Y serán para ustedes tzitzit, y los verán, y recordarán todos los mandamientos de Dios, y no ‘espiarán’ (lo taturu) detrás de sus corazones y de sus ojos, ya que ustedes se desvían detrás de ellos” (1).

La parashá termina con el tercer párrafo del Shemá. Ese párrafo habla sobre la mitzvá de tzitzit y continúa con otra mitzvá fundamental: no ir detrás de nuestros corazones y nuestros ojos. El Sifrí elabora sobre el significado de esas palabras. Explica que ir detrás del corazón se refiere a la herejía, mientras que ir detrás de los ojos a la inmoralidad (2). El entendimiento simple del Sifrí, respecto a ir detrás del corazón, es que esta es la fuente de la prohibición en contra de adoptar creencias opuestas a la Torá.

Rav Itzjak Berkovits señala que este entendimiento tiene una gran dificultad. Más allá de la mitzvá de lo taturu, hay muchas otras mitzvot en la Torá que prohíben tener creencias herejes: en el primero de los Diez Mandamientos, la Torá nos ordena creer que Dios es el único poder, que es todopoderoso, que creó y sustenta al universo entero y que no tiene ni comienzo ni final (3). La mitzvá siguiente nos ordena no ir detrás de ningún otro dios, lo que significa que no podemos atribuirle un poder independiente a ninguna fuerza del mundo (4). En la mitzvá del Shemá, la Torá nos ordena a creer en la unicidad de Dios (5). Las actitudes que la Torá prohíbe en estas mitzvot son las mismas creencias que representan herejía. En consecuencia, la Torá parece habernos instruido lo suficiente que evitemos las creencias herejes. ¿Qué agrega la mitzvá de lo taturu?

Rav Berkovits responde que el resto de las mitzvot nos instruye a tener ideas filosóficas básicas en un nivel intelectual. Por ejemplo, una persona debe creer intelectualmente que hay un Dios que creó el mundo. Sin embargo, una conciencia intelectual no siempre es suficiente para asegurar que se adhiera a los principios fundamentales del pensamiento judío. Puede que una persona reconozca intelectualmente estas verdades, pero que sus emociones o deseos físicos le hagan actuar en contra de ellas. En esta línea, nuestros sabios nos dicen que una persona sólo peca cuando entra en ella un rúaj shtut (espíritu de irracionalidad). Esto significa que sus acciones contradicen lo que racionalmente sabe que es verdad. La mitzvá de lo taturu nos ordena evitar esta trampa. Al decirnos que no sigamos a nuestro corazón, la Torá nos ordena no permitir que nuestras emociones nos hagan actuar en contra de lo que racionalmente sabemos que es cierto.

Esto no significa que la Torá considere que las emociones son negativas; por el contrario, la Torá da mucho lugar a su expresión. Sin embargo, cuando las emociones no son canalizadas a través del intelecto, las consecuencias pueden ser desastrosas. La Torá es la herramienta con la que debemos moldear nuestro intelecto y filtrar nuestras emociones, a través de los anteojos de la perspectiva de la Torá (6).

El incidente de los espías nos brinda algunos ejemplos del enfoque correcto y del incorrecto al seguir el corazón propio. Allí también es usada la palabra raíz ‘latur’ (espiar). Dios le instruyó a Moshé que enviara personas para espiar la tierra. Moshé les explicó a los espías qué características debían observar en la tierra. Entre estas instrucciones, les dijo que observaran el producto de la tierra, para ver si la tierra era fértil o no (7). También les instruyó fijarse si había hombres justos en la tierra, cuyo mérito protegería a los habitantes de la misma (8). Con estas instrucciones, Moshé les estaba insinuando a los espías que observaran la tierra con una cierta predisposición, una que estuviera basada en la perspectiva de la Torá. Les estaba diciendo que vieran todo con ojos espirituales, de forma tal que aquellos inmensos frutos fueran vistos bajo una luz positiva, y que la importancia de los rectos era un factor de peso.

Por desgracia, la mayoría de los espías no siguió las instrucciones de Moshé. Sí vieron frutas grandes, pero eligieron interpretarlas de manera negativa, y transmitieron el mensaje que demostró que la tierra era muy extraña, ya que producía frutos sobredimensionados (9). Fueron culpables de otra malinterpretación, cuando vieron muchos funerales en la tierra. Utilizaron esto para demostrar que la tierra destruía a sus habitantes, cuando en realidad Dios causó muchas muertes para que las personas estuvieran ocupadas con los funerales y no advirtieran a los espías (10).

