“Y harás lo correcto y bueno a los ojos de Dios, para que haga bien para ti, y para que vengas y heredes la tierra buena que Dios les prometió a tus patriarcas” (1).

Los comentaristas escriben que este versículo, que aparece hacia el final de la parashá, es la fuente del principio de ‘cumplir la ley más allá del pie de la letra’ (2). Esto nos enseña la necesidad de evitar ser medakdek (exacto) en temas de ley y, en ciertas ocasiones, ser mevater (perdonar) en temas o cosas que a veces nos pertenecen por derecho.

Un ejemplo es cuando una persona encuentra un objeto perdido que, halájicamente (legalmente), tiene permitido conservar, pero conoce la identidad del dueño original. En ese caso, los rabinos nos indican que, si bien técnicamente está permitido conservar el objeto, lo correcto es retornarlo (3). Otro ejemplo es cuando una propiedad está a la venta y los compradores potenciales deben darle precedencia a quien vive al lado de esa propiedad, porque ellos se beneficiarán más comprándola (4).

Sin embargo, en realidad, hay muchas ocasiones en las que una persona debería ir más allá del pie de la letra. El Rambán escribe que la Torá no quiso especificarlas todas, sino que uno debería aprender de este versículo que debe esforzarse constantemente para tratar a las personas de manera comprensiva y siempre evitar tratarlas de acuerdo a la ley estricta (5).

La Guemará nos dice que el Templo fue destruido porque las personas eran muy medakdekim ‘exactas’ unas con otras, y se trataban de manera muy estricta (6). Esto es difícil de entender, ya que ir más allá del pie de la letra es un acto de devoción, y no hacerlo no debería merecer un castigo tan estricto. ¿Por qué fue el pueblo judío tratado con semejante dureza por ser medakdekim unos con otros?

Pareciera entonces, que no tratar a las personas con holgura y tranquilidad refleja un defecto profundo en la actitud de una persona en el servicio divino. Rav Itzjak Bérkovits explica, basado en el Rambán de este versículo, que veasita hayashar vehatov es el equivalente, en relaciones interpersonales, a kedoshim tihú. El Rambán, en la parashá Kedoshim, explica que una persona puede respetar todas las mitzvot e igualmente ser menuval bereshut HaTorá, es decir, que puede respetar la Torá y, al mismo tiempo, no interesarse en crecer en áreas que no son intrínsecamente mitzvot o pecados, como comer o dormir.

¿Por qué una persona actuaría de esta manera? Porque como cree que la Torá es cierta, debe respetarla, pero al no identificarse con la cosmovisión de la Torá, no se interesa en elevarse espiritualmente y tiene objetivos “mundanos”, como satisfacer sus deseos físicos u obtener riqueza. Por este reconocimiento de la verdad de la Torá, nunca pecará deliberadamente, pero sí mostrará desinterés en elevarse en áreas en las que, técnicamente, no está obligado a hacerlo (7).

Similarmente, en la esfera de las relaciones interpersonales, una persona puede reconocer la necesidad de seguir las leyes de la Torá, sin desear interiorizar los valores que representan. Así, siempre se apegará a la estricta letra de la ley, pero, siempre que tenga la oportunidad de obtener una ganancia financiera de una forma técnicamente permisible, no dudará en hacerlo.

La Torá le dice a esa persona que comete un serio error, instruyéndole “hacer lo que es recto y bueno”, es decir, cumplir la ley ‘más allá del pie de la letra’ tratando misericordiosamente a las personas, sin ser siempre medakdek. La Torá nos instruye que deberíamos desarrollar un amor genuino por nuestro prójimo y, en consecuencia, tratarlo como quisiéramos que nos traten a nosotros: con compasión y misericordia. Así, por ejemplo, cuando alguien pierde un objeto valioso, un judío no debería dudar devolverlo, incluso si no está obligado a hacerlo. Otro ejemplo es cuando una persona pobre debe una gran cantidad de dinero, donde el acreedor debería actuar con cierta flexibilidad y compasión.

Esto ayuda a entender por qué los judíos recibieron un castigo tan duro por haberse tratado con rigidez. No entendieron la enseñanza de hayashar vehatov, que está mal tratar al prójimo con dureza e inclemencia, ya que hacerlo no se adhiere al espíritu que propugna la Torá.

Los comentaristas encuentran otra dificultad con la Guemará que dice que el Templo fue destruido porque las personas eran estrictas unas con otras. Otras guemarot dan razones diferentes, como asesinato, idolatría, inmoralidad y odio infundado (8). Rav Itzjak de Volozhin respondió esta pregunta cuando atestiguó el siguiente incidente: alguien había calumniado a una persona y vino en la víspera de Iom Kipur a pedir perdón. La víctima se rehusó a perdonarla, señalando la ley que dice que uno no está obligado a perdonar calumnias. Rav Itzjak le preguntó sobre la contradicción de las guemarot que acabamos de mencionar y explicó que los Templos fueron destruidos por los terribles pecados enumerados en las otras guemarot. Sin embargo, señaló que los rabinos nos dijeron que, cuando las personas se tratan con compasión, Dios actúa medida por medida y perdona incluso los pecados más serios. Sin embargo, cuando Dios vio que las personas se trataban estrictamente, actuó de la misma manera y eligió no perdonar los otros pecados. De la misma forma, Rav Itzjak le dijo a quien no quería perdonar, que, si trataba al prójimo siendo tan estricto, debería esperar que Dios lo tratara de la misma forma. El hombre recibió la enseñanza y perdonó al calumniador.

Que todos ameritemos tratarnos como nos gustaría ser tratados y que Dios reaccione de manera similar.


NOTAS:

1. Vaetjanán, 6:18.

2. Ver Rashi y Rambán.

3. Baba Metzía, 30b.

4. Baba Metzía, 108a. Esto es conocido como din debar metzra.

5. Rambán, Vaetjanán, ibíd.

6. Baba Metzía, 30b.

7. Ver mi ensayo sobre Parashat Vaierá, sobre cómo Lot epitomizó esta dicotomía.  

8. No es claro a qué Beit HaMikdash se refiere la Guemará en Baba Metzía.