La Parashá Metzorá describe las diferentes formas de la aflicción de tzaráat (1). Después de completar la discusión sobre el tzaráat en el cuerpo, la Torá se refiere al tzaráat que puede aparecer en los hogares de las personas y describe el doloroso proceso de purificación. Este proceso incluye la remoción de todas las posesiones del hogar para evitar que se impurifiquen y cortar todas las piedras afectadas de la casa.

Las fuentes rabínicas ofrecen dos explicaciones aparentemente contradictorias sobre por qué por qué podría aparecer tzaráat en una casa. Rashi cita un Midrash que dice que en realidad era algo muy beneficioso para los dueños de los hogares que tenían tzaráat: Los emoritas, que vivieron anteriormente en Kenaán, ocultaron sus objetos de valor en las paredes de sus hogares, para que el pueblo judío no se beneficiara de ellos. Dentro del curso normal de los acontecimientos, hubiera sido imposible que los judíos encontraran esos tesoros. Entonces, Dios puso la aflicción de tzaráat en la parte del muro donde estaba el tesoro, para que las piedras que lo ocultaban fueran removidas y revelaran la fortuna (2). Esta explicación implica que tzaráat en los hogares no era un castigo por una mala acción, sino una forma de darle grandes riquezas a las personas.

Por el otro lado, la Guemará en Arajín declara que el tzaráat en los hogares era una forma de castigo por el pecado de tzaráat áin (avaricia) (3). La Guemará en Yomá da un ejemplo de tal comportamiento, sobre una persona que no quería prestarle sus posesiones a los demás y por lo tanto cuando alguien le pedía algo negaba tenerlo. Como castigo, su hogar fue afectado por tzaráat y debió sacar todas sus pertenencias afuera. Así, todo el mundo vio que en realidad sí poseía esos objetos (4). Estas guemarot indican claramente que tzaráat en las casas era consecuencia de pecados. ¿Cómo resolvemos la contradicción entre esos maamarei Jazal (dichos de los Sabios)? De acuerdo a la fuente citada por Rashi, si merecían la recompensa del tesoro, ¿por qué tenía la recompensa que ser acompañada por el sufrimiento ocasionado por tener tzaráat en el hogar? Y de acuerdo a las guemarot, si merecían ser castigados, ¿por qué se beneficiarían con los tesoros ocultos en sus muros?

Rav Moshé Feinstein responde que debe ser que la persona cuyo hogar es afectado por tzaráat, merece tanto el castigo como el beneficio resultante de la aflicción. Si nunca hubiera pecado, entonces Dios le hubiese dado el dinero que merecía de otra forma más placentera. Y si no merecía encontrar el tesoro oculto de los emoritas, entonces el tzaráat de su hogar no le permitiría encontrarlo. Así, la persona cuyo hogar era afectado por tzaráat y luego encontraba el tesoro oculto debía ver ambos aspectos de la Providencia Divina. Por un lado disfrutar la bondad de Hashem, que le dio nuevas riquezas. Pero al mismo tiempo debe intentar arrepentirse y no permitir que las buenas noticias lo distraigan (5).

Es posible agregar que la naturaleza de la recompensa también está conectada con el pecado que la persona cometió. Fue culpable de ser demasiado avaro, recurriendo a tácticas deshonestas para proteger su riqueza. Su error fue entender la adquisición de propiedad con una actitud de dérej hateva, es decir, seguir las leyes normales de la naturaleza y el sentido común que dictan que dar caridad o prestar las posesiones le causarán una disminución de su riqueza. Creyó que ser avaro protegería su riqueza, y consecuentemente es castigado con una pérdida financiera por el daño de su hogar y con la vergüenza de quedar expuesto como una persona deshonesta que evita prestar sus posesiones.

Y quizás la recompensa de encontrar el tesoro oculto también le enseñe una lección respecto a su actitud equivocada. Creyó que debía recurrir a tácticas sucias para obtener riqueza, pero la Torá le dice que Dios, con Su poder infinito, puede proveerle riqueza a alguien de muchas maneras diferentes (6). Así, este hombre encuentra dinero en el lugar más insólito: ¡dentro de los muros de su propio hogar! Tal como lo beneficia, debería enseñarle que no debe invertir demasiada energía en la adquisición de riqueza, sino que debe que Dios puede brindarle todo lo que necesita.

Aprendemos de esto dos enseñanzas muy importantes. Primero, en una aplicación general, vemos que la Providencia Divina puede funcionar de manera que Dios, en Su infinita sabiduría, puede recompensar y castigar a alguien al mismo tiempo. El sentido de castigo de la Torá no significa simplemente causar dolor sin razón alguna, sino que los “castigos” Divinos son la forma en que Dios se comunica con nosotros y nos dice que deberíamos cambiar nuestra forma de actuar en áreas específicas. Entonces, incluso cuando ocurre la buena noticia, es sabio analizar si hay en ella aspectos negativos para discernir si dentro de la recompensa hay algún mensaje adicional, como fue el caso con el tzaráat en los hogares.

Un segundo y más específico mensaje se relaciona con nuestra actitud al adquirir posesiones y dinero. El tzaráat en las casas nos enseña que demasiado esfuerzo en el ámbito material es infructífero; mucho más aún en el caso de un comportamiento deshonesto o avaro. Debemos entender que hay arvé shelujim leMakom, que Dios puede satisfacer cualquier necesidad que tengamos en las formas más creativas, ¡incluyendo descubrir un tesoro en la pared de nuestro propio hogar!


Notas:

(1) Vaikrá, 14:34.

(2) Rashi, Vaikrá, 14:34, en nombre de Torat Kohanim, 5:4.

(3) Arajín, 16a.

(4) Yomá, 11b.

(5) Darash Moshé, Parashat Metzorá, 14:34. Ver también Ayélet HaShájar, Metzorá 14:34, quien arriba a una conclusión muy similar a la de Rav Feinstein.

(6) Esto es expresado en la frase hebrea: “arbé shelujim leMakom”, que Hashem tiene muchos mensajeros que pueden cumplir Su voluntad; en este caso, proveerle dinero a una persona.