“Un amonita o un moabita no entrará en la congregación de Dios… porque no salieron a recibirlos para darles pan y agua en el camino cuando ustedes salieron de Egipto” 1.

Los hombres de Amón y Moav manifestaron un defecto en la cualidad de la bondad al negarse a dar pan y agua al pueblo judío. Esta es una de las razones por las que nunca pueden ser parte del mismo.

El Melitz Iosher nota que esta incapacidad de ser buenos anfitriones es más difícil de entender si tenemos en cuenta que Lot es el patriarca de estos pueblos. Lot sobresalió en hajnasat orjim (recibir huéspedes), incluso arriesgó su vida para proteger a los ángeles que llegaron a Sodoma. ¿Cómo es posible que esta cualidad despareciera por completo en unas pocas generaciones y que sus descendientes mostraran semejante indiferencia?

El Melitz Iosher responde que si una persona hace actos de bondad porque en su interior reconoce la importancia de lo que está haciendo y porque genuinamente desea ayudar a los demás, entonces la bondad se arraiga en sus descendientes durante muchas generaciones. Sin embargo, si la bondad se lleva a cabo por mero hábito, no es internalizada por las generaciones futuras.

Lot sobresalió por su bondad, pero eso se debió tan sólo a que creció en la casa de Abraham, el paradigma de la bondad. Lot no llegó a reconocer la importancia de la bondad, sino que la practicó por hábito. Actos como los de Lot, que no llegan a formar parte del alma de la persona, no duran mucho tiempo2.

Si analizamos profundamente la bondad de Lot, podemos entender la importante lección que señala el Alter de Slobodka. En la historia del rescate de Lot de Sodoma, la Torá nos dice que Dios recordó a Abraham y, por eso, salvó a Lot3. El Midrash explica cuál fue el incidente que permitió que Lot fuera rescatado. Cuando Abraham y Sará fueron a Egipto, Abraham dijo que Sará era su hermana. Lot podría haber revelado a los egipcios la verdad y, probablemente, ganar una gran cantidad de dinero a cambio. El Alter pregunta: Lot se salvó de la destrucción de Sodoma por no cometer el horrendo acto de delatar a su propio tío, ¡pero sin ninguna duda su sacrificio para realizar hajnasat orjim en Sodoma debería haber sido la fuente de su mérito!

Él responde que debido a que la hajnasat orjim de Lot fue resultado de su crianza y no algo que hubiera internalizado en sí mismo, eso no reflejó un nivel elevado y, por lo tanto, no merecía una recompensa. En contraste, Lot tenía un gran deseo natural por el dinero, tan grande que estuvo sumamente tentado de, al menos, insinuarles a los egipcios que Sará era la esposa de Abraham y no su hermana. En esta área no tuvo la ayuda del hábito para actuar bien, sino que necesitó recurrir a su autocontrol. En esta ocasión consiguió hacer lo correcto gracias a su propio esfuerzo y por eso su capacidad para evitar ser informante se considera más grandiosa que su impresionante bondad en Sodoma4.

Vemos aquí un ejemplo del principio conocido como nekudat habejirá (el punto de libre albedrío), que explica Rabí Eliahu Dessler. Rabí Dessler afirma que cada persona no es juzgada exclusivamente de acuerdo con sus mitzvot y sus buenas acciones, sino de acuerdo con el grado en que se mejora a sí misma a través de su propio esfuerzo. En consecuencia, la persona es juzgada de acuerdo con su propio estándar, que tiene en cuenta su crianza, las influencias de su entorno y sus inclinaciones naturales. Esto explica por qué nunca podemos juzgar a otra persona hasta que no estamos en su lugar. Nunca podemos entender la naturaleza de las pruebas que otra persona enfrenta, porque es imposible llegar a conocer todos los factores que afectan su vida.

Es cierto que hay recompensa por cada mitzvá realizada. Sin embargo, la recompensa principal es por luchar contra el iétzer hará (inclinación al mal) y por usar nuestro libre albedrío para convertirnos en una persona mejor. Por lo tanto, quien crece en un medio que ayuda a la observancia de la Torá y al desarrollo de buenas cualidades, no recibe su recompensa principal por hacer aquello a lo cual fue educado y lo que le resulta natural5.

Al acercarnos a elul, este concepto asusta. Podemos asumir que todas las mitzvot que hacemos serán puestas en la balanza contra nuestros pecados, sin embargo la fuerza de cada mitzvá es juzgada de acuerdo con el grado de libre albedrío que estuvo en juego. En consecuencia, las mitzvot que se cumplen simplemente porque así nos enseñaron a hacerlo, pierden buena parte de su poder.

¿Cómo podemos contrarrestar la fuerza del hábito? Rabí Dessler remarca la necesidad absoluta de trabajar en áreas de crecimiento personal6. Estas incluyen el estudio de musar7, el estudio del significado de la plegaria y un análisis general de la dirección de nuestras vidas. Por supuesto, es difícil comprometerse a hacer muchas cosas al mismo tiempo, pero elul es un período apto para enfocarse en un área de Avodat Hashem en la cual el hábito se haya vuelto la norma y tratar de aumentar el significado interior de nuestras acciones en ese campo. La recompensa a ese esfuerzo es inmensa: podemos estar seguros de que nuestras acciones exteriores serán internalizadas en nuestro ser y, en consecuencia, nuestros descendientes tendrán una posibilidad mucho mayor de seguir en el camino de la Torá.


NOTAS

1 Ki Tetzé, 23:4-5.

2 Melitz Iosher, citado en Talelei Orot, Devarim, pág. 47.

3 Vaierá, 19:29.

4 El Alter de Slobodka, citado y explicado en Mijtav MeEliahu, tercer tomo págs. 131-132.

5 Mijtav MeEliahu, primer tomo, págs. 115-116.

6 Ibíd. Tercer tomo, pág. 138.

7 Musar se refiere al estudio y la contemplación de obras que alientan el crecimiento personal.