Después de que Paró esclavizara al pueblo judío, sus astrólogos le dijeron que un bebé estaba destinado a nacer, y que redimiría al pueblo judío de su terrible galut (exilio). Paró respondió con grandes esfuerzos para evitar que esta predicción se cumpliera, incluyendo su orden de que todo bebé varón debía ser arrojado al Nilo después de nacer.

El Stáipler, Rav Yaakov Israel Kanievsky, nota la ironía de los eventos que siguieron al decreto de Paró. Cuando Moshé nació, los egipcios querían arrojarlo al Nilo; como resultado, Iojéved lo puso en una canasta y lo dejó para que flotara río abajo, hacia un destino desconocido. Su salvación llegó, nada menos que, de manos de Batia, la hija de Paró, quien lo sacó del agua. El joven Moshé fue criado en el palacio de Paró, por Paró mismo. Todos los esfuerzos de Paró para alterar los eventos fallaron, ¡pero lo más destacable es que la salvación de Moshé vino a causa del mismísimo decreto de matar a los niños! Como resultado de ese decreto, Moshé fue puesto en el Nilo y salvado por la hija de Paró.

El Stáipler nos enseña que, de aquí, podemos aprender que si Dios desea que un cierto evento ocurra, es imposible cambiar sus planes más allá de lo que hagamos (1). Puede que una persona haga una gran hishtadlut (esfuerzo) en un cierto emprendimiento, y que la haga bien, pero el Stáipler afirma que sólo tendrá éxito porque la hashgajá (providencia) lo decreta. Si no estuviese destinada a lograrlo, entonces ningún esfuerzo cambiaría esa realidad.

Esta enseñanza fundamental tiene una gran relevancia para la crisis financiera que ha afectado seriamente al mundo en los últimos años. Muchas personas que invirtieron cantidades increíbles de tiempo y energía para ganarse la vida han quedado, de repente, en una situación financiera muy precaria. ¿Cómo debería una persona reaccionar ante este difícil desafío? La idea del Stáipler puede ayudarnos a responder la pregunta.

El Stáipler cita la Guemará que nos dice que el año de una persona es decretado en Rosh Hashaná. Consecuentemente, no hay esfuerzo posible en el mundo físico que pueda cambiar lo que la providencia decretó para una persona. Una reacción natural para quien, de repente, perdió una cantidad importante de dinero, es encontrar nuevas formas de ganar dinero. Esto es entendible, pero también es importante advertir que un esfuerzo excesivo no lo llevará a aumentar su ingreso. ¿Cómo puede saber la cantidad apropiada de esfuerzo? Rav Itzjak Bérkovits sugiere que todo lo que sea considerado un esfuerzo normal es aceptable, pero que uno debería cuidarse de no pasar ese límite. Dedicar una gran cantidad de tiempo y energía a la obtención de dinero, descuidando todo lo otro, se considera un esfuerzo innecesario y no producirá ningún fruto. Así, una enseñanza que puede aprenderse del Stáipler es que si Dios decreta un evento particular no hay forma de cambiarlo a través del mundo físico.

Un ejemplo interesante de este fenómeno es contado en nombre del Ben Ish Jai. Es la historia de un hombre que tuvo un éxito increíble en todos sus emprendimientos comerciales. Este hombre ganó tanto dinero que tuvo un gran temor al ayin hará (el mal de ojo) que se generaría por los celos de los demás. En consecuencia, se esforzó para perder todo su dinero en emprendimientos comerciales desastrosos. Para su desilusión, sus esfuerzos terminaban siendo fructíferos, todos sus emprendimientos tontos tuvieron éxito. Fue a un rabino para compartir su dilema. El rabino le dijo que debía dejar de intentar perder su dinero, porque si Dios había decretado que fuera rico, no tendría forma de cambiarlo. Vemos de aquí que tanto el éxito como el fracaso en el mundo físico están completamente más allá de nuestro control (2).

Sin embargo, hay una manera para cambiar el decreto de Rosh Hashaná. El Stáipler explica que los esfuerzos en el ámbito espiritual pueden cambiar el decreto. La Guemará nos dice que la plegaria puede cambiar un decreto. También dice que el arrepentimiento puede hacer que aparezca un decreto positivo que reduzca el daño del negativo. Por ejemplo, si se decretó que caiga poca lluvia a causa de los pecados de una persona, su arrepentimiento puede generar que caiga de manera propicia. De la misma forma, si se le decreta a una persona recibir una cierta cantidad de dinero en base a su nivel espiritual de Rosh Hashaná, su arrepentimiento posterior podría hacer que el dinero llegue de manera más provechosa y alcance para satisfacer sus necesidades.

