La parashá Metzorá describe el proceso de purificación para una persona afectada por tzaraat (1). Una de las etapas esenciales de este proceso es la tevilá (inmersión) en una mikve. El Sefer Hajinuj sugiere una razón para explicar la importancia de la tevilá y porqué juega un rol fundamental en el proceso de arrepentimiento que el metzorá debe atravesar; él explica que el mundo estaba lleno de agua antes de que el hombre fuera creado y que, por lo tanto, sumergirse en la mikve simboliza un retorno al comienzo de la creación. Es un gesto que demuestra la intención de dejar atrás los errores pasados para comenzar de nuevo (2).

Cuando alguien peca y luego reconoce su falta, hay una tendencia natural a sentirse culpable y abatido. Esta tendencia puede ser canalizada positivamente, motivando a la persona a evitar ese pecado en el futuro. Sin embargo, a menudo tiene un efecto indeseable que causa que la persona caiga en un espiral descendiente de fracaso espiritual.

Cuando una persona se siente mal por algo que ha hecho, puede desconcertarse y perder la fortaleza para continuar en su avodat Hashem (servicio Divino); en este aspecto, las secuelas de un pecado pueden ser mucho más nocivas que el pecado mismo. La inmersión en una mikve después de un pecado simboliza que la persona afirma no estar atada a sus errores pasados y que no dejará que estos la hagan caer aún más.

Rav Jaim Shmulevitz zt”l nota que hay muchos ejemplos en el Tanaj (Torá, Profetas y Escritos) en los que una persona pecó en un área y, como resultado, sufrió un gran declive que destruyó su nivel espiritual.

Un caso sorprendente es el de Orpá, la nuera de Naomi. Cuando Naomi estaba volviendo a la tierra de Israel, tanto Rut como Orpá estaban decididas a quedarse con ella y convertirse al judaísmo. En este punto, Orpá estaba en el mismo nivel elevado de la grandiosa Rut, y estaba igualmente deseosa que ella de dejar su tierra patria para unirse al pueblo judío.

Sin embargo, después de las súplicas de Naomí para que volvieran, ella no pudo superar la prueba y volvió a Moav. Lo lógico hubiese sido que después de este lapso, Orpá hubiera continuado en un nivel espiritual alto, casi en el mismo nivel espiritual de Rut. No obstante, el Midrash nos dice que, en la misma noche en que se separó de Naomí, Orpá se hundió en los peores niveles de depravación (3).

¿Cómo puede ser que ella haya caído tan dramáticamente en tan sólo una noche? Rav Shmulevitz explica que cuando ella vio que había fallado en la gran prueba de unirse al pueblo judío, entonces, no pudo dejar su pecado atrás y comenzar de nuevo. Se vio sumamente afectada por su incapacidad para ponerse a la altura de los desafíos y en consecuencia, perdió todo sentido de balance y cayó ante los poderes del iétzer hará (inclinación negativa) (4).

Rav Shmulevitz cita otro incidente del Tanaj en el cual un grandioso hombre falló en un desafío, pero logró advertir que estaba en peligro de caer en la trampa y de ser embaucado por el iétzer hará. El profeta Shmuel le instruyó al Rey Shaúl que destruyera a Amalek, pero Shaúl dejó vivos a algunos animales y a Agag, el rey de Amalek. Shmuel lo confrontó y le dijo que, con su pecado, había perdido el derecho al reinado. Después de no lograr exculparse, Shaúl admitió su culpa e inmediatamente le hizo un pedido muy extraño a Shmuel. “Por favor hónrame ahora frente a los sabios de mi pueblo y al pueblo de Israel…” (5). ¿Cuál era el objetivo de esta petición? Claramente no era sólo un intento de Shaúl para sentirse mejor consigo mismo. Es más, Shmuel hizo lo que le pidió, lo cual prueba la validez de dicha petición.

Rav Shmulevitz explica que Shaúl no buscaba meramente recibir honor, sino que dado que sabía que estaba en riesgo de sufrir una gran caída advirtió que necesitaba fortalecerse de inmediato para que su pecado no lo afectase negativamente. Entonces, en medio de esta gran caída espiritual, Shaúl le pidió a Shmuel que lo honrase, ayudándolo así a mantener el equilibrio y a comenzar de nuevo (6). Shmuel, a pesar de su descontento con Shaúl, consintió a su pedido porque reconoció la importancia del mismo.

También aprendemos de las acciones de Shaúl una estrategia para evitar que el fracaso tenga un efecto desastroso. Cuando una persona cae, lo normal es que se sienta mal consigo mismo y que pierda el respeto por sí mismo. Cuando una persona siente que es un fracaso puede terminar dándose por vencida y dejándose caer libremente; para evitarlo, debe conservar su dignidad después de la caída y reconocer que, a pesar de haberse equivocado, puede arrepentirse y comenzar de nuevo.

El Rey Shlomó explica esta idea en Mishlei cuando escribe: “Un hombre recto (tzadik) cae siete veces y se levanta” (7). El Malbim y Metsudat David explican que, a pesar de las caídas, un tzadik se vuelve a levantar. De hecho, gran parte de lo que convierte a la persona en tzadik es su capacidad para recuperarse de sus fracasos o errores. La tevilá del metzorá nos enseña la misma lección: a pesar de haber pecado, él no está destinado a una caída eterna; si puede dejar atrás el pecado, entonces podrá comenzar de nuevo.


Notas:

(1) Esta es una afección espiritual descrita equivocadamente como lepra; Rav Shimshon Rafael Hirsh prueba extensamente que tzaraat y lepra no son lo mismo.

(2) Sefer Hajinuj, Mitzvá 173. Parece que el simbolismo de un nuevo comienzo aplica a otros procesos que requieren tevilá. Un ejemplo es la conversión, en donde se considera que una persona nace de nuevo.

(3) Rut Rabá 2:20.

(4) Sijot Musar, Maamar 55, p. 236.

(5) Shmuel 1, 15:28-30.

(6) Ibíd. p. 237-8.

(7) Mishlei 24:16.