¿Cuál fue la razón de esa actitud? Cayeron presa de la trampa de seguir sus emociones. No confiaban en Dios, y por lo tanto les atemorizó la idea de tener que entrar a la tierra de Israel. Por esta defectuosa actitud, vieron todo a través de una visión distorsionada (11). Los únicos espías que superaron esta prueba fueron Caleb y Yehoshúa. Consideraron todo lo que vieron de manera positiva. Tenían una gran confianza en Dios; esto los previno de permitir que cualquier miedo que tuvieran se sobrepusiera a lo que ellos sabían que era verdad.

Vimos cómo la Torá conecta las enseñanzas de los espías con la Mitzvá de lo taturu. Los diez espías que pecaron nos dan el ejemplo de cómo seguir tras el corazón lleva al pecado y finalmente a la herejía (12).

La Torá nos da otra enseñanza sobre cómo evitar la trampa de interpretar lo que vemos de manera negativa. En el mismo versículo que la Torá nos dice lo taturu, habla de la mitzvá de tzitzit. “Y serán para ustedes tzitzit, y los verán y recordarán todos los mandamientos de Dios y los cumplirán, y no ‘espiarán’ detrás de sus corazones y detrás de sus ojos, ya que ustedes se desvían detrás de ellos” (13). El versículo nos dice que los tzitzit nos recuerdan de alguna manera las mitzvot, lo que nos permite evitar seguir nuestros corazones y nuestros ojos. ¿Cuál es la conexión entre tzitzit y lo taturu? Rashi señala que los tzitzit nos recuerdan las 613 mitzvot porque la guematria (14) de tzitzit es 600; adicionalmente, hay ocho hilos y cinco nudos, totalizando entre las tres cantidades 613. Así, al mirar a los tzitzit, la persona seguirá esta secuencia de pensamiento que la llevará a relacionar los tzitzit con las 613 mitzvot.

El problema obvio en esto es que la mayoría de las personas verán los tzitzit sin hacer la conexión que la Torá parece esperar que hagan. Quizás hubiera sido más efectivo un mandamiento que obligue a escribir “613” en ellos para que, al verlos, todas las personas recuerden automáticamente las 613 mitzvot. La respuesta es que la Torá nos está enseñando que debemos esforzarnos para ser la clase de persona que ve el mundo así, es decir, que al ver una prenda mundana como el tzitzit transitemos la secuencia de pensamiento que nos recordará las 613 mitzvot. Cuando una persona alcanza ese nivel, entonces podrá observar la mitzvá de lo taturu, pues ya no ve el mundo con el sesgo de sus emociones, sino con una visión espiritual.

Vimos que un tema constante de la parashá es cómo la forma en que uno piensa tiene un rol decisivo en cómo interpretará lo que ve. No es fácil llegar a ver todo con una visión espiritual, pero el primer paso es esforzarse para hacer que el intelecto y las emociones estén alineadas con las directivas de la Torá. Cuanto más empapada esté una persona con las enseñanzas de la Torá, más podrá emular a Caleb y a Yehoshúa.


Notas:

(1)Shelaj, 15:38.

(2) Sifrí, Shelaj, 15:38.

(3) Itró, 20:2.

(4) Itró, 20:3.

(5) Vaetjanán, 6:4.

(6) Para más material sobre este tema, ver 'The Six Constant Mitzvos', Artscroll, Mesora, un libro basado en los shiurim de Rav Berkovits sobre las Seis Mitzvot Constantes.

(7) Shelaj, 13:20.

(8) Rashi, Shelaj, 13:20.

(9) Rashi, Shelaj, 13:23.

(10) Ver Birkat Peretz del Stáipler, zt"l, donde se explica por qué su interpretación fue ilógica.

(11) Esta es la explicación simple del pecado de los espías. Para explicaciones más profundas, ver Rambam, Sfat Emet y Ben Yehoyada (traídos en mi otro ensayo sobre Parashat Shelaj).

(12) Ver Rashi, Shelaj, 13:31 y 14:4, quien demuestra que los espías adoptaron perspectivas herejes y causaron que el pueblo haga lo mismo.

(13) Shelaj, 15:38.

(14) Valor numérico