Mientras que crecer espiritualmente puede ayudar a la situación financiera de la persona, es importante recordar que el beneficio principal del crecimiento es acercar a la persona a Dios. A menudo, una pérdida de dinero puede brindarle a la persona una oportunidad para enfocarse más en el ámbito espiritual. Por ejemplo, si el negocio de una persona sufre al punto de necesitar menos trabajo, esta puede reaccionar de dos maneras: puede trabajar más aún en un intento vano para detener la caída, o puede aceptar la disminución de su riqueza y utilizar la oportunidad para estudiar más Torá o estar más involucrado en otros objetivos espirituales, como la bondad. Un ejemplo sorprendente de este fenómeno es la historia del comienzo de la dinastía Soloveitchik, de grandiosos eruditos de Torá.

En la época de Rav Jaim de Volozhin vivió Rav Moshé Soloveitchik, un hombre rico y temeroso de Dios. Había heredado su riqueza de sus padres. Como poseía grandes bosques de árboles de madera dura, se dedicó a la industria maderera, talando sus árboles y vendiendo la madera a cambio de grandes sumas de dinero. Debido a su ajetreada agenda laboral, no era conocido como un erudito en Torá, pero era muy generoso con su gran riqueza, dando generosamente a causas de caridad. Sin embargo, llegó el día en que perdió todo su dinero, quedando sin un centavo. Todo el que lo conocía se preguntaba cómo un filántropo como él podía sufrir un destino tan terrible. Rav Jaim de Volozhin designó una corte especial para tratar esta pregunta. Examinaron sus libros de contabilidad exhaustivamente, pero no encontraron ningún error. Incapaces de señalar una causa para su colapso económico, concluyeron que debió haber transgredido la prohibición de dar más de un quinto de su fortuna a caridad (3). Le reportaron esta conclusión a Rav Jaim, quien no aceptó la conclusión. No pudo aceptar que, por esa transgresión, Rav Moshé fuera castigado con tal dureza, por lo que el tema quedó irresuelto.

Mientras tanto, ahora que Rav Moshé no tenía un negocio que atender, fue al beit midrash (la casa de estudio) y se embarcó en un vigoroso curso de estudio. Poco a poco, aparecieron talentos ocultos hasta que quedó en claro que sobresalía en el estudio de Torá. Avanzó firmemente hasta que, en poco tiempo, era una de las personas más sabias de su ciudad, alcanzando eventualmente la posición de Av Beit Din (líder de la corte judía) de Kovno. También alentó a sus hijos a seguir sus pasos, quienes aceptaron el desafío y se hicieron famosos eruditos de Torá. Ahora, Rav Jaim entendió la razón por la que Rav Moshé perdió su fortuna con tal rapidez. Por sus grandes actos de caridad, mereció una recompensa inmensa: comenzar una dinastía de eruditos de Torá. Y, como es difícil que la grandeza en Torá surja de un hogar rico, su riqueza le fue quitada, para liberarlo del envolvimiento con el mundo y permitirle estudiar Torá, preparando el camino para generaciones de eruditos sobresalientes (4).

Es muy difícil cuando una persona experimenta un decreto que le dificulta la vida, pero, sin embargo, todo desafío es una oportunidad para cambiar la dirección de nuestra vida. Una pérdida de dinero puede causar que una persona se esfuerce más en sus actividades mundanas, aunque eso sería una pena. Aprendemos de los esfuerzos fútiles de Paró para cambiar un decreto celestial, que ningún esfuerzo físico puede cambiar la providencia Divina. La única reacción fructífera es utilizar el tiempo extra obtenido por la merma del trabajo involucrándose más en espiritualidad.


Notas:

1. Birkat Péretz, Parashat Shemot.

2. Arush, BeGan HaEmuná; p. 364.

3. Ketubot, 50a.

4. Meller, The Brisker Rav, p.1-3. En generaciones subsecuentes, algunos de los rabinos más grandes emergieron de esta dinastía, incluyendo al Beit HaLevi z"l, Rav Jaim Soloveitchik zt"l, y el Brisker Rav zt"l.