La Torá enumera en la parashá de esta semana las diferentes relaciones prohibidas y sus castigos, y hacia el final de la lista declara:

El hombre que tome a su hermana, la hija de su padre o la hija de su madre, y vea su desnudez y ella vea la desnudez de él, jésed es, y serán apartados de la vista de los miembros de su pueblo; habrá descubierto la desnudez de su hermana y cargará con su iniquidad (1)”.

Este versículo presenta un problema obvio: la descripción de una relación incestuosa como jésed. El jésed normalmente se traduce como bondad, por lo que cabe preguntarse, ¿qué bondad tiene la inmoralidad?

Para responder esta pregunta debemos redefinir nuestro entendimiento de jésed. Una definición más precisa de jésed sería “un rasgo caracterizado por límites desbordados o ausentes”. Una importante consecuencia de esto es la benevolencia, ya que el jésed causa que la persona quiera compartir con los otros de forma abundante, rompiendo sus límites de egoísmo. Sin embargo, esta es sólo una de las tantas manifestaciones de jésed, y como en todas las características de personalidad, el jésed también tiene aspectos negativos. Una manifestación negativa del jésed es que la persona puede perder el sentido apropiado de los límites. El comportamiento inmoral involucra ignorar la aseveración de la Torá de que ciertas relaciones rompen los límites adecuados. Consecuentemente, la Torá describe ciertas formas de inmoralidad como jésed.

Hay dos prominentes personajes de la Torá que representan aspectos negativos del rasgo de jésed: Ishmael y Lot. Nuestros sabios nos enseñan que Ishmael estaba profundamente involucrado en robo (2) e inmoralidad (3). La actitud de lo mío es tuyo y lo tuyo es mío lleva a creer que uno tiene el derecho de usurpar la esposa y las posesiones materiales de los demás.

Lot creció en el hogar de Abraham y por lo tanto se acostumbró a hacer jésed con los demás, algo que quedó demostrado en su gran hospitalidad en Sodoma. Sin embargo, Lot claramente desarrolló un entendimiento de jésed pervertido, por ejemplo, cuando la gente de Sodoma amenazó con abusar de sus huéspedes, él prefirió ofrecer en cambio a sus propias hijas. Él hizo jésed con sus invitados a expensas de sus propias hijas (4).

¿Por qué Ishmael y Lot aplicaron tan mal el rasgo de jésed? La respuesta es que su jésed no fue adquirido en base a las pautas de la Torá, sino que fue resultado de la genética y de la crianza.

Como vemos, incluso un rasgo que generalmente es positivo como el jésed puede tener ramificaciones indeseables si no se aplica de la manera correcta. Por ejemplo, una persona con una inclinación natural al jésed puede realizar acciones de bondad de una forma o en una cantidad equivocada.

Por ejemplo una persona puede terminar siendo extremadamente bondadosa con sus amigos y olvidar cuidar lo suficiente de su propia familia. Otro ejemplo de esto es una persona caracterizada por el rasgo de jésed que tiene problemas para ponerse límites en diferentes aspectos de la vida, como ser puntual o confiable, porque le resulta difícil poner un límite a su tiempo. Es más, si una persona no tiene bien definidos los límites puede que le resulte difícil evitar la falsedad ya que la honestidad requiere la capacidad para adherirse a los límites de la verdad.

La personificación del balance correcto de jésed es Abraham. Él claramente tenía una tendencia natural hacia el jésed, pero no permitió que sus inclinaciones naturales lo guiaran ciegamente. En cambio, cuando necesitó hacerlo, contuvo e incluso negó su jésed. En muchas ocasiones Abraham fue puesto en situaciones que lo forzaron a restringir su jésed (5), pero tuvo éxito en esas difíciles pruebas y demostró que su jésed no era controlado por su inclinación natural sino por su temor a Dios.

Otro error común que suelen cometer las personas naturalmente bondadosas es esperar que las demás personas sean tan dadivosas como ellas. Consecuentemente no dudan en exigir que otros les hagan favores importantes, ya que ellos harían lo mismo por los demás. Sin embargo, pese a que la Torá nos exige que seamos muy generosos, también nos pide que tratemos de no depender de la bondad de los demás, como dice el Rey Salomón: “quien odia los regalos vivirá (6)”

Nuestros Guedolim siempre rebasaban de jésed pero de todas formas solían rehusarse a aceptar cosas de los demás para sí mismos. Un ejemplo sorprendente es el del Brisker Rav, Rav Itzjak Zev Soloveitchik. Cuando Rav Soloveitchik era rabino de Brisk, había muchos niños de madres solteras pobres, y estas madres no podían criarlos. Nadie quería asumir la tremenda responsabilidad de cuidar a esos niños. ¿Qué hacían las pobres madres? Iban en medio de la noche y ponían a sus hijos en el umbral de la casa del Brisker Rav. Cuando llegaba la mañana y el Rav encontraba al niño llorando a su puerta, inmediatamente lo llevaba al interior de la casa y asumía la responsabilidad de encontrar a alguien que lo cuidara. Si no tenía éxito entonces él mismo se encargaba de las necesidades del pequeño (7).

Pero a pesar de que el Brisker Rav ofrecía su ayuda constantemente era muy cuidadoso de no aceptar regalos de ningún tipo incluso en las circunstancias más difíciles. Cuando llegó a Palestina en 1941 junto con Rav Eliezer Yehudá Finkel, el Rosh Ieshivá de Mir, fue detenido en la oficina de control de pasaportes. La delegación que esperaba a los rabinos se enteró que no tenían dinero suficiente para pagar el impuesto de media lira (aproximadamente 80 shekels), y a quien no pagaba no se le permitía ingresar. Uno de los líderes de la Agencia Judía ofreció pagar el impuesto para el Brisker Rav, pero este se rehusó firmemente, diciendo: “Jamás en mi vida acepté dinero de nadie”. Después de mucha deliberación, un viejo residente de Brisk tuvo una idea. Entró a la oficina y se acercó al Brisker Rav: “Los miembros de la comunidad de Brisk que han venido a Israel quieren que el Rav continúe sirviendo como nuestro Rav. Le pagaremos al Rav un salario, al igual que hicimos en Brisk. Por lo tanto, quiero darle o mejor dicho prestarle dinero al Rav para que pague el impuesto, el cual posteriormente será descontado de su salario”. “Esa es una oferta que puedo aceptar”, dijo el Brisker Rav y aceptó el dinero (8).

Puede que el Brisker Rav haya heredado el rasgo de jésed naturalmente o puede que no haya sido así, pero de todas maneras él sobresalió en la forma correcta de jésed al mismo tiempo que evitó sus aspectos negativos.

Hemos visto que jésed no sólo significa bondad, sino que representa la propensión a desbordarse y la ausencia de límites, y vimos también que esto puede ser utilizado tanto para bien como para mal. Es más, hay una gran diferencia entre una persona que tiene el rasgo de jésed gracias a la genética o al hábito y una que lo ha desarrollado dentro de la perspectiva de la Torá. Quiera Dios que todos utilicemos el rasgo de jésed sólo para bien.


Notas:

(1) Kedoshim 20:17.

(2) Rashi, Lej Lejá 16:12.

(3) Rashi, Vaierá 21:9.

(4) Ver Rambán, Vaierá 19:8.

(5) Por ejemplo, cuando Dios le dice que eche a su hijo Ishmael y, más aún, cuando le ordena matar a su hijo Itzjak.

(6) Mishlei 15:27.

(7) Lorinz, “Bemejitzatam”.

(8) Lorinz, “Bemejitzatam”.