permitido hablar lashón hará sobre esa persona. Quien hablaba no pensaba que estaba haciendo lashón hará, sino que racionalizaba que no era habla prohibida. Así, Rav Shneur Zalman de Liadi señala que si se le ofreciera a una persona observante una gran cantidad de dinero para hablar lashón hará, se rehusaría. Esto es porque, intelectualmente, reconoce que ninguna cantidad de dinero justifica transgredir una mitzvá. Sin embargo, la misma persona, en otra ocasión, ¡es capaz de hablar lashón hará a cambio de nada! La razón es que se convence a sí misma de que no está hablando lashón hará.

¿Cómo puede una persona comenzar la travesía de discernir entre el iétzer hatov y el iétzer hará? Una herramienta vital es el estudio de Torá. Si una persona estudia las leyes de lashón hará, por ejemplo, le resultará mucho más difícil racionalizar que lo que está diciendo está permitido. También, el estudio de musar ‘ética’ ayuda a la persona a entender cómo funciona su iétzer hará, para actuar en consecuencia. La otra herramienta esencial es jeshbón hanéfesh (autoevaluación espiritual). Esto incluye un análisis regular de las acciones y le permite a la persona mirar hacia atrás y analizar racionalmente los motivos reales de sus acciones. Es muy recomendable que una persona busque ayuda para hacer jeshbón hanéfesh bien. Con un esfuerzo consciente y a largo plazo en el estudio de Torá y el autoanálisis, una persona puede comenzar la travesía para recuperar la claridad absoluta respecto al bien y el mal.


Notas:

(1) Ver la explicación de Rambán a estos versículos.

(2) Este es uno de los términos utilizados para describir a la fuerza que intenta desviarnos del camino correcto. Es sinónimo de iétzer hará.

(3) Shabat, 89a.

(4) Esta explicación de sus intenciones está basada en el Rambán mencionado anteriormente.

(5) Néfesh Hajaim, Cap.1, Sháar 6.

(6) Traducido literalmente como ‘espíritu de locura’ o ‘estupidez’.

 

(7) Sotá, 3a.

(8) Shabat, 146a.

(9) Ver Néfesh Hajaim para entender su conexión entre el iétzer hará y la muerte.