En esta parashá, en medio de la descripción de varias mitzvot, la Torá nos ordena respecto a nuestra observancia de la Torá en un sentido general: “Realizarán mis leyes y cuidarán mis estatutos, para caminar en ellos, Yo soy Hashem” (1).

El significado de “para caminar en ellos” no es claro. ¿Qué agrega al mandamiento de observar los mandamientos? El Ktav Sofer responde explicando la elección de palabras de la Torá con el significado opuesto de ‘caminar’, que es ‘estar parado’. Esta expresión es utilizada en relación a los ángeles, como está escrito en el libro del profeta Isaías: “Los serafim (un tipo de ángel) se paran frente a él” (2). El hecho que los ángeles “se paran” hace referencia a su nivel espiritual, en el cual permanecen estáticos y no tienen conexión con la idea de ‘crecimiento’. Por lo tanto, en contraste, la Torá nos dice que estemos en un estado de ‘caminar’, es decir, que busquemos constantemente mejorar nuestro nivel espiritual y evitemos quedarnos estancados en un mismo lugar (3).

El Ktav Sofer expresa una idea similar en el primer versículo de la parashá Bejukotai: “Si caminan por mis estatutos y respetan mis mitzvot, y las hacen” (4). El Ktav Sofer escribe: “No es suficiente con cumplir las mitzvot todos los días en el nivel que se había hecho el día anterior, sino que uno debería subir constantemente de un nivel a otro, realizando la mitzvá de manera más elevada y alabable (5).

Vemos del Ktav Sofer que además de observar las mitzvot, debemos esforzarnos constantemente por avanzar en el Servicio Divino; quedarnos “parados” en el lugar no es una opción. Y más aún, pareciera que respecto a los seres humanos no existe la idea de “quedarse en el mismo nivel espiritual”, sino que uno avanza o retrocede, y son los ángeles los únicos que pueden permanecer quietos sin retroceder.

Esta idea está expresada en una explicación homilética de la prohibición de subir escalones cuando la persona se dirige al Altar para realizar el servicio Divino. En lugar de escalones se debe construir una rampa que suba al altar. ¿Por qué debe hacerse una rampa y no escalones? Al ascender una rampa pronunciada, uno debe esforzarse incluso para quedarse quieto en el lugar. Si intenta quedarse en el lugar, la pendiente lo hará retroceder. Sólo podrá permanecer en el lugar si ejerce un poco de presión hacia adelante, y sólo avanzará con un movimiento hacia adelante aún mayor. En contraste, al subir escalones uno puede quedarse quieto sin temer caer, porque la superficie donde está parado es plana. Esto nos enseña que cuando uno se acerca al servicio Divino, debe esforzarse activamente para permanecer estable, mientras que para avanzar necesita hacer un gran esfuerzo (6). La analogía moderna de este principio es intentar subir una escalera mecánica que se dirige hacia abajo.

Sin embargo, esta explicación genera una nueva pregunta: ¿Por qué cuando una persona no se esfuerza retrocede, en lugar de quedar en el lugar? La razón es que el iétzer hará (inclinación negativa) hace un esfuerzo constante para hacer descender a la persona en su nivel espiritual. Por lo tanto, si la persona no ejerce ningún esfuerzo para avanzar, inevitablemente retrocederá al no haber ninguna fuerza opuesta al iétzer hará que le permita mantenerse estable.

Uno aún podría preguntar que hay muchas personas que no parecieran estar haciendo un esfuerzo activo para crecer y, sin embargo, aparentemente permanecen en el mismo nivel; no parecieran estar deteriorándose espiritualmente. La respuesta es que el decline que ocurre tiene dos aspectos. El primero es que, en un nivel muy sutil, el iétzer hará debilita gradualmente a la persona en su servicio Divino. Este proceso es tan sutil que los observadores no lo perciben y, por lo general, ¡tampoco lo percibe la persona misma! El segundo aspecto es que cuanto más tiempo postergue la persona el trabajo en las áreas donde necesita crecer, más cae presa de ese hábito. Cuanto más tiempo permanezca una persona con sus malos hábitos, más difícil le será separarse de los mismos. Sólo logrará hacerlo mediante un gran esfuerzo.

Vimos lo importante que es el crecimiento activo para el servicio Divino, y cómo en espiritualidad quedarse quieto no es una alternativa. Esta lección es muy pertinente en esta época, en la que intentamos interiorizar las enseñanzas de la reciente festividad de Pésaj; Pésaj es el momento en el que el poder de renovación estuvo en su máximo nivel. Una persona que decidió realizar un fuerte esfuerzo para crecer en su servicio Divino recibirá una gran siata dishmaia (ayuda celestial) en Pésaj. Incluso después de Pésaj, estamos ahora en el período de Sefirat Haomer (Cuenta del omer), un período particularmente poderoso para trabajar en nuestras características de personalidad en preparación para la recepción de la Torá.

Obviamente, es importante que una persona no se proponga realizar demasiados esfuerzos para crecer. Por el contrario, es más recomendable elegir un área en que uno siente que está estancado y realizar un esfuerzo consiente para crecer en ella, ya sea la observancia de shabat, el estudio de Torá, la plegaria, el cuidado del habla, el matrimonio, la crianza de los hijos o cualquier otra área. Si realmente nos dedicamos a crecer, entonces seguramente las enseñanzas de Pésaj nos posibilitarán el éxito.


Notas:

(1) Vaikrá, 18:4.

(2) Yeshaiá, 6:2.

(3) Ktav Sofer Al HaTorá, Vaikrá, 18:4, y Talelei Orot en nombre del Ktav Sofer, Vaikrá 18:4.

(4) Vaikrá, 26:3.

(5) Ktav Sofer, Vaikrá, 26:3. Ver allí, en donde contrasta la actitud de la constante lucha espiritual con el enfoque requerido para los logros físicos. En ese aspecto, resalta el rasgo de histapkut, de ser feliz con lo que se tiene. Ver mi ensayo sobre Parashat Pekudé, Bitajón e hishtadlut, donde analizo esta dicotomía en profundidad.

(6) Oído de Rav Motty Berger, shlita, rabino en Yeshivat Aish HaTorá.