La parashá de esta semana termina con un recuento de la genealogía de Esav. En el medio de dicho recuento, la Torá nos informa del nacimiento de Amalek, el progenitor de la nación que luchará constantemente para destruir al pueblo judío. “Y Timna era una concubina de Elifaz, Elifaz tuvo a Amalek…1.

La Guemará en el tratado de Sanedrín nos cuenta la historia de este terrible hecho. “Timna era una princesa, pero quería convertirse. Fue donde Abraham, Itzjak y Yaakov [para convertirse], pero no la aceptaron. Luego se convirtió en concubina de Elifaz, hijo de Esav. Dijo que era mejor ser una sirvienta de esta nación que una mujer poderosa en otra nación. [Como resultado] Amalek, quien le causaría a Israel tremendos sufrimientos, nació de ella. ¿Cuál es la razón [por la que este incidente produjo a Amalek]? Porque ellos [los Patriarcas] no deberían haberla alejado2. Rashi explica que la Guemará nos informa que ellos deberían haber permitido que se convirtiera3.

Obviamente los patriarcas tenían suficientes motivos como para rechazar los intentos de conversión de Timna, por lo que consecuentemente no la dejaron unirse al pueblo judío. Si esto es así, entonces ¿por qué fueron castigados por su aparentemente correcta decisión? Rav Jaim Shmuelevitz explica que aprendemos de aquí que no importa cuán mala sea una persona, uno nunca debería rechazarla por completo4. Pareciera ser que la explicación es que mientras haya esperanza de que la persona mejore sus acciones, está prohibido distanciarla, ya que al hacerlo eliminaremos toda probabilidad de que se arrepienta. Evidentemente, Timna tenía suficiente potencial oculto como para justificar que le permitieran unirse a la nación judía.

Rav Shmuelevitz dice que aprendemos una lección similar de la relación de Abraham con Lot, su indisciplinado sobrino. Abraham se separó de Lot sólo cuando una disputa amenazó con arruinar su relación. A pesar de que la presencia de Lot causó que Abraham no tuviera profecía durante todo el tiempo que estuvieron juntos, nuestro patriarca no lo distanció sino hasta que percibió que no había forma de evitar el descenso espiritual de su sobrino.

A pesar de todos los esfuerzos y el auto sacrificio que realizó Abraham para ayudar a Lot, las fuentes rabínicas igualmente lo critican por su decisión. "Rav Yehudá dice: Dios se enojó con Abraham Avinu cuando apartó a su sobrino de él; Dios dijo: ‘¿Él (Abraham) se aferra a cualquiera, pero no a su sobrino5?’”. A pesar de que Abraham había hecho grandes esfuerzos para influenciar a Lot e incluso había estado dispuesto a perder el don de la profecía para influenciarlo, igualmente nuestros sabios lo criticaron por apartarlo6.

Hemos visto que está mal rechazar a alguien si hay alguna posibilidad de salvarlo, pero ¿cuál es la forma correcta de tratar con un asunto de tal complejidad?

En su explicación sobre por qué Itzjak quería bendecir a Esav en lugar de a Yaakov, el Or HaJáim HaKadosh explica cómo tratar con un niño caprichoso. Dice que Itzjak estaba absolutamente consciente del bajo nivel espiritual de Esav, pero a pesar de eso, igualmente quería darle la bendición. Escribe que "la razón por la que Itzjak quería bendecir al malvado Esav era porque creía que al recibir la bendición éste cambiaría para bien y mejoraría sus acciones; la gente recta siente dolor cuando sus hijos se comportan mal y él (Itzjak) estaba tratando de ayudarlo [a Esav] a mejorar. Es posible que hubiera podido funcionar7".

El Or HaJáim no explica por qué darle las bendiciones a Esav hubiera causado que él mejorara sus acciones. Quizás el darle las bendiciones lo hubiese alentado y le hubiese mostrado que su padre confiaba en su capacidad para continuar con el legado de los patriarcas. Una muestra de confianza de esa magnitud podría ser por sí misma el catalizador para que Esav cambiara sus caminos. Vemos de aquí que alentar y mostrar fe en la persona desobediente es un factor clave para ayudarlo a encontrar fe en sí mismo y para darle la fortaleza para cambiar.

Podemos ver este principio en una admirable historia que involucra a Rav Itzjak Hutner. Había un estudiante en su yeshivá que estaba luchando mucho para tener éxito en los estudios. Como resultado, tenía la autoestima muy baja y se encontraba en medio de un fuerte descenso espiritual. En una ocasión, Rav Hutner estaba dando un shiur (clase) de Guemará y este estudiante hizo una pregunta aparentemente simple. Rav Hutner respondió como si hubiera hecho una pregunta excelente y la repitió durante el shiur en varias ocasiones. Recibir semejante adulación de un gran rabino le dio un empuje tremendo a este niño. Como resultado, después de ese evento el niño volvió a tener confianza en sí mismo y mejoró en sus estudios y en su observancia en general8. Al mostrarle a este joven que era capaz de estudiar, Rav Hutner le había dado el impulso necesario para cambiar su vida.

Aprendemos del incidente con Timna que rechazar a una persona por ser una causa perdida es algo muy serio. También aprendemos de la explicación del Or HaJáim en Parashat Toldot que mostrar fe en una persona es una forma excelente para ayudarla a mejorar sus acciones. Estos principios también aplican a nuestra actitud y comportamiento con nuestros hijos, estudiantes y quienes nos rodean. La Guemará nos enseña que debemos alejar con nuestra mano izquierda y acercar con nuestra mano derecha. La mano derecha es más fuerte que la izquierda, por lo que aprendemos que siempre deberíamos darle primacía al aliento positivo por sobre la crítica. Mostrarles a otros el bien inherente que hay en ellos es la manera más efectiva de ayudarlos a mejorar.

Dios quiera que todos nosotros seamos capaces de sacar a la luz lo mejor de nosotros mismos y de quienes nos rodean.


1 Vaishlaj 36:12.

2 Sanhedrín 99b.

3 Rashi ibíd.

4 Sijos Musar, Parashat Pinjas, Maamar 85.

5 Bereshit Rabá, Cap. 41:8.

6 Ver Maamar 85 para encontrar otros ejemplos de esta idea.

7 Or HaJáim, Toldot, 27:1.

8 Esta historia la escuché de mi rabino, Rav Itzjak Berkovits, quien a su vez la escuchó directamente de parientes cercanos del estudiante.